Consecuencias Psiquicas de La Histerectomia No Oncologica

download

of 16

  • date post

    02-Dec-2015
  • Category

    Documents
  • view

    69
  • download

    2

Embed Size (px)

transcript

  • psiquiatra.com - imprimir

    Consecuencias psquicas de la histerectoma no oncolgica[1]

    FUENTE: INTERPSIQUIS. -1; (2009)

    M Jos Fernndez Guerrero.Facultad de Psicologa. Universidad Pontificia de Salamanca. Doctora en Psicologa. Psicloga Especialista en Psicologa Clnica. Miembro de la Sociedad Espaola de Medicina Psicosomtica y Psicologa Mdica y de la Asociacin de Psicoanlisis Freudiano Oskar Pfister.

    PALABRAS CLAVE: Histerectoma, Ciruga, Consecuencias, Psicopatologa.

    KEYWORDS: Hysterectomy, Surgery, Outcome, Psychopathology.)

    [otros artculos] [10/2/2009]

    Resumen

    En este artculo queremos esbozar la cuestin de si la extirpacin del tero por motivos benignos (en su mayora por la presencia de miomas, dolor plvico o hipermenorreas) repercute en algn sentido en el equilibrio psquico de la paciente afecta. As, plantearemos este tipo de intervencin como ejemplo paradigmtico de ansiedad quirrgica donde, junto al impacto psicobiolgico propio de toda ciruga, est presente la prdida de un rgano que suele suponer el smbolo, por antonomasia, de lo femenino. Como se indica en el ttulo, no incluimos en este trabajo las histerectomas llevadas a cabo por motivos oncolgicos ya que, en esta situacin, las ansiedades movilizadas son diferentes, ms intensas y con otras connotaciones, que convierten el hecho de perder el tero en un acontecimiento de ndole ms secundaria, que no menos importante. No se trata de un trabajo emprico sino que utiliza como material una revisin bibliogrfica y la informacin de pacientes y personas sometidas a este tipo de intervencin quirrgica. Llama la atencin el escaso nmero de publicaciones dedicadas a este tema siendo, tras las operaciones de mama (sobre todo la mastectoma), las intervenciones que ms impacto psquico producen en las mujeres por su extraordinario valor simblico, como veremos. Abstract

    In this work we want to outline the question of if the removal of the uterus for benign causes (most of them because fibroids, pelvic pain or hypermenorraea) has any impact in some sense in the patients psychic adjustment. So, we will raise this type of intervention as paradigmatic example of surgical anxiety. Close to the psychobiologic impact proper of any surgery, there is present the loss of an organ that often is the symbol of the feminine gender. As we say in the title, we do not include in this work the hysterectomies done by oncologic causes. In this situation, the arisen anxieties are different, more intense and with other connotations. This turns the loss of the uterus into an more secondary than not less importantly event. This is not an empirical work but there uses a bibliographical review and the information of patients submitted to this type of surgical intervention. It is surprising the few publications dedicated to this topic being, next to the breast operations (mastectomies top of all), the ones that more psychic impact generate in the women for its extraordinary symbolic value.

    http://www.psiquiatria.com/imprimir.ats?38986 (1 de 16) [09/03/2009 19:25:35]

  • psiquiatra.com - imprimir

    Introduccin El paradigma de lo femenino puede situarse a dos niveles. Un nivel externo se ubica en el pecho,

    objeto de deseo y foco de atencin de los hombres, lugar anatmico donde las mujeres depositan la

    mayor parte de su inters por considerarlo que es su parte ms caracterstica. No tenemos ms que

    leer las estadsticas de las cirugas de aumento o reduccin de mama, o las polmicas ofertas de

    ciertos lugares de ocio donde se sortea una intervencin reductora, o las adolescentes que piden de regalo de cumpleaos una ciruga esttica en los pechos.

