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  • Revista Espaola de Fsica 30-4 Octubre-diciembre2016 1

    Hace ya aos, un miembro de la RSEF me comenta-ba que nuestra Sociedad deba ser ms beligerante con las pseudociencias (o falsas ciencias, como dice el prefijo). Es un sentir comprensible aunque, en

    general, el silencio sea lo apropiado. Una sociedad cientfica no puede salir a la palestra para desmentir cada absurdo del que tiene noticia, sean fenmenos psi, los horscopos, el reiki (imposicin de manos) o incluso aspectos de la homeopata. Lo mejor para frenar la superchera es lograr una mejor formacin cientfica de la sociedad y no dar facilidades a su propagacin porque, sobre todo, suele perjudicar ms a los menos favorecidos. Otro asunto es el inters sociolgico de la aceptacin de las pseudociencias que, aunque dice mucho de la naturaleza humana, no nos concierne aqu.

    Tres razones deberan bastar para restarles toda credibilidad. La primera, que afirmaciones extraordinarias requieren evidencias no menos espectaculares1; la segunda, conocida por todo jurista, que la carga de la prueba corresponde a quien afirma; y la tercera, que el extraordinario xito de la ciencia en la comprensin de la naturaleza muestra, precisamente, la vacuidad de las pseudociencias. Sin embargo, pese a la falta de toda validacin emprica, stas gozan de buena salud gracias a la credulidad humana y a su componente crematstica. Por otra parte, tampoco se puede obviar la libertad personal para aceptar lo absurdo, incluso si resulta perjudicial. Ah radica, por ejemplo, la dificultad de la lucha contra las sectas y las falsas terapias; en stas, las condenas judiciales suelen producirse por intrusismo mdico, no por fraude. As pues, el problema de las pseudociencias presenta muchas facetas y no tiene solucin fcil. Superarlo requiere, para empezar, una sociedad mejor informada; la divulgacin cientfica de calidad es esencial aqu. Tambin sera deseable que se enseara a razonar crticamente y a juzgar la fiabilidad de observaciones y datos lo antes posible para evitar, por ejemplo, el anumerismo o analfabetismo matemtico. ste, rampante por doquier, no es ajeno a los medios de comunicacin y surge donde menos se espera: hasta en las universidades se baremiza y se punta a veces sobre diez con dos decimales, sin advertir que ello supone una ridcula e imposible precisin de una parte entre mil.

    Aunque la aceptacin actual de las pseudociencias es alta vanse las TV-basura dedicadas a futurolgos hubo pocas

    1 El criterio extraordinary claims require extraordinary evidence, que po-pulariz Carl Sagan en su serie Cosmos, es muy antiguo: ya en 1748, David Hume escribi: a wise man [] proportions his belief to the evidence y, en 1812, Pierre-Simon Laplace deca: plus un fait est extraordinaire, plus il a besoin dtre appuy de fortes preuves.

    peores, especialmente en los medios de comunicacin2. La profesionalidad cientfica de la prensa ha mejorado; al menos, los otrora omnipresentes horscopos han retrocedido. Por el contrario, hace tres dcadas, hasta el telediario del fin de semana vena precedido de las predicciones del horscopo, tras las que el mismo presentador pasaba a las noticias sin separar necedades de informacin, en una transicin continua cuyas obvias implicaciones TVE no pareca captar. En cualquier caso, entrar en liza con las pseudociencias sera hacer un favor a los embaucadores, encantados de polemizar con cualquier institucin cientfica. Sin embargo, no cabe discusin con quienes creen por ejemplo que el Titanic estaba astrolgicamente condenado debido a la funesta carta astral del capitn Smith (sic).

    Pero, como fsicos y por una vez, no podemos ignorar la actual irrupcin de las terapias cunticas (sic!), ltima adicin a las medicinas alternativas, a menudo mezcladas con la homeopata y otras terapias. Incluso existen universidades que imparten enseanzas en esos campos aunque, en los ltimos meses, dos pblicas espaolas han cancelado sendos msteres3 ante la presin de algunos de sus profesores, tan avergonzados como indignados. La ocasional presencia del efecto placebo en algunos remedios como los homeopticos, no valida su efectividad. De hecho, los medicamentos homeopticos llevan ese calificativo (aviso?) o se venden como complementos alimenticios, matiz que no debera pasar inadvertido. Pero incluso si los productos homeopticos son inocuos, pueden no ser inocentes si sustituyen al tratamiento mdico.

    La supuesta memoria del agua del inmunlogo francs Jacques Benveniste ilustra muy bien el problema, donde en el mejor de los casos la fe reemplaza a la razn. ste y colaboradores publicaron en 1988 un artculo en Nature defendiendo que, pese a estar muy diluidos, ciertos anticuerpos podan activar una respuesta, lo que pareca

    2 Vase Los medios de comunicacin frente a las pseudociencias, ponencia en el V Congreso Iberoamericano de Periodismo Cientfico (Valencia, 21-24 Nov. 1990), en CLAVES de Razn Prctica 26, 65-71 (1992) o en http://www.uv.es/~azcarrag/articulos.htm .

