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Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales ISSN: 0186-0348 [email protected] Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora México Macías, FIavia Julieta Guerra, instituciones y debates políticos en la Argentina de los inicios de la organización Nacional Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales, núm. 69, septiembre-diciembre, 2007, pp. 137-160 Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora Distrito Federal, México Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=319127424007 Cómo citar el artículo Número completo Más información del artículo Página de la revista en redalyc.org Sistema de Información Científica Red de Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto

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Secuencia. Revista de historia y ciencias

sociales

ISSN: 0186-0348

[email protected]

Instituto de Investigaciones Dr. José María

Luis Mora

México

Macías, FIavia Julieta

Guerra, instituciones y debates políticos en la Argentina de los inicios de la organización Nacional

Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales, núm. 69, septiembre-diciembre, 2007, pp. 137-160

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora

Distrito Federal, México

Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=319127424007

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Número completo

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Proyecto académico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abierto

F Iauia ] ulieta Mtlcías

Licenciada en Historia por la Universidad Nacional de Tucumán, diploma de Estudios Avanzadosen Historia por la Universidad Complutense de Madrid y rnagisrer en Historia Iberoamericana pore! Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid, bajo la dirección de la doctoraMónica Quijada. Actualmente becaria doctoral de! CONICET y doctorando por la Universidad Na­cional de la Plata, Buenos Aires, bajo la dirección de la doctora María Celia Bravo. Entre sus pu­blicaciones se cuentan "Esferapública, moralidad y mujeres de la elite. la Sociedad de Beneficenciaen Tucumán (1860- I920)" en colaboración con A. Landaburu y M. E. Fernández, Tucumán,1998; "Guardia Nacional, ciudadanía y poder en Tucumán, Argentina (1850-1880)", RevistaCom­plutense deHistoriadeAmérica, núm. 27, 2001, Madrid, y "Ciudadanía armada, identidad nacionaly Estado provincial. Tucumán entre 1854 y 1870" en Hilda Sabato y Alberto Lerrieri (comps.),La política en la Argentina del siglo XIX. Armas, votos y voces, FCE, Buenos Aires, 2003.

Resumen

Este artículo analiza e! pape! de la guerra en e!proceso de organización constitucional argentinoy sus influencias en la configuración del discursopolítico republicano y nacional. Específicamen­te, se estudian las justificaciones elaboradas entorno a la guerra como instancia fundacional de

la nación y de su organización constitucional apartir de lR52 y en qué medida las formulacio­nes discursivas legitimantes de la vía armadamodelaron el discurso político, republicano y

nacional.

Palabras clave:Guerra, const itución, legalidad, legitimidad, república.

Fecha de recepción:marzode 2006

Fecha de aceptación:noviernbre de 2006

War, Institutions and Political Debatesin Argentina at the Beginning

of the Organization of the N ation

FlaviaJulieta Macias

BA in History from the Universidad Nacional de Tucumán, Diploma in Advanced Srudies inHistory from rhe Universidad Complurense de Madrid and MA in Latín American Hisrory fromrhe Madrid Board ofScienrific Research, under rhe supervision of Dr. Mónica Quijada. Currenrlya docroral scholarship holder from CONrCET and doctoral srudent at the Universidad Nacional dela Piara , Buenos Aires, under the supervision ofDr. María Celia Bravo. Publicarions include "Es­fera públ ica, moralidad y mujeres de la elite. La Sociedad de Beneficencia en Tucumán (1860­1920)" (in coUaborarion with A. Landaburu and M. E. Fernández), Tucumán, 1998 ; "GuardiaNacional, ciudadanía y poder en Tucumán, Argentina (1850-1880)", Revista Complutense deHistoriadeAmérica, núm . 27, 2001, Madrid, and "Ciudadanía armada, identidad nacional y Estado provin­cial, Tucumán entre 1854 y 1870" in Hilda Sabato and Alberro Lettieri (comps.), La j7o{ítüa enlaArgentinadelsiglo XIX. Armas, votos y VOCl!S, FCE, Buenos Aires, 2003.