    Pero hay otra parte interna, no visible pero que se presupone, que est y que convierte a una mujer

    en lo que es. El tero, como elemento interior femenino, es el receptculo del futuro beb y es lo

    que, de una manera radical, nos diferencia del gnero masculino (a pesar de las noticias en prensa

    de un varn embarazado). Si no se es madre, esa posibilidad sigue existiendo aunque sea en la fantasa. No decimos, como se proclamaba antiguamente, que el fin predominante de toda mujer sea

    la procreacin, pero es una posibilidad intrnsecamente nuestra. En este sentido, una cosa es no

    querer tener hijos y otra muy distinta es no poder por motivos orgnicos, lo cual podra,

    presumiblemente, ocasionar frustraciones y duelos que pueden repercutir en la estabilidad psquica

    de la mujer.

    Lo interno y lo externo van indisolublemente unidos, de la misma forma que lo fsico y lo psquico no

    son dos entidades separadas. De esta forma, aunque est demostrado que el mayor impacto

    psquico se produce ante la necesidad de someterse a una mastectoma (por lo que supone a efectos

    de autoimagen, adems de que, casi siempre, sta obedece a la presencia de carcinomas), la

    extirpacin del elemento interno tambin supone un fuerte golpe a la autoimagen, autoestima y

    autovaloracin de la mujer como tal. Si sta no dice abiertamente que est histerectomizada nadie

    lo sabe, no es algo externo, evidente ni deformante. Pero ella sabe, siente, vive una carencia, un

    vaco que le hace replantearse cuestiones y que hace que surjan fantasmas ms o menos basados

    en lo real, pero no por ello menos atemorizantes. Sigo siendo igual de mujer? Soy medio mujer? Seguir siendo deseable? Y mi vida sexual?, son cuestiones que ms o menos explcitamente asoman a la cabeza de una mujer histerectomizada.

    De hecho, el Informe Salud y Gnero 2006 (1) hace hincapi en cmo actos quirrgicos como la

    histerectoma o la mastectoma exigen una redefinicin de la feminidad cuando sta ha estado

    apoyada y simbolizada slo en las posibilidades reproductivas, proceso que aparece como fuente de

    vulnerabilidad.

    Otra cuestin no muy alejada de lo anterior es el tema de la menstruacin, que supone la

    manifestacin externa de la fertilidad (aunque biolgicamente hablando esta afirmacin no sea cierta

    al cien por cien). La regla es vivida de muy diversas maneras: como algo molesto, sucio, normal, sin

    trascendencia, doloroso (si existe dismenorrea), tranquilizador (cuando no se desea un embarazo)...

    Las mujeres sabemos que llegada cierta edad entramos en la premenopausia (alrededor de los 45-

    50 aos), con los primeros sntomas y signos de alteraciones del ciclo; un poco ms adelante nos

    vemos inmersas en la menopausia propiamente dicha y as, paso a paso, gradualmente, llegamos a

    la postmenopausia. Lo sabemos y durante muchos aos vamos preparndonos emocionalmente para

    ese acontecimiento que podra enmarcarse en la definicin de crisis vital, pero que es inevitable, natural y parte integrante de nuestro devenir. Antiguamente, cuando la media de supervivencia de

    una mujer era de 50 aos y los partos suponan un grave riesgo para la madre (y el beb), la

    menopausia era algo extrao que slo ocurra en mujeres ancianas, equiparndola a vejez. Hoy da,

    con el gran aumento de la esperanza de vida, el hecho de que la menstruacin desaparezca y de que

    las hormonas sexuales dejen de funcionar no supone sino un hito ms de la vida femenina,

    http://www.psiquiatria.com/imprimir.ats?38986 (2 de 16) [09/03/2009 19:25:35]

  • psiquiatra.com - imprimir

    quedando por delante muchos aos de una vida plena y absolutamente satisfactoria.

