La Gualdra 178

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La Gualdra 178

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  • SUPLEMENTO CULTURAL No. 178 - 15 DE DICIEMBRE DE 2014 - AO 4 DIR. JNEA ESTRADA LAZARN

    Susana Salinas. Fotografa de Miguel Angel Cid.

    Susana Salinas expone su ms reciente coleccin:nid. La exposicin permanecer hasta marzo de 2015 en el Museo Goitia de la ciudad de Zacatecas.

    [Foto-galera en pginas centrales]

  • 2LA GUALDRA NO. 178 / 15 DE DICIEMBRE DE 2014 / AO 4

    178

    Alucinacin (II)Rumbo a la bestiaPor Gabriel Luvano Gurrola

    Tcticas de Desaparicin Residencia artstica de Diego VitesPor La Liga A. C.,Basamento y Da Substanz

    El Templo de las musasPor Violeta Tavizn

    nidde Susana Salinas

    Diario de MateoPor Mateo Estrada Gaviria

    El mundo es ms grande que un aulaPor Eduardo Campech Miranda

    Desayuno en Tiffanys, mon kuPor Carlos Belmonte Grey

    Reflexiones literarias IIIPor Carlos Flores

    Mauricio Magdaleno, para intrusosPor Conrado J. Arranz

    El PicaportePor Simitrio Quezada

    Lgrimas, enven lgrimasPor Yamilet FajardoJorge LuisPor Pilar AlbaMis papitosPor Alberto Huerta

    3

    9

    8

    La Gualdra es una coproduccin de Ediciones Culturales y La Jornada Zacatecas. Publicacin semanal, distribuda e impresa por Informacin para la Democracia S.A. de C.V. Prohibida la reproduccin total o parcial del contenido de esta publicacin, por cualquier medio sin permiso de los editores.

    Carmen Lira SaadeDir. General

    Raymundo Crdenas VargasDir. La Jornada de Zacatecasdireccion.zac@infodem.com.mx

    Jnea Estrada LazarnDir. La Gualdra

    lagualdra@hotmail.com

    Roberto Castruita y Enrique MartnezDiseo Editorial

    Juan Carlos VillegasIlustraciones

    jvampiro71@hotmail.com

    Yo quisiera hablarle en esta ocasin de cosas bonitas, de cosas que no tengan que ver con la desagradable situacin de inseguridad por la que estamos pasando en Zacatecas, em-pezar a cerrar el ao con noticias que nos alienten pero no es posi-ble. Seguimos esperando el esclare-cimiento del asesinato de Armando Haro Mrquez. Hace exactamente una semana, el gobernador del Es-tado de Zacatecas dijo en su pgina oficial que el lunes 8 de diciembre haba exhortado a todas las instan-cias estatales a redoblar esfuerzos, a fin de lograr que #Zacatecas se con-serve como uno de los estados ms seguros del pas, lo que ha resultado en la tranquilidad de las familias y la con-fianza de los inversionistas que han llegado a nuestra entidad. La gente que lea esto sin tener antecedentes de lo que aqu ha venido sucediendo en los ltimos meses, seguramente creer que si se est trabajando para conservar a Zacatecas como uno de los estados ms seguros del pas, es porque en la actualidad tenemos seguridad y nuestras familias viven tranquilas. Falso.

    Estamos siendo presos de la para-noia. Recientemente, los ciudadanos hemos tenido que redoblar esfuerzos pero por cuidarnos a nosotros mis-mos. Salimos a la calle con la incer-tidumbre de dejar nuestras casas so-las, las cerramos con doble llave; en la calle procuramos no transitar por lugares poco iluminados o solos. He-mos tenido adems que implementar medidas de seguridad que antes no tombamos: si es que alguien toca a nuestra puerta no abrimos inme-diatamente, preguntamos primero quin es y qu se ofrece; los nios ya no juegan enfrente de las casas eso sera una irresponsabilidad-; los vecinos hemos establecido re-des de comunicacin para alertarnos ante cualquier eventualidad fuera de lo comn; y ni qu decir de viajar en carretera cuando cae la noche, eso simplemente qued en el pasado. Atrs, muy atrs qued el Zacatecas en el que podamos vivir tranquilos, en el que la gente poda caminar en las calles a todas horas, incluso por

    la noche y no pasaba nada. Ahora nos cuidamos de todo y de todos para protegernos, nos hemos vuelto desconfiados y eso es muy triste.

    Este ao est por terminar y qui-siera tener la esperanza de que el que viene ser mejor, pero no en-cuentro por dnde se tendra que empezar. El siguiente ao es electo-ral, as que seremos testigos, nueva-mente, del recorte en los presupues-tos en cultura y educacin; recortes, por cierto, que vendrn disfrazados de recursos etiquetados, esos que se prestan al sucio manejo de los mismos porque son de los que ms tajadas pueden obtenerse de los proveedores. Ojal y me equivoque, pero la historia no miente y as ha sido cada vez que hay elecciones.

    Creo que esta generacin que vive ahora con miedo e indignacin, sin embargo, podra contribuir a que la siguiente generacin cambie si no le coartamos su derecho a expre-sarse y fomentamos en lo sucesivo un sentido ms crtico y propositivo, basado en la educacin y la informa-cin de calidad, en la sensibilizacin que el arte puede brindar. La espe-ranza entonces, aun y cuando suene a lugar comn, est en los jvenes. Estos jvenes que se informan y que no tienen miedo a manifestarse cuando no estn de acuerdo con lo que pasa en su comunidad, en su pas; estos jvenes que han sido tes-tigos de la represin, de la desapa-ricin de 43 estudiantes que se ha sumado a la desaparicin de ms de 25 mil mexicanos, del asesinato de decenas de miles ms en los ltimos 10 aos. Estos jvenes a los que hay que cuidar.

