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◗ CRÉDITOECONOMÍA • MARTES 17 DE FEBRERO DE 200922

Durante la peregrinación anual delmes pasado a Davos, los políticoscaminaron unidos por un consenso:el mayor peligro que enfrenta laeconomía mundial es el proteccio-nismo. Muchos de los sermones dela montaña se enfocaron en el ries-go del mercantilismo financiero, unreflujo de capitales desde mercadosextranjeros a los mercados domésti-cos. Gordon Brown, primer minis-tro británico, lanzó una prédicacontra “un retorno al créditodoméstico y mercados domésticosfinancieros”. Pero en el mundo reallas barreras al libre flujo de capita-les prosperan con rapidez. ¿Seráque los políticos son hipócritas, oestán equivocados o temerosos? Unpoco de las tres cosas.

No hay duda de que existe unadisminución del crédito transfronte-rizo. En Gran Bretaña, la informa-ción del Banco de Inglaterra mues-tra que en el cuarto trimestre de2008 los bancos locales redujeronde manera drástica sus créditos aclientes extranjeros. Los acredita-dos británicos padecen la retiradade prestamistas extranjeros: islan-deses, irlandeses y otros, quienesrepresentaron una parte importantedel crédito durante el pico de la bur-buja. El gobierno australiano creóun fondo de 2 mil 600 millones dedólares (mdd) para ayudar a los in-versionistas en propiedades comer-ciales que no pueden renovar sudeuda extranjera. En muchos mer-cados, los deudores corporativosestán a punto de poner a prueba asus acreedores bancarios extranje-ros, ya que se disponen a refinan-ciar sus créditos sindicados.

Las cosas son peores en los mer-cados emergentes. Las proyeccio-nes del Instituto de Finanzas Inter-nacionales (IFI) muestran que esteaño los flujos netos de capital pri-vado se reducirán a 165 mil mddpor debajo de su pico de 929 milmdd en 2007. La mayor parte deeste retroceso sucederá en los mer-cados de capitales, pero en la bancaes aún más veloz. Este año el IFIpronostica un flujo de salida netode fondos bancarios desde países envías de desarrollo, conforme losdeudores amortizan financiamien-tos superiores a los que obtienen(VER GRÁFICA 1).

Europa central y occidentalestán bajo mayor tensión, pues en

años recientes se indigestaron conel crédito internacional. En relacióncon el PIB, los activos de bancosextranjeros en la región excedencon mucho a los de los mercadosasiáticos emergentes durante la cri-sis que devastó Asia a finales de losaños 1990 (GRÁFICA 2). En paísescomo Rusia y Ucrania, los bancoslocales que dependían de los em-préstitos extranjeros para financiarsu expansión fueron los primerosen padecer cuando el crédito sesecó.

Los bancos con matrices en elextranjero también pasan estreche-ces. “La idea de que las propieda-des en el extranjero ayudarían acontener las pérdidas funcionóhasta el cuarto trimestre de 2008”,dice Simon Nellis, de Citigroup. Almenos un banco foráneo en la re-gión ha sido exhortado a formalizarsu compromiso de proporcionarliquidez en caso de que su unidadlocal tenga problemas. El mes pasa-do, bancos occidentales y organis-mos multilaterales como el BancoEuropeo de Reconstrucción y elDesarrollo (BERD) lanzaron inicia-tivas independientes para garantizardinero adicional a Europa.

La incógnita es cuánto de estaretractación del financiamiento dela banca extranjera se debe a pre-siones políticas para concentrar elcrédito en clientes domésticos. “Elfuncionamiento natural del sistematiene igual efecto que el nacionalis-mo financiero”, dice David Mayes,de la Universidad de Auckland.

Después de todo, los balancesbancarios disminuyen en todas par-tes. Los bancos tienen buenos moti-vos para concentrarse en sus merca-dos nacionales. Uno es la escasez

de capital. Entre las pocas formasen que los bancos todavía puedenrecabar dinero sin perjudicar susperspectivas a largo plazo está laventa en el extranjero de activos nofundamentales: el Banco Real deEscocia, UBS y el Bank of Ameri-ca han decidido vender participa-ciones accionarias a bancos chinos.(Las cosas son diferentes para ban-cos occidentales con franquiciasbien desarrolladas en mercadosemergentes. Sus directivos insistenen permanecer comprometidos consus filiales, incluso si el crecimien-to es menor conforme se hacen másselectivos.)