Abstraet

This arricle analyzes the role of war in the pro­cess of Argenrina's const itucional organizationand irs influences on the shaping of Republi­can and nariona! political discourse. It specifica­lly studies the jusrifications given for war as a

founding elernenr of the narion and irs consritu­tional organizarion in 1852 as well as the exrenrro which the discursive formulae that legitimiz­ed the armed way shaped Republican and Na­tional politica! discourse .

Key words:War, consritution, legaliry, legirirnacy, rep ublic.

Final submission:March 2006

Acceprance :November 2006

Guerra, instituciones y debates políticosen la Argentina de los iniciosde la organización N acional*

Flavia} ulieta l\1acías

En los últimos años, la historiografíapolítica latinoamericana ha comen­zado a revalorizat la perspectiva mi­

litar como una óptica de análisis para de­tecrar las estrategias de construcción y lasfuentes de legitimidad de los nuevos Es­tados nacionalesdurante el siglo XIX. Estosavances sostienen que en el proceso de re­formulación de la soberanía en beneficiodel Estado nacional, las instituciones mi­litares y la "guerra"! desempeñaron unpapel relevante tanto en la construccióny en el fortalecimiento de las nuevas co­munidades políticas decimonónicas pos­revolucionarias como en los procesos deconfiguración de la ciudadanía y de la

" Parte de esta invest igación se realizó con unabeca conjunta de la Fundación MAPFRE-Tavera (Ma­drid , España) y de la Fundación Carolina (Madrid ,España). entre los meses de octubre de 2002 y marzode 2003. Agradezco los aportes y sugerencias de MartaIrurozqui, Mónica Quijada, Marta Bonaudo y Ma­ría Cel ia Bravo.

1 En términos generales la "guerra" se entiendeaquí com o un "tipo" de violencia que expresa la con­tinuación armada de un conflicto pulít ico. Se coincidecon Umberro Gori en la inexistencia de un conceptounívoco de "guerra" y se adscribe a la propuesra deconceprualizar históricamente la mencionada 110Z. Enesa dirección se desarrolla el presente trabajo. Para unanálisis del concepto de "guerra" véase Bobbio, Ma­teucci y Pasquino, Diccionario, 1983, t. 1, pp. 737-744.

identidad nacional.f En el marco de laproblemática señalada y concentrándoseen el caso argentino, este artículo analizael papel de la guerra en el proceso de orga­nización constitucional y sus influenciasen la configuración del discurso políticorepublicano y nacional. Específicamente,se estudian las justificaciones elaboradasen torno a la implementación de la mis­ma, en relación con la organización consti­tucional de la confederación a partir de1852 yen qué medida las formulacionesdiscursivas legitimantes de la vía armadamodelaron el discurso político, republica­no y nacional. Este primer avance se rea­liza a través del análisis de las proclamasemitidas por Justo José de Urguiza. Elmismo, como gobernador de la provinciade Entre Ríos, lideró el pronunciamientoy la batalla de Caseros de 1852, hechosque marcaron no sólo la culminación delsistema confederalliderado por el gober­nador bonaerense Juan Manuel de Rosas,sino también el inicio del proceso de orga-

2 Véase Murilo de Carvalho, Desenvolvimiento,1994, y "Dimensiones", 1999, 1'1'.321-371 ; Peralta,"Miro", 1999, pp. 231-252; Heroández, "Origen".1989; Hébrard , "Patr icio", 2002, pp. 429-462; lru­rozqui, "Bautismo", 2003, pp . 115-152; Bravo, "Po­lítica", 2003, pp. 243-259; Macfas, "Ciudadanía",2003, 1'1'.137-153 , YCansanello, Stíbditos, 2003.

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nización constitucional de la república. Eltriunfo del mandatario entrerriano en lamencionada batalla dio paso a la etapadeliberativa del proceso, organizándoseel soberano Congreso Constituyente. En elmarco de los debates en torno a las varia­bles consideradas como promotoras, legi­timanres y a su vez sostenedoras del nuevoorden político, la "guerra" adquirió unpapel central.

