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KOINÉ Y ATICISMO EN LA LENGUA DE LIBANIO Para entender a Libanio y, por tanto, su estilo, es menester tener bien clara la idea de lo mucho que para él significa la cultura griega, la herencia cultural de la Hélade. En efecto, nuestro hombre se pasó la vida defen- diendo con encomiable denuedo la causa de las letras griegas de la edad de oro y lamentando el desconsolador espectáculo del naufragio del helenismo: Lib. Ep. 1340, 1 F 'Hv 6rs Eyiyvovro hóyoi ~puooi.ra vúv 6E oi5qpoi návreq xai 4 pixpov fi oU6Ev #k~poqE.tEpou 6ta(~Ép0v. CTE 8E @(PO pEv XLOZEUO mtsiv, uUtóv ts fi6soOai pou r o i ~ ypuppuoi xai toic Ghhoiq dq xahu 6six- vij~iv. rtoteiv 6E qyoúpai xai toúro x6x~ivo r@ qnhsiv Ét,qxutqpÉvov. Or. XXX 23 F xai vsvauyqxóoiv oi múra rta&ívrsq Éoixaoiv civ0pómic Exxe ooúoi rhv v ~ h v E$ dv Erthsov. Ciertamente, Libanio está tan impregnado de la gran cultura griega, que festeja la conversión de Juliano al paganismo valiéndose de palabras plató- nicas, precisamente aquellas que el divino filósofo había puesto en boca de Sócrates, en el Fedro ', cuando deseaba purificarse el oído con agua pota- ble para eliminar las impurezas y la molesta salinidad del agua de mar con que se lo había manchado el discurso contrario al amor. En aquella memorable ocasión el protagonista de los diálogos platónicos se había expresado de este modo 2: Ertthpó rtoripp Aóyq oSov dhpupuv 6 x 0 ~ ) ~ choxhijaa0ut. 1 P1. Phdr.243D. Citamos las obras de Libanio por la edición de Foerster: Libanius, Opera, ed. R. Foerster 1-XII, Leipzig 1903-27. Las abreviaturas de los autores y obras citadas son las del Liddell- Scott. 2 PI. PMr.243D. Digitalizado por InterClassica http://interclassica.um.es

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KOINÉ Y ATICISMO EN LA LENGUA DE LIBANIO

Para entender a Libanio y, por tanto, su estilo, es menester tener bien clara la idea de lo mucho que para él significa la cultura griega, la herencia cultural de la Hélade. En efecto, nuestro hombre se pasó la vida defen- diendo con encomiable denuedo la causa de las letras griegas de la edad de oro y lamentando el desconsolador espectáculo del naufragio del helenismo: Lib. Ep. 1340, 1 F 'Hv 6rs Eyiyvovro hóyoi ~puooi.ra vúv 6E oi5qpoi návreq xai 4 pixpov fi oU6Ev #k~poq E.tEpou 6ta(~Ép0v. CTE 8E @(PO pEv XLOZEUO mtsiv, uUtóv ts fi6soOai pou r o i ~ ypuppuoi xai toic Ghhoiq dq xahu 6six- vij~iv. rtoteiv 6E qyoúpai xai toúro x6x~ivo r@ qnhsiv Ét,qxutqpÉvov. Or. XXX 23 F xai vsvauyqxóoiv oi múra rta&ívrsq Éoixaoiv civ0pómic Exxe ooúoi rhv v ~ h v E$ d v Erthsov.

Ciertamente, Libanio está tan impregnado de la gran cultura griega, que festeja la conversión de Juliano al paganismo valiéndose de palabras plató- nicas, precisamente aquellas que el divino filósofo había puesto en boca de Sócrates, en el Fedro ', cuando deseaba purificarse el oído con agua pota- ble para eliminar las impurezas y la molesta salinidad del agua de mar con que se lo había manchado el discurso contrario al amor. En aquella memorable ocasión el protagonista de los diálogos platónicos se había expresado de este modo 2 : Ertthpó rtoripp Aóyq oSov dhpupuv 6 x 0 ~ ) ~ choxhijaa0ut.

1 P1. Phdr.243D. Citamos las obras de Libanio por la edición de Foerster: Libanius, Opera, ed. R. Foerster 1-XII, Leipzig 1903-27. Las abreviaturas de los autores y obras citadas son las del Liddell- Scott.

2 PI. PMr.243D.

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Y nuestro Libanio, «un auténtico heleno a cuyo blando corazón nada humano le era extrañon 3, que se había topado con Juliano en Nicomedia el año 344 y había influido en él como maestro a través de copias de sus discursos, refiere con las palabras de Platón arriba citadas cómo el empera- dór apóstata desechó de su corazón las insustanciales charlas de antaño para reintroducir en él la belleza de la verdad, de la misma manera que se reintroducen en un gran templo de estatuas de los dioses previamente amancilladas y manchadas con barro. Dice exactamente así4: c¿hpupav cixoiiv cixexhúoaro xoripq M y p .

La vuelta de Juliano al paganismo siguiendo una vía inversa a la del «camino a Damasco» de Paulo tuvo para Libanio una transcendental signi- ficación, como si a partir de ese momento el mundo entero recuperase la libertad perdida. Cuando en un discurso se refiere a tan decisivo giro, nos presenta al emperador apóstata, acompañado de quien hizo las veces de médico curador de su ceguera, Máximo de Efeso, tratando de rebasar en arriesgada navegación las rocas Ciáneas 6, las Simplégades de la leyenda de la nave Argo y los Argonautas: ... 6q [sc. Máximo de Efeso; cf. Lib. Or. XIII 12 F] xivGúvov r6v xuhhio- rov uUróq rs xiv6uv~úoaqrÓv6s x s i o u ~ p ~ r u roU pu8qroú ralq KuuvÉuq M- xhsuosv.

Pues bien, el amor de Libanio al esplendoroso pasado de Grecia se concreta, por lo que al terreno de las letras se refiere, en el virtuosismo de su oratoria y en su muy acendrado, intachable y estricto clasicismo. En .

3 J. GEFFCKEN, Kaiser Julianus, Leipzig 1914; cf. 8: ~ e i n echter Hellene, dessen weichem Herzen nichts Menschliches fremd war,.

4 Lib. Or. XVIIl ,e dhpupav cixoi)v cix~xhuoaro norilq Myq xai xávra rov t'prpoo8Ev i x k h h v ü h v civr~ofiyayw ri)v J r u ~ q v ro rijq dhq&íac xáhhoq díon~p c i '~ rivu pÉyav vehv ciyáhpura 8EWv rpórepov dpprop&va f!op!36pq.

5 Aparte del ya mencionado libro de Geffcken. sobre el emperador Juliano, contamos con las siguientes monografías: J. BIDEZ, La Vie de l'empereur Julien, París 1930; R. BROWNING, The Emperor Julian, Londres 1975; C. W. BOWERSOCK, Julian the Apostate, Londres 1978; P . ATHA- NASSIADI-FOWDEN, Julian and Hellenism. An lntellectual Biography, Oxford 1981. Aunque ya viejo, aún es interesante el libro de W. SCHWARTZ, De vira ei scriptis luliani Imperatoris, Bonn 1988. De libros y artículos que tratan aspectos filosóficos o religiosos en relación con el emperador apóstata, seleccionamos los siguientes: P. ATHANASSIADI, «A contribution to Mithraic theology: the Emperor Julian's Hymn to King Heliosw, JThs XXVIIl (1977) 360-71. F. CUMONT. Les réligions orientales dans le paganisme romain, 4.a ed., París 1929; E. R. DODDS, Pagan and Christian in an age of anxiery, Cambridge 1965; P . HADOT, «La fin du pagankmea , Histoire des religions 11, Pm's 1972, 81-1 13; P. DE LABRIOLLE, La réaction paienne: étude sur la polémique antichréiienne du 1 *' au IVe sikcle, París 1934; C. MAN, Die Religionsphilosophie Kaiser Julians in seinen Reden auf den Konig Helios und die Gottermutter, Leipzig-Berlín 1907; A. MOMIGLIANO (ed.), The Conflict between Paganism and Christianiry in the Fourth Century, Oxford 1963; C. ROCHEFORT, «La démonologie de Saloustios et ses rapports avec celle de l'empereur Julien», REG LXX (1%7), 13-15; L. WARREN-BONFANTE, ~Empcror, God and Man in the IV century: Julian the Aposii~te and Ammianus Marcellinus», PP XIX (1%4) 401-427.

6 Lib. Or. XII,+

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efecto, nuestro rétor forma parte del grupo de los aticistas intransigentes y puros entre los que se cuentan Dionisio de Halicarnaso, Dión de Prusa, Luciañcl, Elio Aristides (que fue muy admirado por el antioqueno), Pausa- nias, Eliano, y esos contemporáneos de Libanio que fueron Himerio y Temistio. Aspira a la pureza lingüística de los oradores áticos y de Elio Aristides a quien tiene por modelo y con quien coincide al emplear una lengua en la que tienen cabida tanto el ático literario como la koiné.

Cuando alrededor del año 30 a. J.C. Dionisio de Halicarnaso comienza a impartir enseñanzas en Roma, el asianismo ' de los oradores capitaneados por Hegesias de Magnesia (ese estilo caracterizado por frases cortas repuli- das y delicadas, por un repelente y muy marcado y excesivo ritmo, y por un muy amanerado orden de las palabras en la frase) está a punto de perecer entre los romanos cultos víctima de su propia hinchazón y ampulosidad, de su incontrolado páthos, de su artificiosidad, de la grosena y zafiedad de sus malogrados hermoseamientos. Cicerón, con mucha gracia, describe este estilo como propio del gusto de los carios, los frigios y los misios, gentes tan poco pulidas y tan sumamente inelegantes, que con agrado admitieron un tipo de dicción bien cebado y grasiento, una especie de manjar que los rodios nunca probaron ni, mucho menos, los griegos del continente, y que los atenienses rechazaron con decidida firmeza 9. Contra este tan basto y craso estilo Dionisio de Halicarnaso en Sobre los oradores antiguos se propone indicar los medios con los que perfeccionar los discursos de filo- sofía política, los politikoi lógoi, examinando las cualidades estilísticas de los notables oradores e historiadores de la antigüedad, y exhorta al lector a imitar las virtudes que en ellos se descubran, así como a evitar, por el contrario, los defectos 'O. Y, sobre todo, Dionisio de Halicarnaso, al revol- verse contra la teatral desvergüenza (BEazptxil &va$sta) de los asiánicos, que con intolerable desenvoltura, improvisada las más de las veces, preten- dían suplir con ampulosidad y páthos la escasez de asuntos importantes y temas realmente patéticos que tratar en sus discursos ", recomienda el

7 Sobre el asianismo y su historia, cf. F. BLASS, Die griechische Beredsamkeir in dem Zeitraum von Alexander bis auf Augustus, Berlln 1865, 1 54-96; E.,NORDEN, Uie aniike Kunsrprosa, Leipzig 1898, l , , , -,,& U. V. WILAMOWITZ-MOELLENDORF. ~Asianismus und Atticismus», Hermes 35 (1900), 1-52. Cf., recientemente C. WOOTEN, «Le developpement du style asiatique pendant 1'6poque hdlénistiquen, REG 88 (1975) 94-104.

8 Uno de los tratados del aticista Cecilio de Caleacte se titulaba Contra los frigios. 9 Cic. Or. 25. 10 D.H. Orar. Verr. 4,l-2. 1 1 Cf. Cic. Brur. 51 hinc Asiaiici oratores non contemnendi quidem nec celeritate nec copia. sed

parum pressi et nimis redundantes. 325 genera autem Asiaiicae dictionis duo sunt: unum senienriosum et argurum, sententiis non tan gravibus ei severis quam concinnis ei venustis ... aliud autem genus est non tam senrenriis frequeniaium quam verbis volucre atque incitatum, quali esr nunc Asia rota, nec flumine solum oratonis, sed eiiam exornato et faceto genere verliorum. Lo que Cicerón entiende por

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estudio a fondo de los modélicos prosistas clásicos, con el fin de aprender de ellos no sólo lo referente a la forma de sus escritos sino también prove- &osas cuestiones de fondo. Así, en la Epístola a Pompeyo "t i ' hace un elogio de Teopompo de Quíos, el más brillante discípulo de Isócrates, por- que su obra histórica, que da a conocer muchas estirpes de bárbaros y helenos y muchas leyes y constituciones diferentes de muy distintos pue- blos y muchas vidas de varones ilustres junto con sus realizaciones, objeti- vos y variadas fortunas, sin duda constituye un valiosísimo y aun indispen- sable material de estudio- para todo aquel que pretenda ser experto en retórica filosófica (toiq 6oxofiot rfiv cpthóoocpov (jqtopix.rjv) 1 2 .

Ahora bien, al establecer Dionisio de Halicarnaso como principio la necesidad de imitar la forma y el contenido de los escritores antiguos 1 3 ; al recomendar al orador en ciernes que vaya al encuentro de los escritos de sus predecesores ilustres no sólo con vistas a la materia del tema por ellos tratado, sino también para, mediante la imitación, procurar emular sus esti- los, esta búsqueda de la delicadeza y elegancia de los prosistas áticos (el aticismo) lleva consigo un anquilosamiento lingüístico visible en el léxico, en la flexión, el orden de palabras, la construcción de las frases, etc.

Un estudioso tan autorizado en materia de aticismo, como W. Schmid, proclama en Der Attizismus que, estando, como estaba, corrupta la lengua de época imperial, los griegos que por aquellos años vivieron no tenían más remedio que imitar y, de este modo, reutilizar, una lengua literaria que, alejada de la popular, era considerada la única capaz de proporcionar la debida armonía entre forma y contenido, de lo que habían dado inequívoca prueba las espléndidas creaciones de la prosa clásica 1 4 .

El asianismo no fue ni una escuela ni una doctrina oratoria. El adjetivo «asiática» calificando a «elocuencia» no era, en principio, más que una senfenfiosum e! arguium es lo que Dionisio de Halicarnaso denomina TO HO~IJIOV. cf. D.H. Dem 36 6 k v oi p$v 5iiv ~ i )o~a í l i j xai kpciav xai aUorqpav xai cpthcip~atov xai oepvjv xai cpsi>youoav Üxav to KO~J~OV $ X ~ T ~ ~ E ~ U ~ L V (ippví~(v, 01' 68 rilv yhacpupuv xai hlyupb xai íku~ptxfiv xui mhu TO mpJiOv xai pahaxOv trctcpaivouoav.

l l bis D.H. Pomp. 6. 12 D.H. Pom. 6 VI p. ,,, Usener-Radermacher = Dionysii Halicarnasei quae exiani, vol. VI,

opuscula 11, ed. H . Usener-L. Radermacher, reimpr. Stuttgart 1965. 13 Cf. DH. De Imii., VI, IIp. ,,7-,17 Usener-edermacher. 14 W . SCHMID, Der Aiiicismus in seinen Haupiverfreiern. Von Dionysius von Halikarnass bis auf

den nveifen Philosiraius. Stuttgart 1887, reimpr. Hildesheim 1964, I,,: uUnd doch konnten die Grie- chen, wenn sie wieder eine prosaische Kunstsprache haben wollten, nichts anders, als auf die attische Klassizitat zurückgreifen, denn nur hier war zwischen einem gediegenem Inhalt und einer sinnfallig schonen Form die nchtige Harmonie hergestellt*. Sobre el aticismo de Libanio, cf. B . SCHOULER, La ir.adifion hrllénique chez Libanios 1. 11. tes. doct. París 1984. Para el aticismo en general, cf. L. RADERUACHER, RhM 54 (1989), 351-374. W. KROLL, RE Siippl. VI1 (1940) cok. 1105-1138. A. DIHLE, Hermes 85 (1957), 170-205. J. FROSEN. Prolegomena lo u Study of fhe Greek Language in the First Cenfuty. The Problem of Koine and Afficism. Helsinki 1974.

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precisión geográfica. Fue luego, en plena controversia con los neoáticos en Roma, cuando adquirió el valor peyorativo de «corrupta elocuencia». Los grandes defectos de la oratoria asiática (excesivo cuidado de la forma en cláusulas y ritmos, y funesta elección del vocabulario -Cic. Orat. 230 y 231-) revelan que el asianismo era el verdadero continuador de la elocuen- cia ática de los siglos IV, Iii a. J.C., de cuando Carisio y Cleócares imitaban a Lisias y a Demóstones.