El demonio conocidoOtra razón para quedarse en casa esel creciente riesgo crediticio, másfácil de manejar en mercados na-cionales, donde los prestamistaspueden aventajar de su mejor en-tendimiento e información. SegúnJulian van Kan, de BNP Paribas,los acuerdos de Basilea 2 sobre ca-pital bancario fomentan también lareducción al elevar los gastos decapital sobre los activos de los mer-cados emergentes. Ciertos créditosen Europa central y occidental hansido particularmente delicados. Se-gún el Banco de Pagos Internacio-nales, el crédito en divisas ex-tranjeras, la mayor parte paravivienda, a largo plazo y sin cober-tura, representa entre 40% y 55%del total en países como Hungría yRumania.

Así, los políticos ya no puedendetener el agotamiento del créditotransfronterizo. Hay pocas señalesde que quieran hacerlo. Muchosemplean lo que un banquero llama“la presión moral” de reiterados

exhortos para prestar más en casa.El mes pasado George Provopou-los, gobernador del banco centralde Grecia, pidió a los bancos grie-gos que no enviaran fondos del res-cate financiero al exterior. Los ban-cos que no han tomado dinero delos contribuyentes pueden oponersea esto con mayor facilidad queotros; por ejemplo, a Barclays se leha permitido integrar su adquisi-ción de la parte estadunidense deLehman Brothers. Pero, en esteclima, los riesgos de la expansión alextranjero van a gravitar en todaslas salas de consejo.

El apoyo estatal se condicionacada vez más, de manera explícita,a colocar créditos en el país de ori-gen. El gobierno de Obama haseñalado que exigirá que los bancosestadunidenses beneficiarios de supróximo paquete de rescate otor-guen más préstamos. Los bancosfranceses que aprovechan la ayudade gobierno han prometido aumen-tar sus créditos en 3-4% anual. Elbanco holandés ING, que anuncióotra ronda de ayuda gubernamentalel 26 de enero, prometió a su vez 25mil millones de euros (32 mil mdd)para empresas y consumidoresholandeses. “Hay que esperar unelemento nacionalista cuando acto-res privados han sido sustituidospor estatales”, dice John Hele,director de finanzas de ING.

Un olor desagradableEs un nacionalismo económico, pe-ro engañoso. Los gobiernos occi-dentales no intentan excluir a labanca extranjera de sus mercados:de hecho, el crédito extranjero seríabienvenido. Pero el objetivo es con-ducir a la banca a apoyar negociosy empleos en el país, no en elextranjero. Y esto tiene un tufo evi-dente a proteccionismo.

Las autoridades de competenciano están seguras sobre qué debenhacer. La razón por la cual los es-quemas de nueva capitalizaciónbancaria de Europa han sido apro-bados por la Comisión Europea esque los bancos tienen un importan-te papel en la economía: el aumen-to del financiamiento justifica laintervención. Usar dinero de loscontribuyentes para aumentar elcrédito al extranjero no sería vistocon buenos ojos. Por ejemplo, algu-nos rivales ya se quejan de que INGobtiene depósitos en sus mercadosal amparo del Estado.

Tanto el mercado como los polí-ticos podrían estar atrás del fenó-meno del nacionalismo financiero acorto plazo. No sucede lo mismocon la amenaza para los flujos decapitales transfronterizos a largoplazo, es decir, los cambios que losreguladores hacen al panoramapara los bancos trasnacionales,sobre todo en Europa.

Sí habrá cambios, gracias engran parte al fracaso de los bancosde Islandia el año pasado. Su im-plosión, después de años de rápidaexpansión en el extranjero, dejó ladesagradable lección de que losbancos pueden ser globales en vida,pero son nacionales a la hora demorir. Los depositantes de otros

países, que eran titulares de los fon-dos islandeses de seguros de depó-sito, hallaron que el fondo de Rei-kiavik era demasiado pequeño paraindemnizarlos cuando los bancosquebraron. Sus propios gobiernostuvieron que intervenir. “Es difícilexagerar el daño que Islandia causóa la confianza en los reguladores”,dice Roberto Penn, de Allen &Overy, un despacho de abogados.“Concretó problemas que sólohabían existido en teoría.”