"LEGALIDAD", "LEGITIMIDAD"

Y GUERRA EN EL DESMANTELAMIENTODEL "ORDEN ROSISTA"

A partir de 1831, la solución institucionaladoptada para las provincias rioplatensesfue la creación de una confederación quehasta la sanción de la Constitución de 1853elaborada y promulgada luego de la caídade Rosas, se sostuvo sobre la base de losprincipios del Pacto Federal de 1831. 3

3 El Pacto Federal de 1831 se mos traba como elfundamento contracrual de la llamada ConfederaciónArgentina hasta el Acuerdo de San Nicolás de 1852con miras a la organización nacional que se plasmaríaluego en la Constitución de 1853. En el arrículo J,

las provincias signatarias expresaban su voluntad depaz, unión y amistad, reconociendo redprocamente sulibertad e independencia, representación y derechos.Por otra parte, el pacro abría la posibilidad de un ma­yor avance en el terreno de la unificación al prever lareunión de un Congreso General Federativo que de­bería consultar la seguridad y engrandecimiento ge­neral de la república, su crédito interior y exterior yla soberanía, liberrad e independencia de cada una delas provincias . El pacto concebía una alianza entendidacomo provisoria (aunque duraría 20 años), y reconocíala libertad e independencia de cada tilla de las provin­cias signatarias. A su vez delegaba en una ComisiónRcprcsenrariva la concertación de la paz y de la guerray la organización de la fuerza militar necesaria en casode guerra. En este sentido, se planteaba entre las pro-

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Este último había sido elaborado a partirde la firma de las provincias litorales deSanta Fe, Entre Ríos y Buenos Aires conel objetivo de desmantelar la Liga Unitariaintegrada por las provincias del Interior(Córdoba, San Luis, SanJuan, Salta, Tucu­mán, Santiago del Estero, Catamarca y LaRioja) y liderada por el general José MaríaPaz (gobernador de Córdoba) . El derroca­miento del frente unitario determinó lareestructuración de las relaciones inrerpro­vinciales rioplatenses sobre la base delmencionado pacto y de tendencias confe­derativas." La convocatoria a un congreso

vincias una clara relación en pie de igualdad dondecada una conservaba casi totalmente sus atribucionesmilirares (derecho a poseer ejércitos y declarar la gue­rra interna) así como sus prerrogativas políricas y eco­nómicas. Tanto el objetivo de convocar a un Congresocomo la proyección de la Comisión Representativafueron frenadas por las presiones de la provincia deBuenos Aires, con lo cual las provincias rioplatenses,luego de ser vencida la Liga Unitaria, se reorganiza­ron bajo una tenue estructura confederal, asumiendola delegación de las relaciones exteriores el goberna­dor de Buenos Aires (sobre esto último volveremosmás adelante), Chiaramonre, "Federalismo", 1993,pp. 91-93.

4 José Carlos Chiaramonre advierte {:O SllS rraba­jos las diferencias que se perciben entre el concepro defederación y confederación para el caso argentino. Se­gún el historiador, la palabra federación utilizada porlos políticos y militares del momento era algo máscercano a los "artículos de confederación" de las ami­guas trece colonias nortearnericanas de 17H1, que a laConstitución federal de 1878. Es decir, que lo predo­mi nante en el federalismo rioplarense habría sido algosimilar a aquella experiencia de organización políticaindependiente de las trece colonias norteamericanascuya inadecuación para el desarrollo de la nación fuede inmediato percibida y criticada por los que se pro­pusieron reemplazarla con una forma federal más aptaa la emergencia de una nación unida y fuerte. Véase,por ejemplo, ibid., y Chiaramonte, Ciudades, 1997.