El caso es que, aunque Dionisio de Halicarnaso fue menos aticista que los aticistas, hasta el punto de no hablar de 4rrixí~eiv para referirse a la pureza de lengua, sino de Éhhqvij~iv, el aticismo, como era de esperar, no tardó en verse reducido a limitados círculos de eruditos e ilustrados, mien- tras de cuando en cuando rebrotó en suelo griego el asianismo a partir de raíces más populares. Y es que el aticismo (ya lo veremos), como movi- miento de renovación tanto del campo de la retórica como de la lengua, no se puede separar del asianismo, al que se remonta; pues, por extraño que pueda parecer, el aticismo procede directamente del manierismo y rebus- camiento propios del asianismo, el cual, a su vez, no es sino el heredero de las modas oratorias vigentes a partir del siglo IV a. J.C. entre los partidarios de una elocuencia retórica muy amanerada que se complacía en combinar la concisión de Lisias con los ritmos de Demóstenes, o los largos períodos isocráticos con una buena dosis de poetismos y figuras retóricas de toda especie.

En efectó, lo más curioso del aticismo es que el grupo de renombrados aticistas que inician el movimiento denominado Segunda Sofistica lo que en realidad encabezan es una renovación de un primitivo asianismo que, según Filóstrato, había dado comienzo supuestamente con Esquines, orador ático que al trasladarse a Rodas había tendido un puente enTre la elocuencia ática desarrollada en suelo ateniense y la nueva oratoria de los nuevos sofistas nacida en las ricas provincias asiáticas pacificadas y administradas por la nuvzwv xpazo6oa 'POpq. Nada, pues, tiene de extraño que el área favorita de la oratoria de los nuevos sofistas sea la de los discursos de aparato, la elocuencia epidíctica, la de las declamaciones basadas en causas fingidas, las p~hÉ~a t , que tratan de temas y argumentos tan sumamente generales que rozan el campo de la filosofía, las famosas &ztxai i>zoQÉosic, BÉo~tc (en latín, quaestiones) 15. Son argumentos y ejercitaciones figuradas, convertidas en q f i p a ~ a , es decir: i>noeEoeiq (p~hsrat) Eo~q.mr~opÉvai.

Fue E. Rohde quien, después de la caracterización que hizo Blass l6 de 15 W. SCHMID, O.C. l,,. 16 F. BLASS. 0.c. Es interesante tener presente que los tratadistas griegos no distinguieron neta-

mente entre asianismo estilística y asianismo lingüístico.

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la oratoria griega tras la muerte de Alejandro Magno, volvió a tomar el tema de la elocuencia en época helenística y romana para afirmar su fundamental carácter «asiánico», si bien reconoce que en ella hay también cierto innega- ble y asimismo fuerte componente aticista. En efecto, Rohde afirma ": «Und so scheint die zweite Sophistik überhaupt, in rhetorischer Beziehung, nichts eigentlich Neues gebracht, sondern nur die asianische Manier er- neuert». Pero más adelante l 8 expone cómo la gramática aticista se instala en la retórica griega: «Etwa seit der Zeit des Augustus war, vermutlich durch die damalige atticistische Reaktion der griechischen Rhetorik ange- leitet, die Grámmatik in den Dienst der Rhetorik getretem. Y, seguida- mente, explica por qué fue necesario el estudio a fondo de la gramática del ático, mera lengua literaria que ya no tenía vivo un nivel coloquial que le correspondiera, por lo que muchos nuevos sofistas están mucho más aleja- dos de la pureza del ático de lo que ellos mismos se imaginaban 19: «Etwa seit der Zeit des Augustus war, vermutlich durch die damalige atticistische Reaktion der griechischen Rhetorik angeleitet, die Grammatik in den Dienst der Rhetorik getreten ... 352 Die reine attische Sprache, welche im taglichen Gebrauche der Gebildeten Iangst durch die «allgemeine» griechische Kon- ventionssprache der hellenischen Periode verdrangt war, . . . konnte zum schriftstellerischen Gebrauche nicht mehr aus dem lebendigen Volksmunde, sondern einzig aus den Werken der altattischen Autoren erlernt werden ... 355 Viel grobere Verstosse gegen die Reinheit der Sprache weist Phryni- chus den bewunderten Meistern der Sophistik, einem Lollianus, Favorinus, Polemo nach; und wie wenig es den übrigen Autoren der sophistischen Zeit gelungen ist, die selbst dem Lucian unerreichbare Farbe desxeinen Atti- cismus in ihren Schriften nachzubilden, bemerkt jeder aufmerksame Le- ser».

Para explicar la clave retórica de la novela necesitaba Rohde la conti- nuidad del asianismo en el siglo segundo, en la Segunda Sofística (al menos desde el punto de vista de la oratoria, «in rhetorischer Beziehung»), y luego, además, a la propia Segunda Sofística «de cuyo suelo la aspiración a crear una poesía retórica propia [anhelo de todos los autores de época imperial] hizo brotar la flor más peculiar: la novela griega de amor» 'O.

No tardó, sin embargo, en aparecer un ataque a la teoría del carácter

17 E.ROHDE, Dergriechische Roman und seine Vorlaufer, Leipzig 1876; la ed., 1914. Cf. 312, n.1. 18 E. ROHDE, O.C. 351. 19 E.ROHDE, O.C. 351-5. 20 E. Rohde, O . C . 361: «Dieses Bestreben, eine eigene rhetorische Poesie zu erschaffen, war e s

denn endlich auch, welches aus dem Boden der zweiten Sophistik dessen eigentumlichste Blume her- vortrieb: den griechischen Liebesromans .

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asiánico de la Segunda Sofística en un artículo de Kaibel 2' en el que éste defiende que la oratoria postclásica no era en absoluto una mera serie de ejercicios formales :> escolares, sino que se apoyaba en la teoría de la pípqoq, de la imilc~iiión, que, tal como había sido expuesta por Dionisio de Halicarnaso, recomendaba con firmeza a los nuevos oradores el serio y riguroso estudio de los modelos antiguos; y, además, lejos de ser concebida como un simple juego o divertimiento, pretendía ser un instrumento para la acción política, tal como la concibió Dionisio, una <pihóoo<poc Ijqzopixfi, es decir, una oratoria basada en previos conocimientos filosóficos; y ahí es- taba para demostrarlo Elio Aristides que identificó retórica y filosofía.

No tardó en replicar Rohde 22 a estas críticas de Kaibel puntualizando ideas: si el aticismo influyó evidentemente en la literatura, la oratoria, no obstante, siguió siendo asiánica y llena de O~rxzpixii CYVO~~~ELOI, exceptuada la de Elio Aristides, un aticista a ultranza y además orador enfermizo a quien ya había caracterizado previamente en su obra maestra sobre la novela 23 como una excepción entre los oradores de la Segunda Sofística por haber rechazado con duras palabras la improvisación y por el estilo pesado y prolijo de sus discursos, tan alejado de la pasión y la coqueta ligereza propias de las improvisaciones.

La aporía, pues, a que conduce el planteamiento de una Segunda Sofís- tica asiánica y aticista a un tiempo trata de ser salvada por quienes, ya en todos los nuevos sofistas, ya en algunos de ellos, tratan de mostrar una bien dosificada mixtura de asianismo y aticismo. Así, por ejemplo, W. Schmid, que afirma con todas las letras que no se puede dudar del parentesco esencial existente entre asianismo y Segunda Sofistica (akann die nahe Wesensverwandtschaft zwischen Asianismus und zweiter Sophistik nicht mehr bezweifelt werden») 24, añade, no obstante, que a pesar de ello la Segunda Sofística aspiraba a más famosos progenitores, por lo que se in- ventó proceder de Esquines, pese a que tanto Dionisio de Halicarnaso como Hermógenes de Tarso, el sistematizador de la Segunda Sofística, y el propio Elio Aristides consideraban a Demóstenes y a ningún otro como incomparable modelo y maestro de la oratoria ática 2 5 .

También Von Arnim en sus trabajos sobre Dión de Prusa 26 se refiere,

21 G. KAIBEL, ((Dionysios von Halikamass und die Sophistik., Hermes XX (1885) 497-513. 22 E. ROHDE, uDie asianische Rhetorik und die zweite Sophistik~, RhM XLI (1886) 170-190. 23 E. ROHDE. Der griechische Roman, 340: ~Aristides einen bewussten Gegensatz zu den Asia-

nem seiner Zeit bildeten. 24 W. SCHMID. O.C. 1 ,,. 25 W. SCHMID, O.C. 1 ,,. 26 H. VON ARNIM. Leben und Werke des Dio von Prusa, Berlín 1898. uZum Leben des Dio von

Rusa», Hermes XXXIV (1899) 363-379.

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sobre todo en el primero, al asianismo moderado, mezclado con cierto aticismo, del insigne sofista. Efectivamente, tal como había dejado sentado W. Schmid 27, la dualidad de la persona de Dión, primeramente sofista y enemigo de los filósofos, y luego filósofo enemigo del vanidoso juego de los sofistas, hizo que su estilo careciera de estridencias. Y así, para von Arnim, Dión de Prusa debe figurar bajo el epígrafe del asianismo, pero entendiendo por asianismo lo asiánico-helenístico, lo que se aparta del conjunto de los rasgos estilísticos que definen a la oratoria ática en su conjunto, un estilo de oratoria básicamente epidíctica y de escuela, que se desarrolló en la costa occidental de. Asia Menor y que el aticismo no fue capaz de erradicar para poner en su lugar la brillante pero ya irremediablemente perdida oratoria ática 28. Pero -añade el insigne filólogo- en la escuela de retórica fue donde mediante lecturas que tenían por objeto la pipqmq del estilo de los autores leídos Dión recibió indudablemente la influencia de los grandes oradores de la Atenas del pasado a través de una enseñanza de clara meto- dología aticista. Por ello -concluye- lo que más apunta a la verdad es hablar de unos nuevos sofistas (Dión y los demás) representantes de un asianismo mitigado, moderado por unos estudios de oratoria que eran de corte indudablemente aticista («Es entspricht deshalb am meisten der Wir- klichkeit, wenn wir bei den Sophisten der Kaiserzeit von einem durch atti- cistische Studien gemassigten und gemilderten Asianismus sprechem).

Por las mismas fechas, más o menos, Norden 29, en su espléndido libro sobre la prosa artística, apoyándose en un pasaje del Dión de Sinesio, trataba de demostrar cómo el estilo de Dión de Prusa experimentó un cambio al dejar de ser aquél un sofista para pasar a ser un filósofo. En la primera parte de su vida su estilo es «hinchado», thó~ucpo~; en la segunda, en cambio, no tiene nada de «huero», ~aUvov, ni de «disipado», 6 1 ~ ~ s - <popqpÉvov. El estilo antiguo, el reaccionario, el arcaizante, sería el corres- pondiente al aticismo, mientras que el moderno respondena al asianismo 30.

Sin embargo, a nuestro juicio, no alcanza Norden en este punto su habitual brillantez, ya que se está refiriendo sin hacer los requeridos distin- gos a dos acepciones diferentes de «estilo»: una cosa es hablar de estilo arcaizante, barroco, amanerado, aticista, asiánico, conceptos que corres- ponden a un capítulo de la estilística literaria o de la teoría de los estilos, y

27 W. SCHMID, O . C . 1 72-n2.

28 H.V. ARNIM, Leben und Werke 128-30. 29 E. NORDEN, Die antike Kunstprosa vom VI Jahrhumdert v . Chr. bis in die Zeit der Renais-

sanee 1, 11, Leipzig-Berlín 1898; 4." ed., Leipzig-Berlín 1923. 30 E. NORDEN. O . C . 1 ,,, uDer alte und der neue Stiln.

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otra distinta referirse al estilo concreto de un escritor. En efecto, a Dión de Prusa lo caracterizó mucho mejor W. Schmid j' al presentarlo como orador filósofo en el que ambas facetas (oratoria y filosofía) son inseparables y, al mismo tiempo, como un enemigo acérrimo de la afectación asiánica y de su escandaloso páthos, y, por último, como un autor muy cuidadoso y con- cienzudo a la hora de hacer uso de la lengua, que él emplea siguiendo la muestra de la literatura clásica. En suma, para W. Schmid, que conocía a fondo la obra del Crisóstomo j2, él junto con Luciano son de entre los modernos sofistas los que en mayor grado acertaron con esa sutil concien- cia artística, preconizada por Dionisio de Halicarnaso, que permitía alcan- zar un término medio entre lo popular y lo docto, entre lo espontáneo y lo aprendido por pípqoq O imitación j3.

Con esto llegamos al año 1900, fecha en que publica Wilamowitz en Hermes 34 un artículo fundamental, ((Asianismus und Attizismus», no tanto por haber dado fin al debate asianismo-aticismo, sino, sobre todo, por lo mucho que continuamente, página a página, sugiere.

Asianismo y aticismo conviven en época imperial. Junto a la literatura docta, que, al estar alentada por los principios basados en la pipqoq y preconizados por Dionisio de Halicarnaso, conduce a la completa momifi- cación del ático literario ( ~ d i e vollige Mumifizierung des literarischen Attisch») ", en el siglo i a. J.C. se lee con fruición a Timeo y circula ampliamente entre el público lector una literatura de entretenimiento, siem- pre moderna, aunque también siempre efímera y nunca original («Unter- haltungsliteratur ...J a immer modern. aber immer ephemer und niemals ori- ginal») I b .

El aticismo, ya lo hemos dicho, se remonta al asianismo y es la realiza- ción concreta de aspiraciones y tendencias más antiguas. Cuando los reinos helenísticos se convirtieron en provincias romanas, muy alejados ya -desde tiempos de Alejandro Magno- de lo que había sido la autonomía y la actividad política de las ciudades-estados, la literatura dejó de tratar toda

31 W. SCHMID,o.c. 1 ,,. 32 Cf. P. DESIDERI, Dione di Prusa. Un inrellertuale greco nel impero romano, Messina-Firenze

1978, 572: '<Ma se lo Schmid non distingue diversi periodi nell' analisi che fa dello stile dioneo, e le conclusioni sono unitarie, in seguito il Norden riterra arbitrariamente di potersi servire di un passo del Dione di Sinesio per illustrare la sua teoria dei dui diversi stili, nuovo (=asiano) e antico (=attico).

33 W. SCHMID, O.C. 1 ,,. 34 U.V. WILAMOWITZ-MOELLENDORF, «Asianismus und Attizismusu, Hermes XXXV (1900)

1-52 = Kleine Schriffen 111, Berlín 1969, 223-273. Cito por esta recopilacibn. Cf. G. W. BOWERSOCK, Greek Sophists in rhe Roman Empire, Oxford 1969, 10: N Wilamowitz finally closed the case by ~ynthe- sizing everyone's view in a long and important articleu.

35 U.V. WILAMOWITZ-MOELLENDORF, 0.c. 244. 36 U.V. WILAMOWITZ-MOELLENDORF. O.C. 230.

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cuestión importante que tuviese que ver con la problemática social o polí- tica del inmediato presente, y, así, o bien se dedica a entretener a las masas con la ficción, o si pretende mantener vivo algún rescoldo del patriotismo helénico, lo hace sólo refiriéndose a la cultura, la literatura o la historia y añorando los viejos tiempos de esplendor ya irrecuperable. La imitación de los antiguos, la pipqatc zhv cip~uiov, no sólo está representada por los aticistas, sino también por Himerio que escribió discursos en una prosa variopinta en la que junto a la koiné brillan construcciones poéticas y for- mas de la lírica lesbia y de la dórica, y por Quinto de Esmirna, que com- puso las Posthoméricas en una lengua en que la antigua dicción épica se entremezcla con la koiné.