    Pero y cuando se sabe, con fecha concreta, que vamos a dejar de menstruar? y cuando, de

    pronto, en un intervalo de pocas horas, nos convertimos en mujeres postmenopusicas (lo que ocurre cuando se produce la histerectoma con anexectoma, es decir, con la extirpacin de los

    ovarios)? Muchas veces se produce algo as como ni contigo ni sin ti, es decir, qu molesto era pero cunto la echo de menos o qu rara estoy sin ella. Esto ltimo es frecuente cuando ha habido una extirpacin del tero pero se conservan los ovarios,

    en cuyo caso las hormonas siguen funcionando igual que antes de la intervencin, se producen las

    molestias tpicas de la menstruacin pero no hay sangrado. Es como si se siguiera esperando algo

    que nunca va a volver a aparecer. No ha habido una menopausia quirrgica, simplemente se ha

    eliminado la descamacin y eliminacin de las paredes del tero que apareca cada mes, fiel a su

    cita. Aun hoy, con toda la informacin que llega a nuestras manos, algunas mujeres identifican falta

    de menstruacin con menopausia, cuando lo nico que se consigue es disminuir los beneficios

    destinados a las empresas de productos de higiene ntima femenina.

    Como se expresa en el ttulo de esta exposicin, no vamos a tratar las histerectomas realizadas por

    razones oncolgicas ya que, en esta situacin, las ansiedades movilizadas son diferentes, ms

    intensas y con otras connotaciones, que convierten el hecho de perder el tero en un acontecimiento

    de ndole ms secundaria, que no menos importante. Cncer sigue sonando a sentencia de muerte:

    an sabiendo (racionalmente) que es una enfermedad cada vez ms curable, la importancia del

    diagnstico precoz y que hay muchsimos tipos y grados, se piensa (emocionalmente) que la persona

    ha sido conducida a un lugar similar al corredor de la muerte: slo le cabe esperar.

    Por ello vamos a referirnos a las intervenciones realizadas por motivos benignos, esto es,

    histerectomas debidas a la presencia de miomas uterinos (tambin llamados fibromas, leiomiomas o

    histeromiomas), dolor plvico o sangrado excesivo (hipermenorrea). El acto quirrgico y sus ansiedades Desde el punto de vista psquico, la ciruga en general comprende tres momentos (2): Periodo prequirrgico: Abarca desde el anuncio de que es necesario realizar la intervencin hasta el

    momento mismo de ser conducido al quirfano, periodo que puede ser de horas, das o meses.

    Cuanto ms cerca est la persona del momento clave, ms afloran distintos temores, siendo el

    instante de llegar al quirfano el de mayor estrs, ante la inminencia e inevitabilidad de lo que va a

    venir. Algunos de estos temores son:

    - Relativos a la anestesia: corresponde a la llamada ansiedad de la narcosis, donde se manifiesta el miedo a que la anestesia sea excesiva y los pase al otro lado, a no despertar. - Que la anestesia sea escasa y se despierten en medio de la operacin. Algunas personas

    manifiestan pnico a despertar con el tubo del respirador an instalado.

    - Antecedentes de anestesias que dejaron vivencias desagradables que temen que se repita, as

    como el que les ocurra situaciones traumticas vividas por personas cercanas.

    - Temor a la prdida de control, a quedar expuesto y a merced de los dems por la inmovilidad que

    supone el acto quirrgico.

    - Ideas sobre las prdidas o alteraciones corporales como resultado de la intervencin. Miedo a la

    lesin corprea y a la muerte.

    - Miedo a que se descubra una neoplasia en la intervencin.

    - Miedo a posibles errores del cirujano.

    - Preocupacin por el dolor postoperatorio.

    http://www.psiquiatria.com/imprimir.ats?38986 (3 de 16) [09/03/2009 19:25:35]

  • psiquiatra.com - imprimir

    - Temor a lo desconocido.