FLAVIA JUlIETA MACiAS

constituyente al que debían asistir repre­sentantes de los diferentes estados provin­ciales se mostraba como uno de los artícu­los salientes del Pacto de 1831, aunqueeste principio fue resistido o más bien"constantemente postergado" por uno delos gobernadores más poderosos de las pro­vincias litorales que asumiría la delegaciónde las relaciones exteriores de la confede­ración,]uan Manuel de Rosas. Para el go­bernador bonaerense, el orden político es­tablecido a partir de 1831 debía garantizarno sólo la pacificación interna," sino el de­sarrollo de los principales intereses de suprovincia, es decir, el predominio del sec­tor mercantil-fanadero porteño, del queformaba parte. En este sentido es que Ro­sas, haciendo uso de sus atribuciones e in­fluencias como primer mandatario provin­cial y delegado de las relaciones exterioresde la confederación, buscó y logró inhibirla creación de un sistema político que sesituara por encima de las soberanías pro­vinciales y que pudiera impulsar la redis­tribución de los beneficios del puerto yde la aduana bonaerenses.

A pesar de las circunstancias económi­cas mencionadas, las cuales expresaban lastensiones entre "librecambio" y "protec­cionismo" desarrolladas en el Río de la

5 La guerra de independencia desarrollada duranretoda la década de 1810 así como la politización delas facciones militares y de los ejércitos libertadores re­siduales generaron la presencia de nuevos actorespnlíricos , la "milicia" y los "comandantes" que luegode sus funciones en la guerra buscaron articularse a lapolítica mediante pronunciamientos militares y re­voluciones, insertándose de esta manera en el procesode configuración de una nueva dirigencia posrevolu­cionaria. Véase Halperin, Revolución, 2002.

6 Salvarore, "Consolidació n", 1998, pp. 365-379.

Plata,7 la necesidad y urgencia de generaruna legitimidad posrevolucionaria quecontuviera a la arraigada guerra civil y ga­rantizara la articulación interprovincial asfcomo la continuidad y estabilidad de losgobiernos locales, llevó a que las provin­cias confederadas confiaran el liderazgorosisra más allá dc lo expresado en los pac­tos interprovinciales. En este sentido, lasatribuciones dc Rosas como encargado delas relaciones exteriores, y la consolidaciónde una noción de "orden político" queademás de los principios republicanos yconfederales incorporados" se asociaba conla ausencia de la guerra civil, permitieronal mandatario (en coordinación con losgobiernos provinciales) ejecutar accionespolíticas que iban más allá de sus jurisdic­ciones y que se vinculaban a garantizar lapax interna. A su vez, la incorporación delprincipio de "unanimidad" tuvo impor­tancia central ya que el mismo se articu­laba con la consolidación de un "orden"político legítimo. La existencia de una"única" opinión imperante en todos losniveles del universo político que debíaprovenir de la "voluntad libre y espontá­nea de los ciudadanos", garantizaba no

7 En la tramitación del Pacto de 1831 , chocaronla ptovincia de Corrientes ubicada en la región dellitoral argentino, con la provincia de Buenos Airespor la tentativa correntina de incorporar al mismogarantfas de una política económica proteccionista(adversa al librecambio propugnado por Buenos Aires)y de pronta organización constitucional y nacionalque permitiese resolver los decisivos problemas de lapropiedad de las rentas de la aduana de Buenos Airesy de la libre navegación de los ríos interiores Paranáy Uruguay. Chiaramonte, "Federalismo", 1993, p.92 . Sobre la posición correntina, véase Chiararnonrc,Mercade,.es,1991.

"Véase Chiararnonre, "Federalismo", 1993.

LA ARGENTINA DE LOS INICIOS DE LA ORGANIZACiÓN NACIONAL 141

sólo la atenuación de la "incertidumbreelectoral",sino el control de la deliberacióny de la formación de grupos divergentescon posibilidades de acceso a la arena po­lftica." En ese sentido, "unanimidad", "le­gitimidad" y "orden político" adquirieronuna íntima relación y sirvieronpara justifi­car la implementación de estrategias decarácter coercitivo utilizadas por Rosaspara garantizar la cohesión de la opiniónen su provincia y en las del interior. Estasúltimas "debían unirse a su hermana ma­yor en la persecución de la causa federal,la tranquilidad social y el imperio de laley" , lO Este sistema de carácter coercitivoestuvo estrechamente ligado a la utiliza­ción de la "fuerza física" que se legitimóen tanto garantizara una rápida acciónfrente al surgimiento de focos divergentespromotores de la tan temida "anarquía". I I