Consiguientemente, no se debe caracterizar el asianismo mediante una condena del marcado ritmo de sus frases ni del incorrecto uso de la lengua, porque lo primero es fruto de una larga tradición que une nombres como los de Gorgias, Trasímaco e Isócrates, y lo segundo (a pesar de que nos gusten o no las perífrasis y los casos apoyados por preposiciones y en general las innovaciones lingüísticas de todo tipo que se registran en la koiné) es el griego helenístico, «la lengua hija del griego helénicon (((Das hellenistische Griechisch ist die natürliche Tochter des hellenischem) 37. Así pues, asia- nismo y aticismo no son realidades paralelas y sin ningún punto de con- tacto, pues a veces Dionisio de Halicarnaso como historiador nos hace pensar en Polibio, y otras, al contrario, Plutarco, enemigo del purismo aticista, nos parece más ático que Dionisio de Halicarnaso. Y en el terreno del léxico, por ejemplo, si el rétor helenistico, asiánico, se sirve de frases hechas y de vocabulario poético, algo que el mismo Aristóteles permitía 38,

el aticismo pasa de señalar como exclusivo y modélico léxico el de los oradores a permitir que se empleen primero el vocabulario de la poesía y luego el de toda la literatura clásica griega. Así que muchas veces nos encontramos con que en los autores de época imperial convive la prosa del más riguroso y estricto cuño ático con expresiones propias de la lengua común en su nivel cultural más bajo y con numerosos jonismos y poetis- mos, con palabras y expresiones que los gramáticos en sus tratados tildaban de asiánicas porque se apartaban de la norma del ático, corrompían «el uso ático establecido», como hacía Hegesias de Magnesia en opinión de Estra- bón (Str. XIV, ,,,,); y uno ya no sabe muchas veces si esos jonismos y poetismos son fruto de la docta pípqoq o si ya habían entrado a formar

37 U.V. WILAMOWITZ-MOELLENDORT, O . C . 259. Hiperides era el modelo de los asiánicos rodios (cf. D.H. 8, p. 308 U.-R.).

38 Arist. Rh. 111 ,, 1408b13.

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parte de la koiné cuando el ático se estaba convirtiendo de lengua de una pólis en lengua de una más amplia comunidad político-cultural. De lo que no cabe duda es de que a los aticistas de pura cepa se les escapan muy a menudo giros, expresiones y formaciones de palabras que habrían repug- nado a los oradores áticos del siglo Iv a. J.C.; o, dicho de otro modo, como emplean un ático sin vida que no se hablaba en la calle, a veces lo someten a formas que cuando era lengua viva nunca adoptó. Por eso, aunque parez- can afirmaciones contradictorias, tiene razón en uno y otro caso Wilamo- witz cuando sostiene, primero 39 , que existe una continuidad entre la Sofís- tica de Isócrates y la de Miguel Acominatos, pasando por las de Hermágo- ras, Molón, Teodoro, Dión de Prusa y Elio Aristides, Hermógenes y Láca- res y Gregorio de Corinto; y, en segundo lugar, cuando declara que al triunfar en tiempos de Augusto el principio de la imitación, de la pípqoiq en lugar del jijhoc, estamos ante el momento decisivo de la evolución de toda la lengua y la literatura griegas: «die entscheidende Stunde in der Entwic- klung der ganzen griechischen Sprache und Literatur)) 40 .

Dentro de la continuidad de la praxis retórica el aticismo no es más que una quiebra parcial 4 ' . Y las dos variedades de lengua y de literatura griegas de la época de la Segunda Sofística, la popular y la aticista, no están tan distanciadas como a primera vista pudiera parecer.

A. Boulanger 4 2 señaló cómo el cambio importante acontecido en las relaciones entre retórica y público en general a finales del siglo i d. d.C. hizo que aquélla tuviera ante sí un amplísimo campo libre para crecer espectacularmente, desarrollo que tuvo lugar en suelo de Asia Menor, en escuelas de práctica oratoria que descendían de Hegesias de Magnesia, el «asianista» por antonomasia, la «bestia negra» de los aticistas desde los tiempos de Cicerón 4%n adelante, un orador e historiador, criticado por Dionisio de Halicarnaso 44 y el autor del De Sublimitate 4\ en cuyos frag-

39 U.V. WILAMOWITZ-MOELLENDORF, O.C. 235. 40 U.V. WILAMOWITZ-MOELLENDORF, O . C . 251. Cf. A. DIHLE. aDer Beginn des Attizis-

musn, AA XXIII (1977) 162-178; cf. 163 u . . . die Griechen auf Grund der attizistischen Reform des l . Jh. s v. C. bis auf den heutigen Tag in einer zweisprachigen Zivilisation, mit einer strengen Trennung von Sprech- und Schriftsprache, haben leben mussenn.

41 U.V. WILAMOWITZ-MOELLENDORF, O.C. 236. 42 A. BOULANGER, Aelius Aristides e! lo sophistique dans la province d'Asie ou IIe s ikle de

notre >re, Pan's 1923, 72: ec'est évidemment la pratique oratoire des écoles d'Asie Mineure qui occupe la premiere placen.

43 Cic. Brurus 286. 44 Cf. D. H. De compositione verborum, Opuscula 11 28, p.19,9 Usener-Radermacher, donde Dioni-

sio de Halicarnaso nos alecciona sobre el <r~Tjpa 'Hyqcr~anov, al que tacha de melindroso, innoble y blandengue.

45 Ps. Long. L.@ Subí. II12.

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mentos apreciamos una prosa de ritmos fuertemente marcados a base de pequeños cola o miembros de frase, y una expresión sumamente llamativa, rebuscada y colmada de figuras gorgianas 46. Y no hace muchos años B. P. Réardon 47 basándose en el trabajo de J. Bompaire 48 sobre Luciano, quien ve en la mímesis de la Segunda Sofística la condición misma de su originali- dad y un factor que sirvió para retrasar varios siglos el final de la cultura griega, nos sorprende con esta afirmación: «la sophistique courageusement prend le risque d'élever, d'enrichir la langue littéraire par un apport attici- sant-sans pour cela faire fi de la langue commune» 49.

En un,apendice a su muy interesante obra, P. Desideri se refiere al «Standard Late Greek» de Higgins como un paralelo lingüístico a la mixtura de asianismo y aticismo que se observa en el movimiento aticista recién inaugurado por Dionisio de Halicarnaso, del cual Dión sena un ejemplo muy claro por el contraste de su mesurado y templado estilo frente al ya decididamente arcaizante de Herodes Ático y autores posteriores. El «Standard Late Greek» de Higgins es, según este investigador norteameri- cano, un estadio histórico de la lengua griega en su evolución, en el cual se observa cómo al vocabulario jónico-ático propio de la koiné se ha impuesto un rasgo sintáctico dialectal: el de la expresión de juicios hipotéticos me- diante el optativo, que habría desaparecido del ático 52 . Optativos referidos al futuro o a un presente vago aparecen en los papiros escritos en griego helenístico, y la sintaxis de estos optativos, según Higgins, no es la ática. Cuando los usan los aticistas no los extraen de Demóstenes ni de Jenofonte, que no los usan así, ni del ático en general, puesto que en las inscripciones áticas de los siglos v y IV a. J.C. apenas hay más que nueve ejemplos 53,

mientras que en los documentos de Egipto escritos en griego helenístico 5 4

46 E. NORDEN, O . C . 134 sgs. 47 B. P. RÉARDON, Courants lirtéraires grecs. des IIe et IIIe siecles aprt?s J.C.. París 1971. 48 J. BOMPAIRE, Lucien écrivain, París 1958, 742: «La mimesis, loin d'etre une charge, est la

condition méme de cette originalité». 744 «La IJe Sophistique, tres attentive a une forme de création a la fois conventionnelle et cultivee, a retardé de plusieurs siecles la fin de la culture grecquen.

49 B. P. RÉARDON, O.C. 90. 50 P. DESIDERI, O.C. 532. 51 M. J. HIGGINS, uThe Renaissance of the First Century and the Origins of Standard Late

Greek», Traditio 3 (1945) V ,- ,,, Cf. 51: N... that is perhaps best called 'Standard Late Greek'.'Late Greek' to distinguish it from the Hellenistic koiné. and 'Standard' to emphasize its unity ... established by usage in the speech of the educated and in literary works, and widely recognized as correct and authoritativen.

52 M. P. HIGGINS. o.c. 95: .Standard Late Greek is then, that stage in the history of the language in which the dialectal expressions for the future or vague present hypothetical statement completely superseded the Attic..

53 K. MEISTERHANS-E. SCHWYZER, Grammurik der atrischen Inschrifren. 3.a ed., Berlín 1900, 166, n. 1402; 247, n. 1933; 248, n. 1935; 255, n. 1987.

54 E. MAYSER, Grammatik der griechischen Payri aus der Prolomüerzeir, Berltn-Leipzig 11 , .2,,.

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se registran doscientos cuatro casos en los siglos III y 11 a. J.C. Es como si el optativo renaciese en la koiné, pero ya no de las cenizas del ático, sino -piensa Higgins- de los dialectos griegos, los cuales en este punto se habrían impuesto a la base indudablemente ática del griego helenístico.

Esta interpretación choca frontalmente con la de W. Schmid, para quien los aticistas desentierran el optativo, que se ha ido perdiendo gradualmente en la lengua viva, del ático literario de sus admirados modelos 5 5 . Pero pronto se puso de manifiesto que el modo optativo, lejos de extinguirse a comienzos de la Era cristiana, como se solía mantener a guisa de communis opinio 5 6 , después de un período de declive reaparecía en los papiros no literarios y el optativo de deseo todavía estaba en vigor en pleno siglo VI

d. d.C SR y, respecto de las inscripciones, el optativo aún se detectaba a fines del siglo 1 d. d.C. 5 9 .

En contra de la tesis de Higgins, argumenta Anlauf 60 que el uso que hacen del optativo los autores tardíos es más o menos el ático, pues del ático literario lo toman ellos. Pero hay ciertos usos, como el de ~i más optativo seguido de indicativo, que ya no coinciden con la sintaxis del ático, sino que hay que explicarlos como resultado de un empleo incorrecto de un modo que ya no existe en la lengua viva, como consecuencia de la imitación torpe y desafortunada de todo un conjunto de oraciones condicio- nales de las que en ese momento los griegos no eran ya capaces de captar los sutiles matices, pues carecían de una sensibilidad viva para percibir- los 60: qdeutlich wird ... dass diese Optativsyntax der spateren Zeit nicht in allen Einzelheiten exact attisch ist, und dass sowohl Verschiebungen inner- halb der einzelnen Konstruktionen als auch vulgare Elemente vorhanden sind. Diese Merkmale sprechen nicht gegen den Attizismus, sondern brin- gen uns immer wieder zum Bewusstsein, d a s ~ man einen Modusgebrauch nachzuahmen sich bemüht, für den ein lebendiges Sprachgefühl nicht mehr

55 W. SCHMID, 0.c . 1 ,,. 56 F. BLASS-A. DEBRUNNER. Grammatik des neuresramenrlichen Griechisch, ed., Gotinga

1949, 32: «Der speziell irn Att. so beliebte Optativ lebt nur noch in kümrnerlichen Resten». E. SCHWY- ZER-A. DEBRUNNER Griechische Grammarik 11, Munich 1950. 337: «Irn Lauf der hellenistichen Sprachentwicklung schwindet der Optativ imrnerrnehr; gegen Ende der Antike war er wohl der lebendi- gen Sprache ganzlich verlorengegangen». Cf. M. J . HIGGINS «Why another Optative Dissertation?)). Byzanrion 15 (1940-1) 443-8.

57 C. HARSING, De oprarivi in charris Aegypriis usu, tes. doct., Bonn 1910. 58 R. C. HORN. The Use of rhe Subjonctive and Oprarive Moods in he Non-literas. Papyri, tes.

doct., Pensilvania, Filadelfia 1912. 59 E. HERMANN, Die Nebensarze in den griechischen Dialekiinschr$ien, Leipzig - Berlín 1912.

Cf. F. SLOTTY, Der Gebrauch des Konjunkrivs und Oprarivs Nt den griechischen Dialekten, Gotinga 1915, 85.

60 G. Anlauf, Standard Late Greek oder Arrizismus? Eine Studie zum Oprativgebrauch irn nach- klassischen Griechisch. tes. doct., Colonia 1960, 153-154.

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vorhanden isb. Es decir, en oposición a la tesis de Higgins y de su segui- dora, la hermana Rose de Lima Henry 6 ' , que encontraba en los escritos en prosa de Gregorio Nacianceno los optativos del «Standard Late Greek* (esa koiné básicamente jónico-ática pero penetrada de usos sintácticos del optativo de origen dialectal), Anlauf vuelve a la tesis del aticismo para explicar los optativos aunque reconoce que los peculiares usos de este modo en griego tardío no responden a la sintaxis del ático, sino que se deben a desviaciones producidas en el seno de las diferentes construccio- nes, así como a elementos de la lengua vulgar que han influido en el apar- tamiento respecto de la norma ática que el aticismo devotamente trataba de reproducir.

Según Higgins, los optativos empleados por los escritores de la Segunda Sofística no fueron tomados de las obras de los autores áticos por ellos imitados, y así trata de explicar esas varias irregularidades en el uso de 6v con optativo («verschiedene Unregelmassigkeiten . . . im Gebrauch von Gv mit Optativ~) que veía Schmid 62 en Luciano, haciéndonos ver cómo la sintaxis del optativo en el griego tardío standard no era la del ático sino la de otros dialectos. Y, de este modo, se opone, en primer lugar, a Stahl 63 y Lejeu- ne 64, quienes habían afirmado que subjuntivos y optativos se intercambia- ban en las prótasis de las condicionales en los dialectos griegos. Para Hig- gins no es lo mismo délfico Del. 335, 13 SS. (186 a. J.C.) &i 6~ riq xa cirnzqrat que délf. Del. "43, 11 sgs. (148 a. J.C.) &i 6~ riq amolro, sino que en el segundo ejemplo estamos ante la expresión de la eventualidad impro- bable: «The optative of the unlikely eventuality>, 65. El empleo de este optativo por los autores de la Segunda Sofística y algunos otros rasgos de sintaxis no ática del optativo (el optativo precedido de E{ Gv, el optativo de eventualidad improbable en cláusulas temporales, el orden de palabras ~ i ' riq civ que recuerda más el del griego occidental que el del ático) y del subjuntivo (el subjuntivo precedido de E: sin Gv que parece ser exclusiva- mente dialectal) que se detectan en los papiros de época helenística e impe-

61 R. DE LIMA HENRY, The Late Greek Optaiive and its Use in ihe Writings of Gregory Nazianzen, Catholic University of America Patristic Studies 68, Washington 1943.

62 W. SCHMID, o.c 1 244.

63 J . M. STAHL, Kritisch-historische Syntax des griechischen Verbums der klassischen Zeit, Heidel- berg 1907, 291-3. Cf. 291: c.. ausserhalb dieses Gebietes [sc. des Ionisch-Attischen] aber in derselben Ari und Bedeutung wie der futurale Konjunktiv gebraucht wird».

64 M. LEJEUNE, Observations sur la langue des acres d'affranchissemenis delphiques, tes. doct., Pan's 1939, 74, SS.; 75 «... Et les deux modes, I'un frequemment employ6, I'autre sensiblement plus rare, 'vont se maintenir dans I'usage avec des valeurs pareilles». Los ejemplos del dialecto délfico que se citan los he tomado del Del. ' = E. Schwyzer, Dialectorum Graecarum exemplu epigraphica potioru, Leipzig 1923, reprod., Hildesheim 1960.

65 M. J . HIGGINS, Tradiiio 3 (1945) 60.

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rial romana llevaron a Higgins a postular su «Standard Late Greek», en el que naturalmente no faltarían ni el dual ni la voz media. Así que los aticis- tas lo que hicieron fue elevar a la dignidad que confiere la literatura una lengua popular, vernácula, de la que aceptaron algunos rasgos (el famoso optativo de eventualidad improbable) y rechazaron otros (el orden de pala- bras ~ i ' SI< &). Resulta así que Aristides no rescató mediante excavaciones practicadas en Demóstenes y Jenofonte el optativo de improbabilidad que es frecuente en la prótasis de sus condicionales, sino que lo tomó de la lengua que él mismo hablaba; porque, en realidad, el único aticista que ignoraba la lengua vernácula y por eso recurría a la gramática del ático fue Polibio 6 6 .

Sin embargo, según Anlauf, tanto en las fuentes literarias como en las no literarias el empleo del optativo decrece alrededor del siglo i a. J.C. La diferencia entre literatura y textos no literarios explica, no obstante, que mientras en aquélla el optativo no desaparece del todo, en éstos la disminu- ción de su empleo es brutal y roza la desaparición misma, y luego en el siglo 11 d. d.C. se reinstala con mayor o menor vigor 67.