Una respuesta sería conjuntar alos reguladores de matrices extran-jeras y sus filiales locales, inclusocrear un supervisor único de bancostransfronterizos. Un análisis de losconvenios europeos, encabezadopor Jacques de Larosière, ex direc-tor administrativo del FMI, entre-gará sus recomendaciones inicialesa finales de este mes. El problemade regular enormes bancos globalesestá también en la agenda de lospaíses del G-20. Sin embargo,muchos observadores dudan quesurjan propuestas radicales, debidoal tema de la soberanía. Hastaahora, las evidencias sugieren quelos reguladores se enfocan en con-solidar su territorio, no en compar-tirlo con otros.

En Suiza, los reguladores hanintroducido un régimen de capitalpara UBS y Credit Suisse, los dosbancos más grandes del país, el cualrestringe su apalancamiento total ymide su activo ponderado de ries-go. No hay nada malo en ello, peroel índice de apalancamiento exclu-ye del cálculo del capital los présta-mos domésticos que otorga labanca. Reducir el volumen de acti-vos extranjeros que poseen los ban-cos suizos es razonable, pero privi-legia de manera alarmante elcrédito doméstico.

La Autoridad de ServiciosFinancieros (FSA), el reguladorfinanciero británico, también haemitido propuestas sobre el manejode liquidez por los bancos (inclusosucursales de instituciones extran-jeras) en su dominio. Las propues-tas están diseñadas para fortalecerla autosuficiencia de los bancos siel desastre golpea a una matriz. LaFSA dice que podría concederexcepciones a estas reglas, sólo si elsupervisor principal de un bancotoma medidas similares. Es proba-ble que otros sigan este ejemplo.

Cierto, se necesitan nuevas re-glas sobre liquidez –el Comité deSupervisión Bancaria de Basileatrabaja sobre un esquema–, peroéstas amenazan con revertir dostendencias importantes de la bancaeuropea durante las dos décadas

¿EL FIN DEL FINANCIAMIENTO GLOBAL?◗ Está en marcha una

gran restricción,

producto tanto de

fuerzas del mercado

como de presiones

políticas para que los

bancos presten en su

país y no en el

extranjero. En otras

industrias, la

globalización parece

más difícil de extirpar

Ante el edificio que alberga el departamento del defraudador Bernard Madoff,en Nueva York, manifestantes le sugerían a mediados de enero pasado: “Ber-nie, no es demasiado tarde para hacer lo correcto: ¡salta!” ■ Foto Reuters LOS BANCOS QUE OPERAN

MÁS ALLÁ DE LAS

FRONTERAS SE PREPARAN

YA PARA UN FUTURO MÁS

DIFÍCIL

JOR22-16022009 16/2/09 22:54 Página 1

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◗ CRÉDITOMARTES 17 DE FEBRERO DE 2009 • ECONOMÍA 23

Traducción de textos: Jorge AnayaEN ASOCIACION CON INFOESTRATEGICA

Para manejar una crisis tan comple-ja como ésta se ha requerido decierto pragmatismo, dejando de la-do la estridencia. ¿Los gobiernosdeben ofrecer garantías o crear ban-cos malos para apuntalar los merca-dos crediticios? Quizás ambas co-sas. ¿Cuál paquete de estímulosfiscales sería más eficaz? Varía deun país a otro. ¿Debe nacionalizar-se la banca? Sí, en algunas circuns-tancias. Sólo los necios y los mili-tantes han rechazado (o adoptado)algunas soluciones en forma cate-górica.

Pero el resurgimiento de un fan-tasma que viene del periodo másoscuro de la historia moderna exigeuna respuesta diferente. El naciona-lismo económico –el impulso demantener empleos y capital encasa– convierte la crisis económicaen una crisis política y amenaza almundo con una depresión. Si no sele sepulta de nuevo y de manerainmediata, las consecuencias seránespantosas.