Losgobernadores provincialesse encar­garon de demostrar su apoyo a Rosas me­diante el control institucional de la pro­vincia, especialmente de la legislatura, yaque esta última no sólo poseíaatribucionesdeliberativas, sino que era la encargada deelegir al gobernador provincial y de dele­gar las relaciones exteriores de la provin-

9 Véase Myers, Orden, 2002, p. 25; Ternavasio,Revolución, 2002, especialmenre cap. 8.

10 Salvatore, "Consolidación", 1998, p. 33H.1I La "anarquía" se asociaba al desorden en tanro

representaba la existencia de grupos opositores im­buidos de un repudiable "espíritu de partido" al quese atribuía la guerra, el facciona1ismo de los años vein­te y la ausenc ia de un "orden pol ítico". En este con­texto la "violencia" no sólo se materializó a t ravés dela "guerra federal", sino mediante ejecuciones y ase­sinatos públicos implementados como estrategias paragarantizar la adhesión de los individuos al nuevo "or­den". Sobre el "terror" en el periodo de Rosas véase,ibid.

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cia.12 Para atenuar la guerra civil y la apa­rición de focos divergentes, se avanzó en laconformación de ejércitos provincialesfuertemente controlados por los ejecutivoslocales. Estos debían monopolizar las vo­luntades de los comandantes locales y lasacciones de los cuerpos de milicias, evi­tando de esta manera revoluciones arma­das y asegurándoseel control de los instru­mentos represivos para hacer frente a losactores divergentes. 13 Por lo tanto, la con-

12 La Legislarura Provincial se consideraba la legí­tima depositaria de la "soberanía del pu eblo" de laprovincia. Sus atribuciones, entre otras eran las deelegir al ejecutivo provincial, delegar las relacionesexteriores, debatir y votar leyes. Estas institucioneslegislarivas, en tanto expresión más acabada de la in­corporación p or parte de las provincias rioplatensesde l principio de la división de poderes estuvieron casieclipsadas por el gobernador durante las décadas de1830 y 1840, situación generalizada en todas las pro­vincias rioplatenses. Esto se materializó, por ejemplo,mediante la delegación en sus respectivos goberna­dores de "facultades extraordinarias" y de la "sumadel poder público". Véase Ternavasio, l<mi",ión, 2002.

13 A pesar de los recursos implementados porRusa s para mantener el "orden" interno duran te susegundo mandato en la provincia de Buenos Aires(1835-1852), se desarrollaron recurrenres campañasmilirares que mediante conspiraciones , rebeliones ybloqueos navales buscaban desarticular su liderazgo.Entre estos sucesos de orígenes diversos se destacaronel confli cto con Berón de Astrada, la conspiración deMaza, la Rebelión del Sur, la Coali ción del Norte, lainvasión de Lavalle, la guerra con Bolivia, el bloqueofrancés y la intervención anglo-francesa. A pesar de SllS

inrenciones , todos esros desafíos expresados en tér­minos militares resu ltaro n a la pos tre no exitosos de­bido, entre Otras cuestiones, a la falta de cooperaciónde la población con los ejércitos "libertadores", a lasdisputas de poder dentro de l campo unitario, y a laimpericia militar de algunos de sus principales gene­mies, situaciones que afianzaron los gobiernos provin­ciales adi cros al rosismo y al "orden" liderado por el

FLAVIA JULlETA MACiAS

formidad generalizada de esta peculiar for­ma de republicanismo':' se vinculaba engran medida a la inestabilidad política, ala situación de inminente guerra civil ya las garantías de "orden" y de continuidaden el poder que el liderazgo del mandata­rio bonaerense y sus estrategias de acciónpolítica podían ofrecer a los gobernadoresprovinciales.