Ahora bien, la conclusión a la que llega Anlauf no es nada contundente: por un lado, afirma categórica y rotundamente que la sintaxis tardía .del optativo es de carácter esencialmente ático y pertenece exclusivamente a la lengua literaria, pero sostiene, por otro lado, que a Higgins hay que conce- derle que en la sintaxis tardía del optativo hay líneas de conexión («Verbin- dungsliniem) con dialectos no áticos y con la lengua popular, si bien su significado es más bien escaso. (cf. 0 . c . 156). ¿En qué quedamos? Y lo más extraño de toda esta incoherente conclusión es que atribuya al mero azar la coincidencia en la sintaxis del optativo observable al cotejar textos litera- rios y no literarios (0.c. 157 «Die Beobachtung, dass in der spaten (attizis- tischen) Literatursprache sich gleiche Erscheinungen wie in der Volks- sprache zeigen ohne eine innere Abhangigkeit ... »). Nosotros no pensamos que sea posible ni dar tanto protagonismo al azar ni distanciar tanto las variedades culta y popular de una misma lengua hasta el punto de que entre ellas no exista contacto alguno. Tanto lo uno como lo otro no son más que inadmisibles exageraciones. La verdad es que nadie escribe como habla y que en los documentos privados pueden aparecer y de hecho aparecen rasgos estilísticos que coinciden con los de los niveles más altos de una

66 M. J . HIGGINS, Tradiiio 3 (1945) 98: a, . . an Aristides could never have dug out of Demosthe- nes or Xenophon the protasis of unlikelihood that he uses so freelyn.

67 G . ANLAUF. O.C. 122.

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lengua. sí, por ejemplo, en los documentos privados de La época imperial romana a partir de Adriano, es decir, del siglo 11 d. d.C., justamente cuando se intensifica el empleo del optativo, «se perciben elementos que poco a poco preparan el tipo bizantino» - d i c e W. Schubart (Einführung in die Papyruskunde, Berlín 191 8, 198)-: «Etwa mit Hadrian beginnen Elemente sich zu zeigen, die ganz allmahlich den byzantinnischen Typus vorberei- ten». Los. optativos de Higgins tanto en la lengua literaria como en la popular son resultado de la interferencia del subjuntivo de eventualidad en el área del antiguo optati& de posibilidad que desde antiguo viene estando en franco retroceso frente al tenaz avance del subjuntivo eventual.

Por consiguiente, llegamos al punto al que nos interesaba llegar: cree- mos que las dos variedades de lengua y literatura griegas de la época de la Segunda Sofistica, la popular y la aticista, no configuran compartimentos estancos. No puede ser de otra manera si en un papiro del siglo 11 d. d.C. y en Galeno y en Aristides aparece el mismo tipo de construcción de ~i con optativo que ya resultaba chocante a Schmid 68. Y, en efecto, así es: en papiros tanto de época helenística (aunque en menor escala) como ya de los siglos de nuestra era aparecen optativos de «eventualidad improbable» («of the unlikely eventualityn) de los que entresacamos los ejemplos siguientes:

PRyl. 11 157 (= Hunt - Edgar, Sel. Pap. 1 52), (135 d. d.C.)69: m i dpoioc, ~i x p ~ i a ysvoiro norioai. Év 6vapcioai cho n o M ~ rqv a th jv vorivqv ppi6a, nap&S~i ha@Uoa sQv wppivqv p~p i6 r ro 66paywysioOai 6L' aUrijc.

En el florilegio de Hunt - Edgar 70 la frase ~i xpsiol y&votro aparece traducida así: «if it should become necessary)), que debe responder, a nuestro juicio, a la cunlikely eventuality~ de Higgins, que es aquella even- tualidad que el hablante considera improbable y que, según Higgins 71, en ático clásico se expresaba con subjuntivo eventual precedido de ~i m i o E;

upa, de lo que propone el siguiente ejemplo con traducción incluida:

68 W. SCHMID, O.C. I,,: U... und besonders gem im hypothetischen Satz in der Weise, dass nach ~i der Optativ folgt, wahrend im Hauptsatz der Indikativ stehtn.

69 PRyl. = Catalogue of the Greek Papyri in the John Rylands Libran nt Manchester, 1-111, 1911-1938 (vol. 1. 1911, ed. A. S . HUNT: vol. 11, 1915, ed. A. S. HUNT-J. I)E M. JOHNSON-V. MARTIN: vol. 111, 1938, ed. C. H. ROBERTS). Sel. Pap. = A. S. HUNT-C. C. EDGARD, Select Papyri with English Traslarion (Loeb Classical Library), 2 vols., Londres-N. York 1923-1934.

70 A. S. HUNT-C. C. EDGAR, O . C . 159. 71 M. J. HIGGINS, Tradiiio 3 (1945) 53-4.

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Th. 1 93, 7 SS.

... xai xohhcixtq ~ o i q 'AOqvaioiq xapyjvet [sc. d @&ptozoxAijq], fiv

«and often recommended to the Athenians, if ever they should be hard pressed on land, to come down to it and make a stand against al1 in their ships» 7 2 .

Pero ya en los papiros anteriores a la era cristiana, aparece, según Higgins, ese uso no ático del optativo; por ejemplo:

PPar. 73 64, 35; 37 (11 a. J.C.) 74

Bien es verdad que el mismo Higgins reconoce que en los papiros pto- lemaicos todavía se puede discutir si estamos ante el peculiar uso del opta- tivo de eventualidad improbable; no así, empero, en los papiros posteriores, desde el siglo 11 d. d.C. al 400 d. d.C. 75.

En efecto, en un papiro de Oxirrinco 76 del 128 d. d.C. leemos 6 ; ~ t o6 6 ~ i a6~ov xohU~oOat E( CTUVOLXE~V &hhfihotq Oihot~v, donde nos topamos con la prótasis E: OÉhot~v y la apódosis en indicativo.

Y asimismo presenta sendos fragmentos, uno de Dión de Prusa y otro de Elio Aristides, provistos tanto el uno como el otro de esta curiosa construc- ción de optativo con E( en la subordinada y tiempo primario del modo indicativo en la principal 77:

72 M. J. HIGGINS, Traditio 3 (1945) 53. 73 PPar. = W. BRUNET DE PRESLE, Notices et extraits des papyrus grecs du musée du Louvre

et de la biblioth?que impériale XVIII (2), Pans 1865. 74 PPar. 64 = Vpz I,,,; UPZ 1 = U. WILCKEN, Urkunden der Ptolomüerzeit, 1 Papyri aus

Unteragypten, Berlin-Leipzig 1922. 75 M. J. HIGGINS, Traditio 3 (1945) 60: «It is, however, only in the later papyri that the optative

of the unlikely eventuality appears distinctlym. 76 POxy. II,,, (= Hunt - Edgar, Sel. Pap. 11 ,,,), 20-5. POxy. = Oxyrhynchus Papyri. ed. B. P.

GRENFELL-A. S. HUNT, Oxford 1898 ... Se trata del precioso papiro conocido como *Petición de Dionisio al Prefecto», en que se nos da a conocer un pleito entre un padre (Queremón) y una hija (Dionisia) por una cuestión de posesión ( n a r o ~ i ) de una propiedad (oijoia).

77 Citamos tanto por las ediciones de VON ARNlM (Dión de Prusa) y LENZ-BEHR (Aristides) como por las de DINDORF (tomo, página, línea). L. DINDORF, Dionis Chysostomi orationes 1-11, Leipzig 1857. Aristides, ex recensione Guilielmi Dindorfíi, 1-11-111, Leipzig 1829, reprod. Hildesheim 1964. Cf. P. Aelii Arisiidis. Opera quae extant omnia, ed. F . W . Lenz-C. A. Behr, Leiden, I, fasp. 1-4, 1976-1980. Dionis Prusaensis quem vocant Chrysostomum quae extant omnia, ed. J . De Armim, vols. 1-11, Berlín 1962. Para Luciano cito por M. D. Macleod, Luciani Opera, 1-IV. Oxford 1972-87.

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D. Chr. 1 284, 15 SS. D = 11 255, 5 SS. Von Arnitn E< yoUv E&hfiosia< a6706 zg mpi zqv ' AvciBaotv xpaypursig ocpó6pa EmpshÓ~ ~ V Z U X E ~ V , 066Éva hÓyov &6pfio&q TÓV 6x6 o06 h~x&jva t GuvqoopÉvov, ov 06 Gisihqnzat.

Aristid. 1 19, 7 SS. D npóc TE yup zouc nohÉpouq; ~ i ' T L ~ xui oUzo 61x0 6ia tpoí~o TÓV xaz' q n ~ l p o v xai TÓV EV 0ahcizzfl, 6siC&1 7~povoq&ioav zfiv &Óv.

Estos usos chocantes que parecen ser sustituciones del subjuntivo eventual por el optativo se dan también en Filón de Alejandría. Hay un ejemplo precioso en que el ilustre filósofo judío emplea la expresión de la posibilidad (el potencial) en la prótasis de una condicional en la que noso- tros esperaríamos más bien un subjuntivo que expresase la eventualidad, la contingencia infalible de la muerte del ser humano; dice el referido texto así 78:

También en Vetio Valente " y en Galeno encontramos el referido tipo de optativos. He aquí un ejemplo del insigne fisiólogo ": Gal. X 635, 14 SS.

K Tjv Ei'z' E ~ c ~ O U ~ T ~ Z L X ~ ~ V , si'zs ( P U O I X ~ V , &<TE @ ~ E ~ C T L X ~ ~ V OVOC(U(O~S, o U ~ E V 610í- ost, xu~cinsp O&% \IIuxqv fi 6Úvapiv.

78 Cito tomo, página y línea de la edición de L. COHN-P. WENDLAND: Philonis Alexandrini opera quae supersunt, 1-VIl, Berlín 1896-1930.

79 Más ejemplos en K. REIK, Der Optativ bei Polybios und Philo von Alexandria, Leipzig 1907. 80 Cf. W. WARMING, De V. Valentis sermone, Münster 1909. G. ANLAUF, 0.c. 144: «Be¡ Vettius

Valens brauchen wir nach solch feiner Unterscheidungen nicht zu suchen. Ein Kennzeichen seiner Sprache ist es, dass im gleichen Sinnzusammenhang die verschiedensten Konstruktionen bunt abwech- s e h .

81 K = Claudii Galeni opera omnia, ed. C . G . KUHN, 1-XVlI12, Leipzig 1825, reprod., Hildesheim 1965. Cf. X63% 3 SS. ai pEv yap dhiyov rqq Guvápawq alq 76 r r h j b ~ icrxupórspov, &ti raic rruppÉrpot; x~vi>creotv 06 povov oUGapia BAciBq rtjq Gvvupaoq. ÚhAa xai <J<pÉhsia payiurq yivarat roU ~ p v m v r o g a67ilv úp&vroq. S i'va pkv 11 GtaOmi~ ia m,... od póvov a J xcihiv o d 6 E v d v ~ c ~ s a r x p d ~ a6rilq d dv8pom~. a l a xai xtvGuveÚoei TU piytora.

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Por lo que estamos viendo, consiguientemente, en Filón y en Galeno y en el aticismo y en los papiros tardíos aparecen unos optativos potenciales que han perdido ya la distinción respecto del subjuntivo eventual, antigua distinción que estaba bien marcada anteriormente tanto en los dialectos como en jónico-ático; por ejemplo: En el canto IX de la Ilíada Agamenón ", dispuesto a reconciliarse con Aquiles, hace promesa de honrarle con rique- zas «si los dioses conceden devastar la ciudad de Príamo~ («conceden», subjuntivo, eventualidad que ve más próxima) y con una de sus hijas que le dará por esposa si «llegásemos al Argos de la Acaya» (optativo, posibilidad que ve más remota). Y cuando Mardonio, en las Historias de Heródoto desafía a los lacedemonios a un combate singular entre tropas laconias y persas exclusivamente, añade que si luego los demás «deciden» luchar también (60x&q, eventualidad próxima, subjuntivo), que lo hagan; pero en caso contrario, si no lo «decidieran» así (6ox&ot, optativo, posibilidad re- mota), «luchemos nosotros hasta el final>) (qpeic, 6E 6iapu~qohpsOct). En las Leyes de Gortina, redactadas en cretense en el siglo v a. J.C., se dice 84

que si de una misma madre <<han nacido» (ysvsrcr~, subjuntivo) hijos libres e hijos esclavos y se muere la madre (ano0crvii, subjuntivo) y deja bienes y propiedades (EL, subjuntivo), que las posean los hijos libres (zovc E ~ E U ~ E -

povq EXEV) (hasta ahora no ha habido más que subjuntivos en las condicio- nales). «Pero en el caso de que no hubiera descendencia de hijos libres (al 6 ~heu0cpoi p EXOEIEV) ...M (ahora ya se emplea optativo, posibilidad mas remota, puesto que se ha empezado a plantear el caso jurídico general diciendo: «si de una misma madre han nacido hijos libres e hijos esclavos*).

Sin embargo, en cuanto avanza el tiempo, el optativo ha ido perdiendo terreno en todos los dialectos griegos. Para empezar, salvo en las antiguas inscripciones eleas, el optativo es ya en torno al siglo v a. J.C. mucho menos frecuente que el subjuntivo, y en las Leyes de Gortina esta con respecto a este último en una proporción de 60 a 100, aproximadamente, y ya hay alguna fórmula que se expresa en optativo y también en subjuntivo sin que parezca haber diferencia alguna Tampoco parece haberla entre fórmulas que más tarde y en las inscripciones de manumisión délficas nos

82 11. IX ,,,,,. 83 Hdt. IX4s.4 84 Del. ' 179, Vil4,, 85 Del. ' 175, Vl,, ai 6E u' o avrip6kq ampohQi avsi 70 wp~oq 61 u' avnipohi6vri. Del. ' 179, IX ,a

ai 6' o av~cp6ho< ump&wi avni ro up~o< 61 u' avsip6hiGv~r. Cf. C.D. Buck, The Creek Dialecrs3, Chicago 1965, 138-139.

86 el? 335,13 (186 a. J.C.) EL 6~ ri< uu amqrar. Del. ' 342,5 (149 a. J.C.) EI 6~ ri< ~cpanroiro. Es curioso comprobar que hasta en las inscripciones eleas, en las que el optativo estaba implantadísimo en

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encontramos, las unas en optativo y las otras en subjuntivo. En general puede decirse que el optativo en las inscripciones dialectales va perdiendo poco a poco terreno frente al subjuntivo, sobre todo en oraciones tempora- les y de relativo. Incluso en eleo, dialecto en que el uso del optativo en subordinadas es muy abundante, a partir del siglo rv a. J.C. comienzan a asomar ejemplos de subjuntivo. Este es, pues, el sesgo que toma la lengua griega en su evolución: debilidad del optativo que empieza a ser sustituido por el subjuntivo. En la koiné de época ptolemaica el retroceso del uso del optativo es evidente («ist der Optativgebrauch in den letzten drei vorchris- tlichen Jashrhunderten stark im Rückgang begriffenn) situación de pér- dida que ya arrastraba el ático, que ya no conocía el uso homérico del potencial del pasado (11. V 311 xui vU xsv EVO' 4nóAot~o 6vuk 4vGpóv Aivsiac) y que en determinados casos toleraba que un tiempo histórico del indicativo reemplazara al optativo potencial (Antipho 5, 1 dfkwhópqv pBv . --- .

rQv GUvupiv.. .). Ahora bien, justamente esta situación de retroceso del optativo en ático

es la que hereda la koiné y, así, en el Nuevo Testamento, Act. Ap. 25, 22 EP~hÓpqv (Xnoúoui equivale a Puhoipqv 6v 4xoúaai.

Paralelamente a la creciente debilidad del optativo en ático se fortalece el subjuntivo eventual y por ende el subjuntivo prospectivo que en un2 oración condicional indica que el contenido de la acción verbal es realiza- ble. No es, por eso, extraño encontrar en los papiros ptolemaicos oracio- nales condicionales con subjuntivo eventual en la prótasis y un tiempo primario del indicativo (presente o futuro) en la apódosis: PSI 413, 22-7 (111 a. J.C.) duv yup Dyiaivop~v ... 6Sopsv dpiv. PTeb. 110, 8 (1 a. J.C.) dv pfl &m6@ ooi, Exrioo'ooi. Este tipo de condicionales estaba muy bien estable- cido en el ático coloquial de los siglos V y Iv a. J.C. (Ar. Nu. 933 xhai>osi, r j v x~ ip ' fiv htPcíhhq5. Ec. 239-240 ruUr' Euv d 3 q o % pot, 1 ~dGutpovoUvrs~ rov Piov Gt&~sre) y en él la condición se daba como un hecho. Pero junto a estas oraciones compuestas existían otras muy parecidas que, si bien tenían en las prótasis un optativo potencial (con lo que se presentaba la hipótesis como más improbable y menos verosímil que con el subjuntivo: «en el caso de que*), por el hecho de tener en la apódosis un tiempo primario del

época arcaica en oraciones condicionales, relativas y temporales y hasta sustituyendo al imperativo en frases principales, el subjuntivo termina imponiéndose. Así, por ejemplo, tal vez por influencia de la koiné, en Schw. 425, 2 y 36 (Olimpia, 11 a. J.C.) avar~8ar y rroiqcrrar, aparece el subjuntivo, mientras que en las más arcaicas encontrAbamos optativo con xa: De1.'413,2 (Olimpia, VI a . J.C.) auvpaara k €6 ~xarov FE SE^.