El puño del nacionalismo esmás apretado en la banca. En Fran-cia y Gran Bretaña, los políticosexigen que se preste efectivo dentrodel país. Puesto que los bancosreducen los préstamos en general,eso significa repatriar el efectivo.Los reguladores piensan en el ám-bito interno. Suiza favorece ahoralos préstamos domésticos.

Los gobiernos protegen bienes ycapitales, en gran parte, para prote-ger empleos. En todo el mundo, conpánico creciente, los trabajadoresexigen la ayuda del Estado. Huel-guistas británicos devuelven lasdesafortunadas palabras de GordonBrown para exigirle “empleos bri-tánicos para trabajadores británi-cos”. En Francia, más de un millónde personas hicieron un paro nacio-nal el 29 de enero y marcharon paraexigir empleos y salarios. En Gre-

cia, la policía utilizó gas lacrimóge-no para controlar a agricultores quepiden más subsidios.

Tres argumentos se esgrimen endefensa del nacionalismo económi-co: que se justifica comercialmente;que se justifica políticamente; y queno durará mucho. En relación conel primero, a algunos bancos daña-dos les podría parecer más seguroemprender la retirada a sus merca-dos nacionales, donde entienden los

riesgos y se benefician de la escala;pero es una tendencia que los go-biernos deben neutralizar, nofomentar. Respecto del segundo, esrazonable que los políticos deseengastar el dinero de los contribuyen-tes en el país, mientras el costo nosea tan alto que se vuelva inacepta-ble. Sin embargo, los costos po-drían ser enormes.

El tercer argumento –que elproteccionismo no durará mucho–

es complaciente al grado de serpeligroso. En efecto, las personassensatas se burlan de Reed Smooty Willis Hawley, los legisladoresque en 1930 exacerbaron la depre-sión al elevar los aranceles estadu-nidenses. Pero las personas razo-nables se opusieron entonces y nopudieron detenerlos: mil 28 econo-mistas votaron contra su proyectode ley. Sin duda las cadenas desuministro globales son ahora máscomplejas y más difíciles de aislarque en aquel tiempo. Pero, cuandoel nacionalismo se pone en mar-cha, aun la lógica comercial acabapisoteada.

Los vínculos que unen a las eco-nomías de los diversos países estánbajo tensión. El comercio mundialtal vez se reduzca este año por pri-mera vez desde 1982. Es probableque los flujos netos de capital delsector privado bajen a 65 mil mdd,de un máximo de 929 mil mdd en2007. Aun cuando no hubiera polí-ticas que la socavaran, la globaliza-ción sufre su mayor revés en la eramoderna.

Los políticos saben que, comocada vez hay menos apoyo para losmercados abiertos, se debe ver quehacen algo, y las políticas diseña-das para corregir algo en casa pue-den destruir en forma inadvertidael sistema global. El año pasado,una tentativa de apoyar a los ban-cos de Irlanda agotó los depósitosbritánicos. Los planes estaduni-denses de supervisar el créditobancario doméstico mes a mespropiciarán préstamos locales másque en el extranjero. Conforme lospaíses tratan de salvarse, se ponenen peligro uno a otro.

La gran pregunta es qué hará Es-tados Unidos. En algunos momen-tos de esta crisis ha señalado el ca-mino, al suministrar dólares a paísesque los necesitaban y al garantizar

contratos de los bancos europeoscuando rescataba a una gran asegu-radora. Pero proposiciones como“compre lo estadunidense” (BuyAmerican) son alarmantementenacionalistas. Y ni siquiera im-pulsarían el empleo estadunidense acorto plazo, porque –igual que la leySmoot-Hawley– la inevitable repre-salia destruiría más empleos en lasempresas exportadoras. Y las conse-cuencias políticas serían muchísimopeores que las económicas. Enviarí-an una señal desastrosa al resto delmundo: el defensor de los mercadosabiertos se lanza por su cuenta.

Tiempo de actuarBarack Obama dice que no le agra-da el Buy American (y las cláusulasse suavizaron en la versión delSenado del plan de estímulo). Estábien; pero no es suficiente. Obamadebe defender tres principios.