    El siguiente nmero de la Gual-dra ser el ltimo de este ao y regresaremos hasta el segundo lunes del 2015; ya estamos haciendo el balance de los acontecimientos ms destacados de este ao para presen-trselos; por lo pronto, disfrute su lectura.

    #TodosSomosArmando#JusticiaParaArmando

    Jnea Estrada Lazarnlagualdra@hotmail.com

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    uald

    ra No

    .

  • la vida de tajo. S, ya lo saba. El terror estaba graduado. Primero los castillos, las aldeas de-rruidas que al menos me decan que haban existido seres como yo, hogares, civilizaciones que incendiaron la noche con teas, los das sacros de un calendario religioso, que bailaron en fiestas amanecidas de infantil vicio, que vieron levantarse el fracaso y la esperanza de la muerte en una ola hecha de agua pero tambin de tiempo, levantndose desde un ho-rizonte cuya raya luminosa se abra como una caverna de la cual salieron buitres, cucarachas voladoras y gigantes, acometidas de cachalotes y narvales y un milln de rayos espinosos...

    En esas civilizaciones ya destruidas habrn trabajado la tierra hombres oscuros y livianos, sacado a rastras el maz, los rboles, el sudor bendito del centro de la isla, como un desden-tado mascara un pedazo de caa con el l-timo, poderoso, luchador diente que le queda. Habran existido las madres medio paralticas junto a fogones, recalentando sobras, friendo el aire y lo que se dejara del ambiente, con sus ojos de papisas neutras, sorbindose el seso, clavadas a una mosca en pleno vuelo, buscando la forma de vencer la sequa o salvar el despil-farrado patrimonio del marido. Existiran tam-bin los nios chapoteando, cazando medusas en el mar, y animales domsticos escarbando con la lengua las callosidades de los ancianos. El relente de calor moribundo, amparado por la luz de una cabaita en donde se juntan, api-ados, los miembros de una familia que mezcla su carne para aguantar las corrientes. Habra,

    habra... Un hogar...Pero cuando aparecieron los castillos mi

    optimismo hubo rodado sobre s hasta su-mergirse en el agua cristalina, a travs de la cual admiraba el juego de nereidas lesbianas y lujuriosas, la tranquilidad de estrellas marinas de centenares de metros que levantaban sus puntas como saludndome, los restos de nu-fragos repletos de osamentas por los que surca-ban largusimos gusanos amarillos, y un sinfn de criaturas incapaces de recibir un nombre, pero s hartos adjetivos. Cuando aparecieron los castillos me di cuenta que tambin en este mundo el deseo de poder se haba metido en los corazones. Construir un castillo es querer defenderse, diferenciarse, envanecerse frente a quines? Pues a los que no lo tienen... Aldea-nos, mendigos, sabios. Si hay castillos hay rei-nos, y por ende, reyes, regicidios, guerras, vo-luntad de destruccin, sumisiones e intrigas...

    Sin embargo, Seor, queridos ngeles, que-ridos amigos, amada Alejandra, ni los castillos destapados a fuerza de caones invisibles y lejanos, o las estatuas pavorosas, desportilladas, medio hundidas y porfiando en tocar el cielo, me causaron la repulsin de aquella bazofia que vi... Ojal mis ojos se hundieron en las crneas y apretaran, quebrando, rezumando los poros diminutos de mi crneo y llegaran al cerebro, aplastndolo, perfumndolo de una savia que antes fue visin horrorizada, y lo enloquecieran. Dios mo, destrzame, expl-tame, destzame, envenname! Ojal muriera! Ya no quiero vivir!...

    15 de DICIEMBRE DE 2014 3

    Por Dios, eran hermosos...No parecan pertenecer a un gnero mas-

    culino o femenino. Ms bien eran andrginos. Uno de ellos rubio, de color blanco y el otro completamente negro, de la punta del cabello a la punta del pie. Su piel era lechosa y emanaba un perfume casi acuoso que porfi muchas veces en probar, sin xito. Siempre que me inclinaba sobre un hombro o una tetilla para la-mer, las manos delicadas me opriman, severas, conminndome a que regresara a mi posicin equilibrada y a que guardara la lengua, deseosa, alocada. Tenan cuerpos juveniles, un tanto musculosos sin perder nunca su porte dulce e inocente de muchachos que se van a baar a los ros, palmendose los traseros y pellizcando la perfeccin del pecho y las caderas que dan la impresin de haber sido esculpidos, ajenos a cualquier pena. No obstante, lo verdadera y perturbadoramente impresionante eran los rostros. Los ojos, por lo refulgentes, dos tizones encendidos, de fuego verde. La boca, de labios delgaditos y comisuras eternamente a punto de esgrimir una sonrisa. Los dientes blancos. Las mejillas encarnadas. La nariz chiquita. La pureza intocada, violenta como un can apuntando, con la mirada fiera, sin despagarla de la estpida, ma, desorbitada cuando fui sujeto, ahora s, para ser elevado gracias al par de alas que cada uno tena, del color de su piel, sin