87 E. MAYSER, Grammaiik der griechischen Papyri aus der Ptolemüerzeit, 11 ,, Berlín y Leipzig 1926, 228.

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indicativo (presente o futuro); la hipótesis o el supuesto de ellas se conver- tía al punto en una perentoria necesidad para la completa realización y veracidad de la condición. Por ejemplo: And. 1 109 6 víh a6rfj (sc. ~ f j rrbhsi) Gnáp~si, si EBÉhoipev ... oocppovsiv rs xai dpovosiv &hhfihoic. El presente drtáp~si atrae a la realidad la hipótesis del potencial EBÉhoipev, que deja de ser mera condición potencial para acercarse a lo prospectivo o eventual. Este tipo de construcción (si más optativo en la prótasis, seguida de tiempo primario del indicativo en la apódosis) se encuentra con cierta frecuencia en Tucídides, Isócrates, Platón y Jenofonte. He aquí un ejempfo de cada uno de estos autores: Th. 1, 121, 4 si S oiv~ío~oisv, pshsrfioop~v xai -tjpsiq dv nhÉovi ~póvcp TU vaurixa.

En vez del futuro, esperanamos pshs~@psv üv (optativo con üv), en cuyo caso se mantendría en la apódosis el carácter meramente potencial de la condición tal como la expresa el optativo en la prótasis. Pero, con el futuro, al dar por segura la realización del contenido verbal en un tiempo venidero, rebajamos el carácter meramente potencial de la prótasis, que por ende se hace menos remota y se acerca a la mayor posibilidad de realiza- ción que expresa el subjuntivo eventual.

Dionisio de Halicarnaso en su Carta a Ammeo aduce un pasaje de

88 D. H. Amm. 11 ,, ,,,, 90.11 SS. Usener.Usener = M. USENER, Dionysii Halicarnassensis librorum de imitatione reliquiae epistulaeque criticae duae, Bonn 1889. Cuando a una oración condicional potencial (E< más optativo) responde una apódosis con el verbo en indicativo, se trata, en principio, de subrayar el contraste entre la condición incierta. aún imprecisa e insegura, y la declaración precisa y determinada que expresa el verbo de la oración principal: Hdt. 1 ;,,o6 yap r i d pdya nbiiaioq p&bv roü dn' ilpipqv E~ovroq dApiISrep6q dari, EI pqoCró~q dnianoiro navra xaA&E~ovra ed ~ ~ A ~ u r i p a i r6v pbv. En la Dolonia (11. X ,,,-,) leemos: ~ i ' riq pi bvfip üp' Enotro nai ÜAbq. 1 püAAov kArmipil xai

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Tucidides en que, según la lectura del ejemplar por él empleado, aparecía la prótasis si..EBÉhoipev seguida por la apódosis nepiyiyvsrai qpiv, para repro- bar este tipo de construcción de frases en el que se transgrede la corres- pondencia de los tiempos verbales (q FE nap& roUq xpovouq róv Pqpcirov EnpEpqxuia rb na~úhhqhov qpúo~q), pues piensa que si EBÉhoipcv apunta al futuro, en la apódosis deberíamos encontrar no un presente (mpiyiyv~rai) sino un futuro (nepiÉo~ai). De donde deducimos nosotros que Dionisio de Halicarnaso no consideraba incorrecto este tipo de construcción tan pecu- liar y tan empleado por 16s aticistas consistente en una oración condicional subordinada formada por ei más optativo y, a continuación, una oración principal con un verbo en futuro. Y la verdad es que, como hemos visto, la construcción está atestiguada en autores tan venerados por los aticistas como Tucídides, Isócrates, Platón y Jenofonte. A nuestro juicio, esta cons- trucción es muestra palpable de la debilidad sintáctica del optativo que iba perdiendo terreno ante el subjuntivo con el que a veces se le confunde. Isocr. 11 ,, si 'eÉhotp~v onon~iv ... et5pípop~v /D. XVIII 303 E&v &VEU q%vou~iq b ú h q ~ a i oxorcsiv, dp&úc ~I)pfloei [SC. ~ a ú r a pE@~h&upÉva]. Así se explica que encontremos oraciones subordinadas introducidas por E&v o EnsiF&v, que son conjunciones propias del subjuntivo, seguidas de optativo: Aristid. 1 SS. D ...TOU< 6' Ehcirrouq X&V 6x0 < P U U ~ O T & ~ C L C ~ I C L < P É ~ O I TLC ... LUC. Asin. i , 2 0 = 11 p. 2 8 7 , E yÓ 6E E X E L ~ U V i80l-pt TQV ypaúv E ~ L O ~ O U V TÓV E V ~ O V upzov .ijoeiov.

Así se explica también que incluso en ático penetre la partícula 5v en la prótasis de una subordinada condicional potencial: P1. Crat. 398 e 068 ~ i ' T L

oto< r' &v EQV edpeiv, o6 ouvr~ivo. Dem. IV, E 066 ei pi) sco~fiooltr' 6v roijso, ... ~ 6 n a ~ ~ q p ó v q r o v Eori, «y no es

ello cosa enteramente despreciable, ni aunque vosotros no hicierais como yo digo que hay que hacer». Esta intromisión de &v responde a un intento de acercar el optativo a una frase de subjuntivo eventual (E&v ro6.ro yÉvq- mi, «si eso llega a producirse»), pero un optativo cuyo valor ya no es el antiguo de potencial («la mera posibilidad)), «una mera representación u opinión del hablante»), sino apto para señalar la eventualidad (ala posibili-

kpoaheOrepov Eorai. Y este tipo de construcción de frase completa (la prótasis de ~i y optativo, y la apódosis en futuro de indicativo) tiene sus paralelos en oraciones complejas formadas por prótasis de ~i y subjuntivo eventual y oración principal de verbo en futuro (Od. V ,,, ~i 6' a6 rig (iniqoi k ó v $vi oilorrt xbvícy, 1 rhijoopat) y en otra\ cuya prótasis está formada por ~i y futuro de indicativo y la apódosis por futuro u otro tiempo primw del indicativo también (Th. VI ,,., E< pq pq0~osr~. oU xspldorai rdwsi). La diferencia que existe eii..s estas tres posibilidades de prótasis condicional e s que en la primera (optativo) la suposición se presenta como sometida a determinadas condiciones, en la segunda como previsible, y en la tercera como absolutamente realizable. Cf. K-G, O.C. .ll, 2, 478 SS.

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dad de realizarse algo en determinadas circunstancias»). X. Ap. ,, si, ooa stpqxa mpi EpauroU, pq6siq 6Uvaiz'Gv ESshÉykai ps dq \Irs~Xoport ... «si, de cuanto acerca de mí mismo llevo dicho, nadie va a poder tal vez...» (afirma- ción atenuada). X. Mem. si' y& pq6E GoUhov 6xpatfi &&Saip&ü &, nO)q oUx 3Stov aUtov ys (sc. tOv 2hsUBspov) cpuhcíSao0at ~oioUtov ysv~oeclt; D. 21 212 si 6' odtot ~ p q p a ~ ' E X O V T E ~ pq 5~pÓotvt' Gv, nóq 6piv mhOv TOV Opxov npoEo0at;. Se ha dicho 89 (acertadamente, a nuestro juicio), que en estos casos 6v implica que la realización de lo expresado en la prótasis podría darse en determinadas circunstancias, y, así, si roza el valor causal que tiene en subordinadas condicionales formadas por si más indicativo como ésta: Th. VI 9 1 , si a 6 . r ~ -rj nohtq hqcp0ijostat, ~ ' X E T ~ L xai q n&oa Xtxshia. Y existen casos de futuros con Gv en oraciones principales: P1. R.,,,, o 6 ~ finsi, cpcívat, 068 Qv ~ S E L 6sÚp0. X. Cyr. IVSa9 XQV pEv bx6psv dcp~hsiv ... O ~ T O

~ p o h p i a q oU&Ev QV EhhsiJIopsv. VI1 , Otav &E m i ai'o0ovtai qp&q E V ~ O V ovtac, nohU Oiv E t t pálhhov fi vUv 6~ps io t Eoovtat 6x0 toD Enn~nhfj~eclt. ES lógico que la debilidad del optativo repercuta en el subjuntivo y el futuro.

Así pues, estos usos un poco extraños del optativo en las prótasis de condicionales cuando en sus apódosis aparece un tiempo principal del indi- cativo tienen sus raíces en el ático, en un momento en que la debilidad del modo optativo en este dialecto es tan notoria que o bien no se usa o bien se emplea con tan excesivo celo o hipercorrección, que resulta un superfluo sustituto del subjuntivo o del indicativo.

Si este tipo de construcción es mucho más frecuente en los documentos del período romano y bizantino que en los de los primeros siglos del griego helenístico, habrá que concluir que la lengua de los documentos oficiales no tiene por qué estar separada por una insalvable distancia de.la de las obras literarias 90.

89 E. SCHWYZER-A. DEBRUNNER, Gr.Gr. 116B,-6 : «in solchen Beispielen betont &v, dass die Venvirklichung unter Umstanden moglich sein konnte, und ~i streift an kausale Bedeutungn. Es im- portante señalar, a nuestro juicio, que naaa tienen que ver estos casos de «optativo y üv» en la prótasis con el de &i xc más optativo en Homero: 11. V 1 , , ~i TOVTW X E ~ Ú ~ L ( I E v , Od. XII13gq ai' X É p o ~ ¿bq p p v i a r r p a o r a i q c , en el cual no se aprecia ninguna diferencia respecto de la prhtasis formada por d más optativo sin partícula rnodal. La construcción que estamos estudiando es propia del ático reciente y nada tiene que ver con la hornérica ci (a<) XE . En Hornero y en dorio se dan casos de ci / a i más particula moda1 en las prótasis de las condicionales irreales. Ejemplos: 11. XXIII 326 ~i 6É X' t r t r p o ~ É p o yÉvaro Gpópc. Ar. Lys. 1099 a i ' x ' ~ & I V &pB rdv6pc< Uvaracphaa~Bvoc.

90 B. G. MANDILARAS. The Verb in rhe Greek non-literary Papyri, Atenas 1973,283 m... oblige us to consider the use of the optative in this construction as a revival replacing the subjunctive*. 192 N... the optative in the protasis is not genuine, but a revival under Atticistic influence~. A. DIHLE, o.c. 163 ,'Die auf Papyrus erhaltenen Privatbriefe - Texte also. die den geringsten Grad literatur-oder verwaltungss- prachlicher Stilisierung aufweisen - lassen deutlich erkennen dass der Optativ irn l. 3h. v. C. aus der lebendigen Sprache so gut wie verschwunden war. Durch das ganze 1. und 2. Jh. n. C. jedoch nirnmt die

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Por consiguiente, cuando el ático está a punto de convertirse en koiné es cuando sobre todo se producen esos usos peculiares del optativo que luego recogen los aticistas.

Libanio en sus Discursos y Epístolas nos ofrece estos ejemplos:

Lo mismo podríamos decir de otros rasgos sintácticos de la lengua que Libanio emplea en sus obras. Por ejemplo: es cierto que a veces nos en- contramos optativo en una subordinada que depende de un verbo principal en tiempo primario, no histórico. Así Or. ,,,,, E@ GE x p o ~ oE x ~ p i roúmv, OUX d m q hupOic. , , . , , & x o h xohhuxq 9vru~SOi h~yóp~vov, dq ~ i ' q Vópo~. Ep. 2 8 2 , 271~1671 r j v oVGEV poi r u v ~ q o i GEUTETUV 8 m ~ ola ~ ~ Ó T E ~ v flv q u v ~ i q xuvru x o ~ ~ i ~ . Ep. 604,1 hoyi[opui yup de E@< pEv ijpspo~, ~ i 'qq GE hóyov dpuorjc TE xui xoiq~Tjq. Ep. ,,,, Vv' ou'v xpoq r@ Gsivoc sixeiv EQC xui Gixuioq, xÉpx~ TOV ouuroú xui m i ~ i xui dpE oóv <pot~q~tjv.

Lo encontramos también en Dión Crisóstomo, Luciano y Elio Aristides. Ejemplos: D. Chr. I I , , , , , , D=II, ,,,,, Von Arnim (6Ei) ~ j v <puhax?p d ~ q v É'XEIV, 6xoc pfl hueot u6rov 7'jroi uvuo~io€kiq 6x6 @ovóv fi xuru- xhays i~ 6x6 q ó p v fi xupuxpu 8Eiq 6x0 Exifhpiaq ... Luc. DMort.,,, 1 9'

6 x t o ~ v s í ~ a t 6E ii~ohspuioc ... % + E ~ v Ex~i, dq y~voipqv ~ l q TOV Aiyuxhv W v . Aristid. XXIII ,, K 9 2 x t o r ~ U o q r ~ oihqetc ~ i h i ~6 xuhuiov T O ~ T O dq.. ui ~ Ó ~ E I C &kv, Q I A ' ~ a v 6 p ~ ~ a6roiq ~ i s ó ~ ~ q 0upp~iv.

Frequenz dieses Modus in eben derselben Gruppe subliterarischer Texte betrachtlich und kontinuierlich zu, parallel zur wachsenden Bedeutung der Elementarschule~.

91 1 = C. IACOBITZ (ed.) Lu~iani Samosatensis opera 1-111, Leipzig 1851-57; reed. 1-11, 1870. 92 K = B. KEIL (ed.), Aelii Aristidis Smyrnaei quae supersunt omnia, 1-11, 2.a ed., Berlín 1958.

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Pues bien, tanto unos como otros tuvieron oportunidad de leer en Tucí- dides, Platón y Jenofonte frases subordinadas con el verbo en modo opta- tivo (optativo oblicuo) dependientes de un verbo principal en tiempo prima- rio. Ejemplos: Th. 138,1 uxoimt 8' O V T E ~ & p ~ o r á o í te 81& ~uvroq xai VUV mhepoUoi, hÉ yov~sq oSq 06% Exi xaxióq nuoxeiv Exxepcp&i&v. P1. Hp. Ma. ,,,b AÉyei ó hóyoq 6zi N~oxróhepoq NÉoropa Epoito. Hp. Mi. 365 b dv zoUzoiq Gqhoi (sc. "Opqpoq) ... 035 Ó pEv 'Axihhsuq ~ i ' q ciihq07iq rs xai áxAoUq.

Y Jenofonte, que emplea exageradamente el optativo, nos brinda estos ejemplos: X. Cyr. VIII,,,, hóyoc 8E a6roU 6xopvqpovsD~tai, o& hÉyoi ... An. 1 63 ~ ~ Ú < P E I ... 6ri ficoi, etc.

Consiguientemente, una vez más comprobamos cómo los famosos «usos incorrectos» de los aticistas, debidos al enfrentamiento de la norma del ático con la de la koiné, tienen ya precedentes en el propio ático, lengua de la que deriva el griego helenístico.

En los Discursos y las Cartas de Libanio nos topamos también con infinitivos empleados por imperativo: Lib. Or. 4.L4 paív~o0aí pe p&h?m 4 ~6v'OpÉotqv hÉyeiv. Or. ,,,, heyÉroouv pEv odv iatphv naiGq ... c d 8E ... <púoxeiv ... Ep.539,3 oihh', 05 'ya%, yevoU xors xai BiGáoxahoq, dxei8fi paeqzq~ 2yÉvou yevvaioc, xui a6zÓc TE Zhikiv xai pera PiPhiov. Ep. 93.43 @ mhhoUq 66shqoUq xai xoteiv xui xÉpxstv oSq &pcpor&pwv zo6zov EoopÉvov xai xepi Exeívouq.