El primer principio es coordina-ción; en especial en los paquetes derescate, como el que auxilió a losbancos del mundo rico el año pasa-do. Los planes de estímulos de lospaíses deben construirse alrededorde principios comunes, aunque di-fieran en los detalles. Coordinaciónes economía saludable, y buenapolítica: los proyectos conjuntosson económicamente más potentesque los nacionales.

El segundo principio es pacien-cia. El plan de estímulos de cadanación debe considerar mercadosabiertos, aun cuando algunos ex-tranjeros se beneficien. Los regula-dores financieros deben dejar lanueva regulación de la banca trans-fronteriza para más tarde, y ahoratrazar reglas con consecuencias alargo plazo, en vez de arruinar a susvecinos apoderándose del escasocapital y fijando metas de créditodoméstico.

El tercer principio es el multila-teralismo. El FMI y los bancos dedesarrollo deben ayudar a enfrentarlos déficit de capital de los merca-dos emergentes. La OrganizaciónMundial de Comercio puede ayu-dar a apuntalar el sistema de comer-cio si sus miembros se comprome-ten a completar la ronda de Doha ycumplen su promesa, emitida en lareunión del G-20 del año pasado,de dejar a un lado el arsenal de san-ciones comerciales.

Cuando parece más probableque nunca que haya conflictos eco-nómicos, ¿qué puede persuadir alos países de abandonar sus armascomerciales? El liderazgo estaduni-dense es la única posibilidad. El sis-tema económico internacionaldepende de un garante, preparadopara respaldarlo durante la crisis.En el siglo XIX Gran Bretaña tomóese papel. Nadie lo hizo entregue-rras, y las consecuencias fuerondesastrosas. En parte debido a eseerror, EU promovió con valentía unnuevo orden económico después dela Segunda Guerra Mundial.

Una vez más, la labor de salvarla economía mundial recae en EU.Obama tiene que demostrar queestá preparado para eso. Si lo está,debe destruir cualquier cláusula de“compre lo estadunidense”. Si no loestá, EU y el resto del mundo estánen graves problemas.

FUENTE: EIU

OBAMA TIENE LA PALABRA

Barack Obama, durante un discurso en la Casa Blanca, el viernes pasado ■Foto Reuters

pasadas. La primera es el manejocentralizado de la liquidez, lo quepermite que la banca transfronte-riza movilice su dinero en territo-rios diferentes según la demanda.Las reglas de la FSA podrían pre-figurar un mundo donde enormesfondos de liquidez y capital per-manecerían atrapados dentro desus fronteras como un segurocontra lo peor. Esto no sólo esineficaz, sino que podría exacer-bar los problemas si se retienedinero en un lugar cuando serequiere con urgencia en otro.

La segunda tendencia es lacada vez mayor responsabilidadconfiada por los supervisores desucursales (reguladores “anfi-triones”) a los supervisores de unbanco matriz (reguladores “deorigen”) para acreditar que unainstitución está correctamentecapitalizada y opera debidamen-te. Al fortalecer el régimen deliquidez los supervisores anfi-triones ejercen mayor control;sin embargo, esto mina los idea-les del mercado único.

Los bancos que operan másallá de las fronteras se preparanya para un futuro más difícil.Hele dice que ING estudia cada

aspecto de sus operacionespara encarar un escenario frag-mentado donde es más difícilmovilizar dinero y cuesta máscumplir con la regulación. Unaopción es usar los activos ex-cedentes para aumentar laliquidez, documentando lospréstamos en un país y trasla-darlos a otro para garantizarciertas responsabilidades.

La amenaza del mercantilis-mo financiero podría parecerexagerada. Los flujos internacio-nales de capital no están a puntode desaparecer: los mercados debonos corporativos, por ejemplo,tuvieron un enero dinámico. Ylos riesgos de globalizaciónfinanciera podrían desestimarsecon demasiada facilidad. Es evi-dente que existen razones para

que los reguladores locales sepreocupen si se han visto muyexpuestos a la banca extranjera(como en Europa central y occi-dental). Pero el riesgo de que elreciente reflujo de activos banca-rios genere un sistema bancariotransfronterizo menos eficiente ymenos flexible es real y crececada día.

FUENTE: EIU

JOR23-16022009 16/2/09 22:53 Página 1