    3 Extractos del programa de uno de ellos sobre Terapias Complementarias Aplicadas a la Salud y Equilibrio Personal: Terapias energticas o cunticas; Bases de la fsica cuntica aplicadas a la biologa; Test energtico y balance de chakras; Anatoma de los centros energticos; Preparacin energtica personal del terapeuta; Aplicacin del reiki a distancia, etc. El problema est muy ex-tendido: el nmero de febrero de la revista oficial de la Sociedad Espaola de Diabetes, dirigida por mdicos, inclua un sorprendente artculo de cuatro pginas sobre los beneficios del reiki para ese trastorno metablico. Dnde estaban las autoridades acadmicas, sanitarias y los Colegios de Mdicos?

    De terapias cunticas y otras calamidadesCarta del Presidente de la RSEF

  • Carta del Presidente JosAdolfodeAzcrraga

    2 Revista Espaola de Fsica 30-4 Octubre-diciembre2016

    apoyar a la homeopata. Sin embargo, el principio activo estaba tan increblemente diluido (hasta en un pseudocosmolgico factor de 10120) que la disolucin no retena ni una molcula de la sustancia original y no poda producir efecto alguno. John Maddox, entonces Editor de Nature, requiri que Benveniste aceptara una visita de inspeccin a su laboratorio parisino. Tras ella, Nature public una respuesta demoledora (J.Maddox, J. Randi y W. W. Stewart, High-dilution experiments a delusion; obsrvense los autores) que liquid definitivamente el asunto.

    Pero las terapias cunticas que motivan estas lneas presentan un aspecto adicional: la creacin ex nihilo de algo nuevo por el simple expediente de aadir un adjetivo; eso s, misterioso y hasta intimidatorio para el gran pblico. La terapia ya no es cualquiera: es cuntica, nada menos. Como bien sabemos, la fsica cuntica posee aspectos nada intuitivos; basta recordar el gato de Erwin Schrdinger (1935) o el Dios no juega a los dados de Albert Einstein (por cierto, la violacin A. Aspect et al., 1982 de las desigualdades de John Bell, que dio la razn a Niels Bohr frente al realismo local de Einstein, ha sido reconfirmada en 2015 por tres experimentos loophole-free). Otros son controvertidos, como la relacin entre la fsica cuntica y la consciencia (recordemos al amigo de Wigner, 1961). Hay aqu un amplio espectro de opiniones, desde las favorables del platnico Roger Penrose, que involucran a la gravedad cuntica y al teorema de Gdel, a las escpticas del reduccionista-positivista Stephen Hawking. Pero, en cualquier caso, ningn aspecto de la mecnica

    cuntica justifica las pretensiones cunticas de las citadas terapias, la bioneuroemocin o la sanacin cuntica espiritual (sic).

    Por supuesto, algunos padres de la fsica cuntica, como Werner Heisenberg, Wolfgang Pauli, Pascual Jordan o Max Born, especularon ocasionalmente sobre ella fuera del dominio fsico, entrando en el terreno de la filosofa y hasta del psicoanlisis. Born, por ejemplo, mencion una curiosa relacin de indeterminacin para la libertad y la regulacin, remplazando la h de Planck por una constante poltica p. Ante una situacin radicalmente nueva, con importantsimas consecuencias para la percepcin de la naturaleza, era natural explorar posibilidades no menos novedosas4. Sin embargo, lo primordial era la observacin y el acuerdo experimental que, de no haberse producido, habra descartado la teora cuntica y por ende toda posterior especulacin sobre ella. El propio Max Planck, pese a su alma clsica, inici la revolucin cuntica en un acto de desesperacin porque era necesario encontrar una descripcin terica [para la radiacin del cuerpo negro] a cualquier precio, por alto que fuera. La solucin result revolucionaria pero forzada por los experimentos, no caprichosa; nada

    4 Tambin hubo intentos populares (e.g., The Tao of physics) en los setenta de relacionar la fsica de partculas con el mis-ticismo oriental. Quiz el Nobel Murray Gell-Mann prepar el camino inadvertidamente al introducir en 1961 el grupo octodimensional SU(3) hablando del camino de las ocho vas del budismo, aunque su intencin haba sido jocosa. l mismo calific esos intentos de bobadas.

    Pieter Brueghel el Viejo: El Triunfo de la muerte (1562)... o El triunfo de la supersti-cin y de la ignorancia.

  • Deterapiascunticasyotrascalamidades Carta del Presidente

    Revista Espaola de Fsica 30-4 Octubre-diciembre2016 3

    en esa revolucin conceptual que inici Planck a su pesar permite pater le bourgeois con pretendidas terapias cunticas. De hecho, la terminologa cientfica fuera de lugar siempre esconde un fraude: qu decir e.g., de una llamada Asociacin Espaola de Nutricin Ortomolecular (sic), cuyo presidente trat a un estudiante de mi facultad de su leucemia y que falleci sin el debido tratamiento mdico segn denunci su propio padre? Cmo se puede comerciar con el infortunio?

    Ante la enfermedad de la razn que constituyen las pseudociencias, procede recordar lo que deca el gran antroplogo Julio Caro Baroja a cuenta de la astrologa, pero con validez gen