Pues bien, estos infinitivos por imperativo están bien documentados en el ático de Tucídides, Platón y Jenofonte y en el Nuevo Testamento y en Elio Aristides 93. He aquí algunos ejemplos:

93 Hay ejemplos abundantes de este infinitivo por imperativo en Homero, y es más frecuente que el imperativo en las inscripciones dialectales arcaicas (ej.: j6n.-át. Del. ' 731B 7-8 ~ a v 6E ri n a q 6 pA~6aiviv pe); incluso en eleo, donde existe un optativo potencial prescriptivo, hay también infinitivos por imperativos. Naturalmente. tambikn los encontramos en el Atico coloquial de Aristófanes y en los dialectos que hablan los personajes de sus comedias: Ar. Ach. 816s. 'Eppá ... rav yuvaixa d v ipav I

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X. Cyn. 6.11

zov xuvqyÉrqv Exovzct E5tÉvai Ehacppkv do0fy~a Eni zO nuvqy&o~ov, zov SE oipnuopov Enso0ai.

Fijémonos en que en el primer ejemplo que hemos citado tanto de los Discursos como de las Epístolas de Libanio el infinitivo va precedido de un imperativo (hsyÉzwoav ... cpáoxstv 1 ysvoU..Ek0siv). Esta construcción e s bastante frecuente en ático: Ar. Ach. 2 5 7 npópa~vs, XBV z d x h q cpuhárr~o0ai ocpóSpa. Th. VI 34,9 n~i0soOs odv, páhtoza pEv z a h z o h p q o a v r s ~ , si 6E pq, OTL zcixtoza tdhha E < TOV n ó k s p v &COL~Q(=ELV, xa i napaozr]va~ nuvzi zo pEv xazacppovsiv toUc Enióvzac dv zóv Epyov zíj cihxij S~ixvuoeat P1. Chrm. ,,, Ea xaipeiv ... ahh' a6z+ n p o o É x ~ ~ zov voúv zQ hóyq oxoneiv ...

También en el Nuevo Testamento encontramos tanto el infinitivo por imperativo como el infinitivo por imperativo detrás de un imperativo. Ejemplos: Ep. Rom. ,, ,,, xaipsiv psr& ~a ipóvzov , nhaisiv ~ E Z Q X ~ ~ L O V T C L ) ~ .

Ev. Luc. 9.3 pqGEv ai 'p~za s i j zqv dSÓv, p t r s fiupGov pqzc nfipav p t p 6pzov pqze cipyúpiov p7jre 4vk Sijo ~ izóvac .Exav .

También emplea Libanio en sus Discursos y Cartas el infinitivo sustan- tivado en genitivo para expresar la finalidad. He aquí algunos ejemplos:

94 No estamos de acuerdo con i.7 nterpretaciónde este pasaje que leernosen J. CLASSEN-J. STEUP, Thukydides, VI, 4.a ed., Berlín 1963. $3: «Die folgenden Infinitive ... stehen zwar auch in grammatischer Abhangigkeit von rrsíkok, doch so dass aus der speziellen Bedeutung desselben ein allgemeines 6 ~ i vorschwebta.

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Lib. Or. 25.3, xairot rcohhci y s si8q xai psykha Souhsiac osoiyTlrai ro8 pq zo pijxoq ivo~h i joa t roic fixouotv 6 ~ 1 rfiv &xpóaoiv.

Este infinitivo precedido de artículo en genitivo y dotado de valor final es una variedad del genitivo de relación, que se desarrolla con posterioridad a la sustantivación del infinitivo mediante el artículo y se documenta en ático a partir de Tucídides (I,,, zo8 r&q npooo6ouc p&hhov Zvat aUQ) y en la koiné ( E v . Matt . L3,3 EE,flh0w d onsipov roU onsipat).

Un ejemplo interesante y muy ilustrativo de hasta qué punto el aticismo y la koiné, lejos de configurar compartimentos estancos, se interpenetran, es el de las construcciones con las negaciones o6 y pq. No sirve decir que Libanio y los aticistas unas veces respetan el uso ático en la elección entre o6 y pfi, y otras, en cambio, proceden en forma iconoclasta, siguiendo las pautas de la koiné, de esa modalidad degenerada de griego que ha perdido las antiguas diferencias tan sutiles entre las negaciones y extendido desme- suradamente el uso de pq 9 5 . Hay que decir toda la verdad, a saber: que ya en el modélico ático de Tucídides, Demóstenes, Platón y Jenofonte nos encontramos con las incoherencias siguientes: Th. 1 6 7 . 2 h&yovr&q OUX E ~ V C L I

a6rÓvopot. PI. R. 346 e Ehsyov p q 6 h E0Ehstv €xÓvra Ü~XELV. Dem. 19 Wp- VUE ... pq6Ev sipqxÉvai. P1. Ap. 35 c dphpxsv 06 ~aptsio0ut. PI. R. 3 8 7 d oxÓn&t 6fi..&i 6p0(í>q ESatpjoop~v fi 06. Ap. a morcsiv.. ~i Gixata hEyw 11

95 W. SCHMID, IV ,,,: «pq seine alte Gebrauchssphare weit überschreitet und sogar vereinzelt in den unabhangigen Behauptungssatz eindringt*.

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pfi. Y por otro lado, hay que reconocer también que la negación pq s.; iia ido extendiendo a expensas de 06; así, tras una continuada y larga penetra- ción de esta negación que se viene produciendo en griego desde antiguo, basada en la analogía funcional, su especial matiz afectivo, su especial resistencia al hiato, se convierte pfi en la negación por antonomasia, hasta el punto de ser la negación del moderno giro conocido con el nombre de infinitivo sustantivado (P1. R.,,, d 6th t6 pfi ei6Kvui. Th. I ,, , z6 6t' qpüq ííehoxovvqoíouq u6toiq pfi @qOTjaut) y a veces del sintagma compuesto por negación más adjetivo («negación de la palabra concretan), por ejem- plo: Th. 1 l i 8 , 2 6vtsq pEv xai xp6 toU pfi zu~eiq .

Así las cosas, ya no es tan extraño encontrar vacilaciones e incoheren- cias en el uso de las negaciones por parte de los aticistas ni tampoco lo es el incremento verificable de los casos en que aparece la negación pfi.

En este ejemplo vemos el infinitivo sustantivado con la negación pfi, lo que es usual en ático, y luego otro infinitivo con o6 que no tiene otra explicación (ya que en la koiné la negación del infinitivo es pfi) si noes el deseo de variedad en la expresión a partir de un código lingüístico -el del ático del siglo iv a. J.C.- que parecía no distinguir netamente los empleos específicos de las dos negaciones. Sólo así puede explicarse este empleo de o6 en una oración condicional eventual con subjuntivo:

Lib. Ep. 18.1

qpu(e 06, KuhAtÓxte oi) ybp tu T O U ~ E xuhOq oiof3ct UV So6x 20Éhgq hÉyeiv, 6vQyxq BpE puvt~ó~o0ut .

Recordemos que en los autores áticos se encuentra a veces o6 tras e160 cuando se niega de este modo el enunciado de la frase anterior: Dem. 15.24

ci 6É t6v pEv c3q qaUhov 06% 6puv06p~Ou. Y es importante tener presente asimismo que con el verbo EBÉhw (&%o), el verbo @iíhoput y algún otro, ei con indicativo comienza a invadir el terreno del subjuntivo eventual prece- dido de Iuv. Por ejemplo: P1. Prt. 342 a ei Púhei ha@iv pov xcipav. Prt. 348 a xUv pEv @Ghq E t i Epotüv. NT, E. Matt. ei 6E d dqeolhpóq oou.. oxuvbu- hí(si. Ev. Marc. 9, 43; 45; 47 E&v oxav6uhí(y, etc.

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Consiguientemente, los ejemplos anteriores no hacen sino reflejar la situación de inconsistencia que padece el ático del siglo iv a. J.C. En cuanto a la otra tendencia que notábamos en este mismo estado de lengua, a saber: la extensión de pfi frente a 06, también la detectamos bien implan- tada en los Discursos y las Epístolas de Libanio, quien, al igual que los autores tardíos y los aticistas, extiende la negación pfi a las subordinadas causales, que todavía en Platón aparecen negadas por 06:

PI. R. 3 4 i e 6iu ruUru xui tÉxvq Eoriv 4 iuzpixfl vUv qUp~pÉvq, ózi aópu 2ori novqpov xui 06% Ekupxsi u6rQ zoioUzq ~fvui .

Plu. Thes. 28.2

2 n ~ i pq6Ev &vrirtinzst rtupu rhv ioropixóv roic tpuyixoic.

En los Discursos y las Epístolas de Libanio aparecen las preposiciones oúv (más dativo instrumental) y p ~ r u (más genitivo partitivo) como si fue- ran estrictamente equivalentes. He aquí un ejemplo: Lib. Or. , zhv 62 aUv 6xh01q 46.dkv Enióvmv. 30,54 066' d TOUC ~ É P G U ~ ~ X E ~ V O $ ~ E W 67~hWv Ehqhuxóq. Ep. 349,l f l 6 í o ~ ~ ) y& 6p6v fl O U V O U O ~ T ~ V p h 0 6 ~ Cp'pyWv, U

psru roU 6ixuíou npurrst$, ÓpopÉvwv, 'IouhiuvoU 66 rOv uUzoü Gtfiyqoiv Cxovroq, Ü xui a6r& ocv rQ 6ixuiq n&vnx Enpúzz~ro.

Sin embargo, nosotros sabemos que en ático castizo, el de la prosa de los oradores (Isócrates no tiene un solo ejemplo de oúv y Demóstenes usa oUv 15 veces frente a 265 ocasiones en que emplea p ~ t u ) y el de la Comedia aristofánica, p ~ t u con genitivo ha desplazado a ,kijv (oúv), que o bien apa-

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rece en arcaicas frases hechas (Ar. P1. , l 4 oUv BE@ 6 sipfio~zai. P1. Prt. 3 l 7 b

oUv es@ sinsiv) que ha conservado el ático coloquial y que también se encuentran en inscripciones de otros dialectos (jón. Del.3 746, , - 6, Milasa, 355 a. J.C. xoli Mauooohhou psv oo0~vzoq o u v rwt Aii, panf. Del. 3 6 e 6 . 1

Silion, IV a. J.C. o u AiFta xai Hitolpotot) o bien con los significados espe- ciales de «incluyendo» (cf. át. lG! 2 3 2 9 , 5 , 414 a. J.C., xscpahaiov ouv sn6- vioiq) O de «además de» (D. XXVII 6 Epoi zs OUV r o i ~ cipxolíoiq zov O ~ X O V

2x róv npooohv p~i@c~ noifloai). Por lo demás, en ático lo que se emplea es pszQ con genitivo frente al giro oBv con instrumental, que es más antiguo y es empleado con gran frecuencia por los poetas y prosistas jonios. Pero en la prosa ática de Tucídides, de Platón y de Jenofonte uno encuentra ejemplos en que oUv con dativo es equivalente a psr& con genitivo. Dice Tucídides, por ejemplo, en unas ocasiones pez& onhov y en otras oUv dnhotq: Th. V ,, ,, xoli roUq Cupp&~ouc xai T O U ~ 'Apyaiouq psO' onhov c i v ~ ~ r ~ z Q ~ 0 a i . Th. 11 ,,, Eoijhbv nspi npórov Unwv ~ U V ónhotq Ec ilhkaiav. Veamos otros ejemplos de equivalencia de oUv y pez& en prosistas áticos del siglo IV a. J.C.:

P1.. Prt. ,,,b oi p ~ r ' Cxsívou. X . An.1 2 , , , MÉvov xai oi oUv aUz@ X. An. 11 ,, 18 6rt roUzov oU6Ev &v 0Éhoi xr&o0oli psr& &6ixiolq, &hh& oUv .so! 6ixaíq xai nah@ @ETO 8siv Z O ~ T O V W Y X & V E ~ V , GVEU 66 roúrov pq.

En los Discursos y las Epístolas de Libanio encontramos muy frecuen- tes casos de esta equivalencia de oUv con dativo-instrumental y psr& con genitivo: Lib. Or. 18.20 1 oUv Cntozflpq. 5 9 . 1 50 ~ E T ' Ento~qpqq. , ,225 Wor'sL- V U ~ wl m i OUV d ~ ~ q ( P B É Y Y E O ~ I . 18.221 X C ( T É O X ~ ~ T O V PEZ' d ~ ~ f i ~ EP. 475,2

Mqrspiq 6E z@6s nap'fipiv i)n~jpC~ pÉv ri m i ~ ( J ~ T ~ V O I L , r& nhsio 8E onou- 6&oai, róv pEv p~0 ' ~ ~ v ~ U o ~ o u p É v q , ~ O v 66 ~ U V ~015 r& nohtrtn& npázrow oiv cinohahvrt.

Comparemos ahora estos ejemplos: Ep. ,,,, xai <óvzi psz' 6v6pbq hó- youq ~pyoljopÉvou. Ep. ,481 ,, <qv p&v y&p qysizui .so oUv nai6i (qv. Ep. EUosPíq r@ <WVTI psz' 6psrijq. Ep. 1 2 3 S s 1 xoli qpks oUv & p ~ n j .

Vayamos a otro caso: la construcción del verbo cpqpi con dq y ozi, contrariamente al uso del ático, que es la construcción con infinitivo, como muestran desde antiguo las inscripciones: IG 1 (426 a. J.C.) ha 66 huno n~p6[txxo E6txEo10rxi cpaot. IG 1 9 2 4 ( V a. J.C.) AuoiCI~oq Muxtova cpihiv 'cpEoi pahiora zov EV TEL rcohii. av6psioc yolp ~ o ' r t .

En Elio Aristides (Aristid. XXXVI 4 K) leemos: s i y&p a13 cpqoouoi 6rt ouvÉxsia zóv Crqoiov &i.lo0si zdv Nsihov ... En los Discursos y las Epísto-

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las de Libanio hay ejemplos de qqpi con (5c y con 6ri. He aquí algunos de ellos 96:

Pues bien, resulta que qqpi acompañado de (5s y 6rt no sólo aparece en la koiné 97, sino que además encontramos ejemplos de esta construcción en Lisias, Demóstenes, Platón y Jenofonte. Helos aquí:

La construcción del verbo vopíro con una oración completiva es rara en

% Cf. asimismo Lib. Ep. 1 ~ 1 , , 2 cpaiqv 6' dv 671 ... 11sr.4 cpaiqv 6' dv6s1 ... 1436.4 cpaiqv 8' ÜV 6s1 ... 97 NT, Ep. Cor. 1 1 0 . 1 ~ r í oUv cpqp~; 671 ~i6ohoBusov si E'os~v; fl 6s1 ~ i 6 o A . ó ~ sí dmtv;

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ático. Sin embargo, en Tucídides la encontramos: Th. 111 88.3 vopicouoi 6E oi Exsivp oiv(3pox01 EV rij 'Ispü 055 d "Hcpatoroc xuhxsiiet, órt rqv viixru cpuivsrui xup &vu6~6oúou nohu xui TGV qpÉppa vuxvóv. Y luego la encon- tramos tanto en la k ~ i n é como en el aticismo: Ev. Matt. 5,1 pfi vopioqrs Or1 dh€bv xuruhúout rov vópov. 2 ~ . l o Evópiouv 0.51 ... h7j\lrovrui. D.Chr. 11, ,,,, Gjors vopicsiv Ort 6tu xpqpctru Eonou6úa0qv dq' dpóv. Lib. Or. 2.4 xpi) vopicstv Ort v&órepoc pEv <;jv flniorupqv oocppoveiv. Ep. 65, vopicw 6E O21

6s rqq popqfj~ d r ó n o ~ Z ~ V TE Epóv civapv~ost hóyov (3v rs uh-35 Bxq y yÉhhov. 9,0,3xai pfiroi vopíoqq 621 xpoo07joo xui Epuuróv. xuhut yup uia0uvopui xurun~qpovq pÉvo5.

Encontramos también en los Discursos y en las Cartas de Libanio los verbos oiput y Ehxico seguidos de completiva con 055 (óri), construcción que no sólo comparte nuestro autor con la koiné, sino que, además, tiene precedentes en ático del siglo iv a. J.C. Ejemplos: Lib. Or. 12,50 oiqkiq 6E 6'21 ro xpfipu róv nóhsov o6 ru6r6v oiv9póxq n ú o ~ e i (cf., en cambio, 1,3 oiovrui 6É T L V E ~ ZOV Ep6v ixinunmv 96 ' I ruh iu~ fjxstv). Ep. 734,3 @pqv 6E dri 6ei xpoosivut rG) Gópq xúhhtov u6roú roú Gópou, ypúpparu au. ,,,,, oipai Sdq Exuivsoópe0u xióvrsq. NT, Ep. Jac. I pq y&p oiÉo0o d Üv9po- no5 Exsivoc 6rt hqJIsrui 71 nupu roú xupiou. X. Hell. VI 3, 12 TOUZO oi'srui ric,, dq E X E ~ V O C @6hsrui ~pf ipuru Qvuhhouq Ühhouq psyúhouq xoiqoat;.