A partir del pronunciamiento del go­bernador de Entre Ríos, Justo José de Ur­quiza, en mayo de 1851 se inició el ca­mino de la recuperación de la legalidadconfederal preexistente manifestada esen­cialmente en el Pacto de 1831. El pronun­ciamiento señaló la necesidad de reivin­dicar la soberanía de las provincias cuya"libertad" y "espontaneidad" se vieron ma­nipuladas por el mandatario bonaerenseen el marco de un sistema calificado como"tiránico". A su vez, el gobernador de En­tre Ríos se manifestó como opositor a lagestión de Rosas por el "avasallamiento"de los pactos interprovinciales, por su pos­rura frente a la declaración de una consti­rución nacional, por los frenos impuestosa la libre navegación de los ríos interioresParaná y Umguay y por el manejo exclu­sivo que Buenos Aires hacía del puertoy de los ingresos de la aduana. Sobre labase de los fundamentos mencionados yen uso de sus facultades ordinarias y extra­ordinarias otorgadas por la legislatura pro­vincial;'? asumiéndose como fiel inrérpre­te y ejecutor de los deseos del "puebloentrerriano" y destacando además el apoyode países como Brasil y Uruguay, Urquizase pronunció en contra del gobernador bo-

gobernador bonaerense. Salvacnre, "Consolidación",1998, pp. 365-379.

14 Myers,Orden, 2002.l' Véase nota 12.

naerense retirándole la delegación de lasrelacionesexteriores otorgada tiempo atráspor la legislatura entrerriana. La Sala deRepresentantes ratificó el pronunciamien­to emanado desde el poder ejecutivo pro­vincial, devolviéndose a la provincia elpleno manejo de sus atribuciones sobera­nas. La"declaración solemne" proclamadapor el gobernador elIde mayo de 1851aseguraba que

es voluntad del pueblo entrerriano reasumirel ejercicio de las facultades inherentes a suterritorial soberanía delegada en la personadel excelentísimo señor gobernador y capitángeneral de Buenos Aires para cultivo de lasrelaciones exteriores y dirección de los ne­gocios generales de paz y guerra de la Con­federación Argentina, en virtud del Traradodel Cuadrilátero de las provincias litorales[...1que una vez manifiesta así la libre vo­luntad de la provincia de Entre Ríos, quedaesta en aptitud de entenderse directamentecon los demás gobiernos del mundo, hastatanto que congregada la asamblea nacionalde lasdemás provincias hermanas, seadefini­tivamente constituida la república.!"

El pronunciamiento implicó así reto­mar por parte de la provincia el manejototal y exclusivo de su soberanía. Sin em­bargo, la implementación de la violenciase evidenció como un componente indiso­ciable del pronunciamiento institucional.La declaración de la guerra al gobernadorde Buenos Aires se justificó en tanto erauna "cruzada contra la tiranía", y en esesentido, una vía de reivindicación no sólode la soberanía del "pueblo" entrerriano

16 Declaración solemnedel gobernadorde EntreRíos]usro]osé de Urquiza, 1 de mayode 1851, enBosch,Presencia, 1953, pp. 75-76.

LA ARGENTINA DE LOS INICIOS DE LA ORGANIZACiÓN NACIONAL 143

sino también de la inherente a "los pue­blos" rioplarenses.!" Estas argumentacio­nes que justificaban la guerra emprendidaiban más allá del principio jurídico quepermitía la declaración de la misma deuna provincia a otra, articulándose con unanoción de "patriotismo" sostenida no sóloen referentes provinciales, sino en un sen­tido de "confraternidad" interprovincialque justificaba también las acciones ar­madas de los beligerantes en términos mo­rales. Esto actuó en concordancia con laintencionalidad del primer mandatarioentrerriano de lograr en los soldados unaacción militar conducida no sólo por leal­tades personales (fidelidad al jefe militar)y locales (el Estado provincial), sino poruna causa considerada común a "los pue­blos" de la confederaeiónY Así, se resal-