    - Miedo al alta por quedar desprotegido. Acto quirrgico: De por s ste es un hecho traumtico inevitable y paradjico, ya que para curar a

    un sujeto o mejorar su salud se le somete a una situacin cruenta, correspondiendo al concepto de

    trauma necesario. Por un lado repara y cura, por otro arremete, invade y causa dolor. Periodo postquirrgico: Pueden producirse reacciones de hostilidad, ansiedad y actitudes regresivas

    ante el dolor y las molestias postoperatorias. El despertar de la anestesia (si sta ha sido general) en

    la Unidad de Reanimacin es un momento clave que puede sealar la pauta de la recuperacin

    posterior, dependiendo si esta vuelta al mundo es angustiosa (como en casos de apnea al retirar el respirador) o no, si es paulatina, tranquila y, sobre todo, si el/la paciente se siente cuidado y

    acompaado emocionalmente por el personal que se ocupa de su recuperacin. Hemos de tener en

    cuenta la sensacin de miedo que puede surgir al despertar rodeado de mquinas, tubos, sonidos

    mecnicos... aunque tambin este mismo hecho puede producir una sensacin de tranquilidad al

    sentirse cuidado y vigilado. Es el momento en el que la persona se pregunta (o pregunta en voz alta)

    qu ha pasado o si tal o cual rgano sigue en su sitio, es decir, cuando los temores ms atenazantes

    se hacen manifiestos. Una vez transcurrido ese tiempo, normalmente ya de vuelta a la habitacin,

    situaciones depresivas por haber sido invadido y herido el cuerpo se combinan con sensaciones de

    alivio por lo que se ha reparado y por haber pasado ya el trago. No todas las personas reaccionan de la misma forma ante una misma ciruga, ya que cada paciente

    tiene una vivencia distinta, dependiendo sta de diversas variables:

    - Las caractersticas de personalidad.

    - El significado que le confiera cada paciente al acontecimiento traumtico.

    - El momento evolutivo en el que se encuentre.

    - La red de sostn sociofamiliar.

    La predictibilidad del hecho. Si es predecible o programado con antelacin se facilita un mayor

    control, una puesta en marcha de defensas psquicas y un hacerse a la idea. Si es una intervencin con carcter de urgencia, sin posibilidad de preparacin, se produce lo que ya, en 1942, la

    psicoanalista Helen Deutsch denomin neurosis de susto (3), conllevando todas las secuelas propias de un trastorno por estrs postraumtico que puede complicar el proceso de recuperacin.

    De hecho, segn sus propias palabras cuanto ms repentina sea la intervencin y menos preparado est el paciente, mayor es la posibilidad de que estas reacciones surjan en el periodo

    postoperatorio (Deutsch, 1942, p. 105. La traduccin es nuestra). - El modo cmo reciben, tanto el paciente como su familia, el anuncio de la necesidad de ciruga.

    Casi siempre es una noticia violenta ya que toda ciruga (por muy menor que sea) representa una amenaza para la integridad de la imagen corporal, adems de un riesgo para la vida misma.

    - El que el paciente tenga la posibilidad o no de decidir acerca de la intervencin. Cuando se trata de

    una ciruga obligada y vital el paciente se enfrenta a temores de invalidez y muerte si no se somete

    a ella, pero la decisin no depende de l. Cuando es l mismo el que puede decidir si se lleva a cabo

    o no, o cundo realizarla, la situacin tampoco es muy reconfortante, ya que supone tomar una

    decisin sobre la propia integridad fsica. En este supuesto incluimos aquellas intervenciones sobre

    rganos lesionados pero cuya lesin es asintomtica. Si la persona sufre malestar o sntomas que

    afectan su calidad de vida, la motivacin para realizar el acto quirrgico es alta. Si no es as, la

    decisin se torna ms dura y difcil de tomar. Se plantea la cuestin en trminos como me encuentro perfectamente y voy a meterme en un quirfano a que me rajen. - La localizacin anatmica de la zona a operar. La cara, las manos, el abdomen inferior y los

    http://www.psiquiatria.com/imprimir.ats?38986 (4 de 16) [09/03/2009 19:25:35]

  • psiquiatra.com - imprimir

    rganos genitales son zonas muy sensibles en relacin con la identidad. No olvidemos que la prdida

    de un rgano o funcin es algo que va ms all de la realidad objetiva (4). Todo lo anteriorment...