También Luciano, en plena vigencia del aticismo, se vale de esta cons- trucción: Luc. Lex. 11146,24 Macleod xui oi"o0ut Ori npóroc t o q uCróc, fjv TU xuvrov ouxocpuvrTj~. Lib. Ep. 735,8 Ehxico 6E O t t xui 6115 zoú xui605 mhhoijc qpiv BhÉy6sq fifpopac o ú r q bEj phÉxovro~ xui $Éovroq. ,,,, , ro yup Ehxi<siv 035 u6tixu cpuvsizut ilerpóvtoq 06% E'$ xa&UGsiv. (En cambio, en los Discursos leemos 0r.48,2 Ehnico pEv 0th UpÚq 6'0so0ui p01 p h s - miiq). NT, Act. Ap. ,,, ,, Üpu xui Ehxi@~ Ó T ~ ~pfipuru h b j o s ~ u i ~ 6 % ijn6

206 iiuiihou. He aquí, ahora, algún ejemplo del ático: Th. V 9,3 xui 06% &v ihxiouvruq (55 Gv Exs6Éh€bi r15 u6roiq 95 puxrp. VII154,i xui Üpu ixsh- nícov d~q xui psrufkthsirai. P1. La. 200s XÚVU 6E psytihqv Ehxi6a ekov dq &j nupu 206 Aúpwvoq oocpiq u6rqv Q v s u p ~ o s q .

No podemos extrañarnos al ver que a veces en las Epístolas de Libanio a un verbum sentiendi, como Uxovo&o o xuv0Úvopu1, le sigue una oración completiva con (35 o &ri, porque en Jenofonte nos topamos ya con la misma construcción:

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qihruzotc nÉntoxev criv6puoiv; X. An. IV6,,,

toútov xui nuv0&vopui ó t i o6x ü ~ t ó v Bati t O bpoc.

An. VI 3,23

Ensitu 6E xui t ó v xutuh~hsippÉvwv Enuv%vovto 6ri oi pEv Opüxsc ... HG IVe,35 iinovoóv 6ri x u t u o t í p q aU tfiv ixsi qpoupuv &mnopsí>mito.

Como es sabido, también en griego helenístico, en koiné, está atesti- guada esta construcción: PHamb. 27,2 (111 a. J.C.) nuveolvópevoc uCtoi, 6tt cinqh&v.

Si pasamos ahora a la cuestión del acercamiento entre los tiempos per- fecto y aoristo, podremos comprobar que, al igual que en los casos ya vistos, en ático del siglo IV a. J.C. se pueden coordinar ambos tiempos en una especie de duplicatio retórica, y que luego tanto en la koiné como en el aticismo nos topamos con evidentes casos que demuestran la aproximación mutua de ambos tiempos. Ejemplos: Dem. XVIII 198 &vtÉxpou(~É 21 xui yÉyov' oíov o6x 8st- napsotiv Aio~ívqc . ,,, z i ou'v mGt' Enfipapui xui 6i~tsivcipqv oiirooi acpo6póq;. ,Ensi6fi 6' o6x Ehutzw hoyov zcihha 6is@hv civfihoxs xai tu nhsiotu xurs\lrsúoutó pou.

En koiné: NT, Ev. Matt.25,6 pÉoqq 6E vuxrOq xpuuyij YOVE VE V. Apoc. s,7

qh&v xui sihqqsv. En el aticismo: D. H. Amm. I 4 p. 83,13-14 R xui pfiv Ev t@ Emtuqiq

yÉypacpsv. D. Chr. 1203.24 T E ~ E U T ~ ~ Ú V Z O V ~~%atpovÉotutoq, nhijv 6061 h ~ - hUnqtai nspi t ó v rcui6ov.

En las Epístolas de Libanio: Lib. Ep. 756.7 ruútqv EyO 6É8wxu ~ i jv .Bn i~- zohijv. 775.2 xui VUV taúzqv É6wxu rqv ixtorohflv. oU 6E 60uq ruútqv rfiv Eniorohrjv xui T E T L ~ ~ X O ~ tipq zoouúrq TOV i)no ooí toUq pEv rjpshqxóruc hóywv ~cpúnvtoa~, toUc S o6x &qsorqxorac pühhov Exso9ai nsnoiqxuq. ,,, ,, npOq si6Óruq 9ypu~uq Q yÉypucpu~.

En Libanio, como en los Deuterosofistas 98, en la koiné 99, y en el ático de finales del siglo V y comienzos del IV a. J.C., encontramos adjetivos neutros sustantivados ' O 0 . He aquí unos cuantos ejemplos: Lib. Or. ,,,,,

98 = I12,.,3- 1. V. ARNIM. 99 W. SCHMID IV ,,,: «Vollig gelaufig ist der attische Gebrauch neutraler Adjektive in der Funk-

tion von Abstrakta». 100 B-D 165: ~Dieser Sprachgebrauch ist aus der alten profanen Literatur (Herodot, Thukyd.) oft zu

belgenn. Cf. MAYSER 11 , ,...

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oUro r¿$ pEv thouoiq rO qthóztpov ~ p o o s o ~ t v . Ep. 12523 xahov 6É oou xai zo rshsuraiov. ,o,,, E ~ X E pkv y&p t&yu&v roUro xai xpchspov 71 xóhtq. NT, Ep. Rom. ,,, ro ~ p q o r o v roú &o6 sic psrcivotcXv os &yst. E p . Cal. ,.,, Epya&- p ~ k ~0 &YU&V. Th. 111 44,4 X C I ~ 06% 65th Up&q 'C@ E ~ K P E T C E ~ TOU E X E ~ V O U GYOU ro ~pfioipov roU 2poú ckhoaok t . P1. R. S,,, nór~pov E~cior~ípqv ro CXya&v cpfjc;

También el llamado odroq epanaléptico lo encontramos en ático del siglo IV a. J.C. (es muy frecuente en Jenofonte) y en la koiné (Polibio y el Nuevo Testamento) y en los Deuterosofistas y Libanio.

Ejemplos: X. An. 11 6,30'Ayictq 6E xai kxpcírqc.. xai roUm CX~sOmvÉrqv. Oec. 2,5 5Évouq xpoofixst o01 mhhohc GÉ~soOctt, xai zoUrouq p~yuhoxpsnc3q. An. 114,15 MÉvova 62 06% Erfirst, m i ~ a ú r a ~up"Aptctiou I;jv roú MÉVOVO~ &vou. Plb. I14,4 6 yoLp 6x6 r6v E~Bpóv a6zoi xpoos6oxov ooov 7'j6q nsioso- Bcli, raUra ~ ~ C ; ~ T T E L V ct6roiq 2nsivotq xapÉ60xsv EV X&VU Bpa~si ~ p ó v q xarQ róv xohspiov. NT, Ep. Cor. 16,, &hh& 66shqoq pszu CX8shqoÚ xpivsrat, xai roúro Exi dxiorwv; Lib. Or. 47.36 6 y&p Qv E6pórro pq6svbc vopou xohUovroq, rctúra xwhiiovtoc yíyvsrai. Ep. 1347,4 cpqpi 6É oot ro xoíqpa psr& z ó v Mouoóv ouyxsioOcti, xai roUro o b 0 a pórhhov gt&pwv. ,403, 46q 66 &yovrov ~ipfivqv xcri oupxv~óvrov fjxÉ oou ypcippara qÉpovru 68upiav xcti rov xoh~pov & V ~ V E O Ú ~ E V ~ . 6hh' E$ nai roúro &ubhuoa. D. Chr. I,,, SS. xcti y&p 64 xui ~ 0 6 s ofisv, o ~ i roiq xuhhtoza xohspsiv xctpsoxsuuopÉvotq, ro6- rotq pcíhiora Ecsortv sipfivqv U ~ E L V . Aristid. 1 8 9 , 14 SS. D T ~ V S u6 psB Uy ísiav xsptoxoU6uo~ov 6vOpOxotq ~pqpcirwv xr-ijotv, xai rct6zqv Zapcíxtq 6i6ootv u v ~ u xohÉpov.

Sin salirnos de los pronombres, el neutro del indefinido ttq, rt en fun- ción expletiva («das ohne besondere Bedeutung angehangte Pronomen in- de$nitum») 'O1 se detecta tanto en las Epístolas de Libanio, como en los aticistas y en la koiné (en papiros 'O2 y autores literarios). Ejemplos: Lib. Or. ~aUzqq 066~4~ zt wf3porÉpct~ t!vzctÚOct Exrqocipqv qlhicrq. , ,27 oG6Év r1 roiq xrq0síoi ~ p ó p s v o ~ . Ep. 395, si SE 066Év 21 X ~ O ~ É ~ X E V . 400.2 oU6Év r1 ficiovv pÉhhstv. 653,l y l343,l CTXE&VTL. D. Chr. I,, ,, D=I ,, ,,,V. Arnim o66Év rt psraozpscpópsvoc. PTaur. 1 ,,,, ( 1 16 a. J.C.) $hsysv xohij TI x~ppioBclt xcti roUc ~pqpartopohq roijrouq. Str. IV,, xctioixsiav ~ X E & V TI, xapso~sUaoav ~ o i q 'Pwpaiotq óhqv zflv vfjoov 'O3.

101 W. SCHMID IV ,, ,. 102 MAYSER 11 ,,,: «Da in der Neutralform des Adjektivs an sich schon der Begriff der Allge-

meinheit liegt. kann T I in solchen Ausdrücken auch fehlem,. 103 1 ,,5,,11 MEPEKE. MEINEKE = Strabonis Geographica, recognouit A. Meineke, Leipzig

1866.

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Este valor expletivo del neutro ri lo hallamos ya en los prosistas áticos de los siglos V y IV a. J.C.: Th. 3,68,4 o ~ s 8 o v 8É rt xai ro 6i)pnav nspi riharat ó v oi Aaxs8atpovtoi oijroq &xotsrpappEvoi E yÉvovro Oq paiwv Evexa. P1. Smp. 201e O X E ~ O V y&p TI xai EyO npoc, a6rfiv Erspa to ia6ra~X~yov ofanÉp v6v np6q EpE 'AycíBwv.

Señalaba Schmid como característica del aticismo la equivalencia de 0005 y oc, en determinados contextos («oooc, im Sinn des einfachen Rela- tivpronomens~) 'O4. Ahora bien, esta neutralización semántica de ambos pronombres se ha venido produciendo en griego desde Homero (Hom. 11. XXIII ,,, ~ ó p o v Cnavra 6ooov. S. El. ,,, n&c, rtq. Aj. ,, n&q ric,), se da en la prosa ática del s. IV a. J.C. (Pl. R. 596e ncívza Ooa VÚV 8fi Eh&yaro. X. Mem. IV2,,5 óoa npoc rfi 68txíq EBíptapev, raUrct xai npoq rfl Gixctiooijvq SErÉov), nos la volvemos a encontrar en la koiné (NT, Ep. Rom. s , i 4 ooot yolp 7cvsUpari &o6 c?yovrui, odroí siaiv uíoi BsoU), en los Deuterosofistas (D.

- Chr. 1 57.Sss - 1 50,14ss V. Arnim o6 yup xui rol &cppo6íoia raÚm fj8iora xai &vuf3piorórara 6oa yiyvstat p & t cpihiac, t ó v ouvóvrwv;) y, naturalmente, también en los Discursos y las ~ ~ í s t o l a s de Libanio (Lib. Or. ,, ,, xcti nkoiv dooi npoq JIpóIq OUX 46Éoq E~ouai. ,, , t ó v cjihhwv Ooa 8ctira 8Uvarai xoisiv. Ep. 1197,3doot yup Gn6 ti^ a9 ysyÉvqvtai nrEpuyi, roijroiq E6 oUpíwv Ó Bioq EGpapev. ,,,,,, ta6ro 8É oot xai mpu nuvtwv E$ ónooouc, qxsv ó hóyoc,).

El empleo de las formas del reflexivo de tercera persona Eauróv, &m- roic,, aijróv, atlroic, (analógicas a las del singular E'auto6, daur@) en vez de ocpóv aUróv, es común al ático de los siglos v y rv a. J.C. (Th. 18,, nhouoiórspoi dauróv. P1. Prt. 350 a xui a6toi Eaur Wv [Bappahsózapoi si- otv]), a la koiné de los papiros ptolemaicos 'OS y literaria 'O6 y, natural- mente, a los aticistas, entre los que contamos a Libanio (Lib. Or. 50.29 oi pEv 2auroUc, flcpávioav. Ep. 763.7 toic, pEv &m8óo~tc , rfiv a6tÓv).

Consiguientemente, el aticismo de Libanio ,O7 le permite emplear una amplia gama de posibilidades lingüísticas, de las cuales algunas son formas áticas castizas, más antiguas, y otras, en cambio, son más modernas y propias de esa modalidad de ático que fue luego la koiné. Por ejemplo:

104 W. SCHMID 61 l . 105 Cf. MAYSER 12.6, : «Wie im Attischen seit dem Anfang des 4. Jahrh v . Chr. kommen als Refle-

xiva fast nirgends mehr die getrennten Formen qpóv, úpóv, ocpóv ai>róv ... usw. vor, sondem (nach Analogie von dautoú) ÉaurWv (adthv) ... n.

106 Cf. Str. l,,, MElNEKE = I,,,,, AUJAC - LASSERRE = Strabon. Gedgraphie 1-IX (ed. G . AUJAC - F. LASSERRE), París 1969-1981.

107 Nos han sido de suma utilidad las Concordantiae in Libanium (eds. G . FATOUROS-T. KRIS- CHER-D. NAJOCK) tantode las Epístolas, Parsprima. Epistulae, Hildesheim-Zürich-N. York 1988, como de los Discursos, Pars altera. Orationes, Hildesheim-Zürich-N. York 1989.

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Entre las dos formas de futuro del verbo cp&vo, a saber: cpOqoopa~ (Th. V , , , cp$ilo~oeoli, P1. R. ,,,, cp&íoovtai) y cp0úm (X. Cyr. V cp&roat) Libanio prefiere la primera (Lib. Ep. ,,,, cp0qoopai) y también prefiere el aoristo CcpOqv (Th. V72,4 (~Ofjvai) al aoristo Ccpeaoa (Lib. Or. 1,166 EyO toBro aio€ktvÓpsvoq c p e ú ~ 66&-rjOqv. 59.82 06% CcpOaoav koihei cpavCvt&q, pero ,,,, ,o oUx CcpOqoav t@ Z E ~ X E L tuq x~ipuq ~ ~ ~ E V E ~ ~ O V Z E ~ ) (Th. V 72.1

cpOúoai), por ejemplo: Lib. Or. 59,97 USq OUX Ccp8q nataot^í)oaq. 32 CcpOqq E ~ Ó v . Ep. 247.1 xui 06% &pOq TIC E ~ ~ Ó v . Con ambas elecciones Libanio no hace sino preferir la opción más antigua y más coloquialmente ática (Aris- tófanes, por ejemplo, no emplea sino CcpOq: Nu. ,,,,, Ec. 596). Sin embargo, otras veces, por el contrario, emplea indiferentemente la forma más anti- gua, más aticista, o la más moderna o más helenística. He aquí algunos ejemplos:

En Or. 27.7 nos encontramos con Coxpatq rov dno0avóvra xwvciq y en Or. 1 8 , 2 7 2 con GaxpUoui TOV Coxputqv al tiempo que en Ep. 158.1 leemos: ü Xcoxputq rival ~ ~ V Ú E L napa mi 61arpi@vta. xai t@ Ovti PhÉmv ~ i q Xcoxpatqv EnÉotshhq.

La forma Coxpatq es más antigua en ático; el acusativo Coxpcitqv es más moderno.

Asimismo, utiliza Libanio en sus Discursos y Epístolas las formas VE+

(Or. 30.4 i ~ p u xai VE+. Ep. 770,2 P q o i xai VE+ xui T E ~ É v ~ ) , VEÓ (Or. 1 ,72 206 VEO t f j q TUxqq. Ep. 695,2 tov t ó v &OÉov xatol toB VE& dh~pov) , vsóq (Or. 1 7 , 7 i ~ p u 671 xai VEO< toUq ~ E v E x ~ E ~ E . Ep. 724, , toUq v~óq) , formas áticas sin reproche y antiguas; pero al lado de ellas aparecen las más mo- dernas vaóv (Or. 13.46 EX tóv vaóv. Ep. 1376,3 X$ TÓV vaóv) y vaoiq y vaoijc (Or. 30.1, tóv pEv roiq vaoic EyxsipÉvov. 626 x u t É o x a ~ ~ toU~ vaoUq, Ep. 1307,5 Ev vaoic), formas con u que fueron utilizadas con frecuencia en la prosa ática del siglo IV a. J.C. por Jenofonte (X. HG 11 3,2o Ev tu va@. An. V 3,9 Enoíqos 66 xai Popov xai vaóv) y luego pasaron a la koiné (Plb. IX 30.2, LXX Reg. 1 ,,, al., etc.).

Asimismo, junto a las formas contractas del adjetivo* oúoq > o@ (Lib. Or. 18.306 E< oóq E X U V E L ~ L V . Ep. ci 66 c p ~ ú y o v $oral oóc), emplea Liba- nio en sus Discursos también las basadas en el tema o&- (Lib. 01.48.5

oóov tinfjpx~), formas atestiguadas en ático a partir de finales del siglo V a. J.C. En las inscripciones áticas conviven o6v (IG 1 259,13) y oOOv (IG I i28,6) (ambas inscripciones del año 427 a. J.C.); y en prosa ática leemos Lys. VI1 , 7, XX 2 4 o&v; D. XXI ohav; X. An. 11 2,2 o b i , Cyr. VII4, I 3

oóa, HG 11.24 oóa. En koiné también encontramos estas formas basadas en el tema 06x1-: LXX Ma. 111 2,7 o h u q ; Ma. 11 3, d a ; PLond. 11 30 I , I

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(11 a. J.C.) oóov, BGU 106.3 (1 a. J.C.) o ó a etc. Y, asimismo, en Aristides leemos Aristid. 1639.5 D ohouc,.

En cuanto a la flexión de verbos en -vu-, originariamente atemáticos y luego temáticos en prosa ática, Libanio en sus Discursos y Epístolas ofrece ejemplos de uno y otro tipo de flexión (Lib. 0r.42,43 ~ E I X V Ú C . 8 ~ 1 ~ - vÚE~. 1,232 ~EIX&V. EP. 791.2 ~ E ~ x v ~ ) c - 241.1 ~ E ~ X V Ú O V . OY. 13.13 ~ I Y V Ú S .

Ep. 1492 .2 piyvu~ai. 10,l p~yvUsiq), ejemplos similares a los que hallamos en prosa ática del siglo iV a. J.C. (PI. Phdr. 22Bc ~ E ~ X V U E . Lg. 6 7 3 = 6stxvi)q. X. Mem. 1 3, 6stxvUov € ~ U T O V OSOC flv. 1 2,17 0i6a 6E xai COxpci~qv ~ E ~ X V Ú V T U ) .

Por lo que se refiere a los aumentos E- o fi- en los tiempos históricos de los verbos @&opa1 y GÚvapai, que coexisten en la tradición manuscrita de prosistas áticos (Th. fi@i)hv~o. 144 E@i)hovro) 'O8, Libanio emplea tanto las formas con épsilon como las más modernas, las precedidas de eta, que aparecen en las inscripciones áticas a partir del 300 a. J.C.: IG 11 '678.12

(276 a. J.C.) qFuvazo. He aquí algunos ejemplos de los Discursos y las Epístolas del Antioqueno:

Lib. Or. 18-54 2@uhfi0q (no se encuentra q@uhfiOq en los Discursos). Or. z,zoE6~vfiOqoav. Or. 62.61 ( G u v I ~ ~ ~ . Ep. 1320.4 (35 O ~ X Z@~hfi0~)5. 14.1

rca0hv EcOv xoivovsiv ~D6cripoviac oUx fi@uhfiOqq;. Ep., , ~i6uvfiOqv. 695 -6 ~ ~ u v ' ? ) O ~ V .

Si pasamos ahora de la Sintaxis al Léxico, nos encontraremos ante una situación similar: al igual que los prosistas áticos del siglo IV a. J.C., Liba- nio en sus Discursos y sus Epístolas da entrada a vocabulario propiamente ático y a léxico que se impuso en el griego helenístico. Así, emplea a6'6o y aUkcEvo (Or. 49,3 C L U ~ E ~ V . Ep. 1012.4 aUcsiq. 147,3 aUc~iv. Or. 13 aU&avo- ~Évqv), pero 4hixtwrqq (Or. Ep. 1283.2 E&, rlh~x~c;)rqq), no fihi6, mien- tras que, en cambio, Jenofonte 'O9 y Platón "O emplean ambos pares de palabras. En otras ocasiones, empero, al igual que el autor de la Anábasis y el divino filósofo, usa Libanio dobletes, pares de sinónimos de los cuales a veces uno es la voz genuina y originariamente ática y el otro el término que se impuso en esa modalidad del ático que se convirtió en griego helenístico. Por ejemplo, Libanio hace uso, al igual que Jenofonte, de los presentes Gvahó o (Or. 8, 63, Ep. 8 civahoúv~o) y CLvahíox~ (Or. 14, Qvcrhiox~tv. Ep. , lo ,3 Gvahioxsiv) sin que en este caso podamos decir cuál es más neta- mente ático. Por el contrario, cuando emplea solamente la voz oxózoq, ró, como neutro frente al ático d oxózoq (Or. 1 , 2 7 4 TO y&p OXOTOC. Ep. 286.3

108 D. I , , q@~k@'. Hyp. LYC. 1 1 @oúhou. etc. 109 L. GAUTIER, La Iangue de Xénophon. Ginebra 191 1, 144 SS. 110 PI. Tim. 41d aV&av~.se (imperativo) y R. 423b U ~ ~ E I V . P1. Lg. 87% qhrk. Ap. 33d flX»ctOrqq.

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oxórouq aiitov sSvai), estamos autorizados para decir que prefiere la forma helenística a la ática (Ev. Matt. 8 , r6 oxóroc ~6 EkWrspov. / Ar. Ec. 288 xar& oxórov), mientras que Jenofonte usa ambas formas (X. An. 11 61& oxo- rouc di3Óc. 1 Cyr. IV ,, xarÉox~v Six6 oxórou rov <p&vov) y asimismo hace Platón (PI. Phdr. 256, R. 4,1b,4,, d oxozoc. 1 R. Lg. ,,,, ro oxóroc). En otras ocasiones emplea nuestro autor, como decimos, pares de términos sinónimos (Or. T ~ V cixoyóvov. Ep. ,,,, ,, 6xóyovot. / Or. I 1 , 1 6 7

rWv 2xyóvov. Ep., , roce 2xyóvouG dnatvwv), de los cuales uno es más netamente ático que el otro o bien ha logrado implantarse en la koiné: Or. 14 ,3 1 phaC)oq civ6poq 2voc yiyv~rai. Ep. 14,3 Y E V É O ~ C I L phúkc. Or. 1.6 1 rflv phupqv. Ep. 3 5 8 . 4 ysvÉo0at phcipqv (koiné) '"; Or. c p ~ ú y ~ t v rflv 6anrjlvqv. Ep. 7 , 5.6 rfle xspi rO XOLVOV fkthav~iov 6axOLvqq (koiné). 1 Or. 3 3 , Ecpsuyov 6v ro civúhopa. Ep. 7 6 7 , , z o i ~ mpi zflv xóhtv civakhpaoi; Or. ,,, l o oiov Ev Coypkpov nivaE,t. Ep. roUc <oypácpouc. / Or. zoic ypacpsúot sic z i v q oro&c xpqoúpsvoc. Ep. rooaijrq rtc cX<p€bvía r6v ypacpÉwv; Or. 2 5 - 2 6 TU nat6txOL ~ ~ P E Ú O V . Ep. 433 .3 r& rotaUra 0qpsús~v (koiné). / Or. 4 1 - 9

8qpGv~sc d ~ Ó ~ o u c ~ ~ V ~ L V T O . Ep. 1106 ,5 Eyh TE o& ~ ~ P & C T W ; OY. 15.76 X U ~ I V -

& Ú ~ E V O I . EI). 1636 .1 X U ~ L V ~ O Y ~ E V O V , Or. 53 .6 2~ & v ~ P C Í ; G I I ~ ~ V O U O L X Q ~ ~ V ~ E ~ T C I ~ . Ep. 7 , , xahtv6oupÉvouc; Or. 2 , 8 p~psirat napú6stypa. Ep. 269 .4 napdkiy p r 6E Eyyú0sv. 1 Ep.b,, o U ~ E V E$OV ijxó6stypa (koiné) ' 1 2 .

Como ya en Platón hay pasajes en que aiivq, aunque no se refiere al lecho de los soldados (Pl. R. 415e), está muy cerca de xhivq (PI. Smp. 2174

2v rjj E~opÉvq 2pcU xhivq) y lo mismo ocurre en Jenofonte (X. Oec. l o , 8 25 sGvíj4 dhioxovrat E~avio~úpavoi. Cyr. VIII,, , d aUr6c xhivqv orpóvvuoi. Cyr. V , ,,, xhivai 6' Upiv ~ i o t v dnóoai ~Uvai yevotvr' 6v 2xi rqc yGq) , asimismo Libanio en sus Discursos y Epístolas utiliza ambas voces como sinónimas (Or. 8.1 7 5 Ed EUVQ~. 2ni rfiv xhivqv. Ep. 344,1 Eni zíje ~Uvflq. 802 ti

ríjc xhivqc), de las cuales, como es sabido, sólo la última ha pervivido en la koiné (Ev. LUC. 8 - 1 6 ~ T C O X & T W xhivqc 'Ci6qoiv).

Otras veces aparecen empleadas como sinónimas palabras que ya ha- bían sido antes usadas como tales por Platón y Jenofonte y que siguieron utilizándose del mismo modo en la koiné. Así, por ejemplo, d<pQahpoi y oppazor. Leemos en los Discursos y las Epístolas de Libanio: Or. 60.1 6v

111 Cf. PI. Lg. 8 4 3 ~ ro klv pkapc cixortviro. Lg. 656a @$3qv tcrB'fjvrtva cpÉp~i. 112 Los aticistas (Phryn. 4) rechazan el empleo de iInó6~typa significando rrnp.46~iypn. <<ejemplo..

pero con esta significación aparece dd6siypa en los papiros -BGU 1141,43 (1 a. J.C.)- y en Dionisio de Halicarnaso (D. H. Comp. 17) y en Filodemo (Phld. Rh. Is.,,-,, Sudhaus I) povov drro8~iypjlrov Éreporqraq). Esta forma aparece únicamente en el Commercium; no es. por tanto, atribuible a Libanio.

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roig dcp0ahpoiq 6~hUc xataxS~urai. , ,*,, d~hijq iv BxarÉpou roiq Oppaoi y Ep. , l o i , xivÓv ~ s i p a c xai dppara. Estas dos voces aparecen como sinóni- mas en un pasaje de la República de Platón (PI. R . 3s3,dcp0uhpóv.. Epyov ... oppara 70 aUtóv k'pyov xahóq &xspyuoaivro) y también luego en el Nuevo Testamento: Ev. Matt 20,34 q@ro TÓV dcp0ahpóv. Ev. Marc. 8 s 2 3 m i xri>oaq siq tu dppara aUroÚ.

En griego helenístico se usan indiferentemente las formas adverbiales oqÓ6pa y ocpobpóq. Así, en Act. Ap. 6 ,7 se lee xai ixhq%veto ó &pi0pOq t ó v pa0qtóv E'v r I s p ~ ~ o a h ~ ~ oqo6pa y en Act. Ap. 2 7 , , 8 nos encontramos con ocpo6phq 62 X E L ~ C L ~ O ~ É V W V qphv. Pues bien, asimismo, Libanio emplea, sin ningún matiz que las diferencie, tanto una forma como la otra: Or. 1 ,265

ofito op56pa. , , , o6rw ocpo6pÓq. Ep. 14 , 5 , 1 06 ocpobpa E'xaotoq &yaxürai. ,,,,, 821 cpihsi ocpolipóc. Pero también Platón emplea ambos adverbios sin marcar diferencias entre ellos: PI. Ap. 23e ocp06póq ~ i a ~ ~ h h o v t e q . Phd. 88,

o<pó6pa mxsiop8vouq. Otras veces, en cambio, de los dobletes sólo una forma ha perdurado en

griego helenístico, mientras que Libanio emplea las dos como sinónimos porque así eran ya utilizadas por los prosistas áticos del siglo iv a. J.C. Veamos un ejemplo: Evtaú0a y no ivzaubi es el adverbio de lugar que penetra en la koiné (J. AJ 14.83 o i ivtaU0u C P ~ p a í ~ i . POxy. V 840.23 o6 0th

Evtaú0a &v iv z ¿ j ~ ispQ). Pero Libanio en sus Discursos y Epístolas emplea ambas formas: Or. 45,5 Evzaúe& xou 0srÉov. OpW yup aUróv 06% ohiyouc 2vraubi xa0qpÉvouq. Ep. 783,2 si S 2v~aúAa 2tÚy~avsq WV. 895 A scoiqkiq pEv Evraubi ,6i6a~0~íq 6E Exsi, y asimismo había obrado Platón: PI. Lg. 895,

EvtaU0a., zoú hóyou. P1. Lg.,,,, m i .so pEv xpooípiov r6v vopwv 2vtavbi hsx0Év.

Por consiguiente, de lo que precede se deduce que no es acertado sepa- rar tajantemente aticismo y asianismo, aticismo y koiné. Las dos tenden- cias, los dos estilos convivieron y se interpenetraron. El escritor aticista, nostálgico del pasado, recoge, junto a los repertorios aprendidos, giros y expresiones que no son tan pura y castizamente áticos como él se cree. Y, al mismo tiempo, jamás consigue reproducir cabalmente la prosa que trata de imitar. Ni siquiera Elio Aristides, el más perfecto estilísticamente de acuerdo con la preceptiva aticista, alcanzó ese objetivo de perfeción con- sistente en igualarse con sus modelos. Es más: pensamos que el mérito de Libanio estriba fundamentalmente en no haber logrado realizar el ideal de Dionisio de Halicarnaso con tanto éxito como el sofista Aristides que fue para nuestro prosista antioqueno espejo de oradores aticistas. Libanio es mucho más movido, mucho más vivo que Aristides, su modelo, porque

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supo moderar el purismo aticista con muy razonables dosis del aire fresco que proporcionaba la lengua de su medio ambiente.

En el fondo, para entender la diglosia que se produce dentro del griego en los primeros años del Imperio romano y que nunca fue absoluta o defini- tiva en el sentido de que la koiné y el aticismo discurrieran paralelamente sin interferencias, hay que remontarse al momento histórico en que los reinos helenísticos se convirtieron en provincias romanas, muy alejados ya, como estaban, desde tiempos de Alejandro Magno, de lo que había sido la autonomía y la actividad política de las ciudades-estado. Fue entonces cuando la literatura dejó de tratar toda cuestión que tuviese que ver con la problemática social o política del inmediato presente y, así, convertida en «pura literatura», o bien se dedica a entretener a las masas con la ficción, o, si de alguna manera pretende mantener encendida alguna brasa del patrio- tismo helénico, lo hace sólo refiriéndose a la cultura y añorando los viejos tiempos de esplendor ya irrevocables. La imitación de los antiguos, la pipqo1.5 róv cip~aiov, no sólo está representada por los aticistas, sino también por Himerio (s. iv) que escribió discursos en una prosa variopinta en que junto a la koiné brillan construcciones poéticas y formas de las líricas lesbia y dórica, y por Quinto de Esmirna, que escribió las Empresas post- homéricas en una lengua en que la antigua dicción épica se entremezcla con la koiné, y por Nonno de Panópolis que emuló a Homero aunque sólo le igualó en el número de libros (como la Ilíada y la Odisea juntas, las Dioni- síacas están compuestas por cuarenta y ocho libros). Así pues, si ni si- quiera los aticistas lograron reproducir el ático de sus modelos, sino que crearon una «lengua escrita» cuya pureza y casticismo áticos no dejan de estar, sin embargo, empañados por la koiné, no es de extrañar que en Libanio encontremos una lengua, más viva de lo que a primera vista cabria esperar, en la que se conjugan armónicamente el aticismo, que se había convertido ya en componente esencial de la lengua griega escrita en su más alto nivel cultural, y el griego helenístico que al fin y al cabo comenzaba a hacerse presente en los propios escritores áticos del siglo IV a. J.C.

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