17 La referencia a un gobierno de tipo tiránicoactuó como fundamento legitirnanre para el uso de lasarmas en los pronunciamientos institucionales de lasprovincias rioplatenses en la primera mitad del sigloXIX. Se articulaban aquí interpretaciones "morales"del u", de la violencia materializada en la guerra aun­que, como se verá más adelante , la guerra no sólo sejustificó por sus causas (la tiranía) y sus objetivos (lalibertad), sino sobre todo por sus efectos, esto es elpacto constitutivo que esencialmente termina por le­git inlaf la guerra y la victoria armada. Para LUl análisisde la historia ele la evolución "moral" de la guerra entérminos reóricos desde e! be/11I1J1 j1lJt1lm pasando porla raison d'état y por el concepto de la "guerra comocrimen" véase Bobbio, Mareucci y Pasquino, Diccio­nario, 1983, t. 1. Sobre la relación entre revoluciónarmada y tiranía, la clásica obra de Hobbes, Leviathan,

1982.18 En el marco del imaginario políriro-mil itar

desarrollado en las provincias durante la primeramitad del siglo XIX, el servicio armado de los habitan­tes era entendido como un deber en relación con el Es­tado provincial, considerándose como un "traidor ala patria" a aquel que no cumpliese o desertara de las

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taban en sus discursos referentes "naciona­les" en clave fraternal:

es tiempo ya de apagar el fuego de la dis­cordia entre los hijos de una misma revolu­

ción ~a revolución de mayo de 1810], he­rederos de una misma gloria y extender un

denso velo sobre los pasados errores para uni­formar la opinión nacional contra la verda­

dera y única causa de todas las desgracias,

atraso y ruina de los pueblos confederados

del Río de la Plata.'?

Laexaltación discursiva de Rosas comoun enemigo común también buscó otor­gar a la guerra un sentido aglutinante . Asu vez, la articuló con una concepción mo­ral de servicio de armas donde el soldadodebía mostrarse como un individuo "com­prometido" no sólo con la reivindicaciónde las libertades y la soberanía de su pro­vincia, sino con la recuperación de las leyescomunes a "los pueblos hermanos" opri­midos por la "tiranía". En ese sentido, Ur­quiza expresaba:

milicias. A su vez, se dejaba entrever una noción depatriotismo que no sólo se expresaba bajo parámetrosde tipo local (el Estado provincial) sino también detipo personal. El jefe militar O gobernador desarrolla­ba un papel central en el proceso de convocatoria mi­litar y de mantenimiento de la lealtad de los milicia­nos, sosrenido sobre la base de un fuerte liderazgopersonal, que no sólo se sustentaba en estrategias coac­tivas. Constantemente, se exaltaban los comporta­mientos "paternales" y "bondadosos" del jefe militar,que se combinaban con su valentía y su "amor a lapatria", virrudes que debían aprender e internalizar los"habitantes en armas" de la provincia.

19 De creto de Urquiza por el que suprime en suprovincia e1lema "mueran los salvajes unitarios" po­niendo en su lugar "mueran los enemigos de la orga­nización nacional", 1 de mayo de 1851, en Bosch,Presencia, 1953,pp. 76-77.

FLAVIA JULlETA MACíAS

So ldados: bien promo pisaréis la orilla occi­

dental del Paraná, proclamando la libertad

y la sobe ranía d e los pueblos argentinos, que

al oír el eco de los clarines del Ejército Gran­d e, d espenarán del let arg o y os sal udará ncomo a sus liberradores.s?

Desde los d iscursos de Urquiza enton­ces, el pa triotismo en clave fraternal, la"valent ía", el "respe to por la ley" y la rei­vind icación de un pasado común plasma­do en la revolución de mayo de 18 10 yen los posterio res pactos interprovinciales,se evide nciaron como com portamientosinherentes al "soldado" integrante del ejér­cito liber tador y como referentes agluti­nantes para pro mover la "unánime" opo­sición de las provincias frente a Rosas. Eneste sentido, la re tórica confi gurada entorno a la guerra también buscó justificar­la como espacio de configuración y de pro­moción de referentes patri óticos-militaressuperadores de lo local, que intentabanactuar como herramientas homogeneízan­tes de las voluntades de los soldados y delas provincias en beneficio del procesode organización const itucional de la repú ­blica.2 1 Por último, la guerra también sejustificó como estrategia que "armonizaríaa los espíritus en favor de las práct icasconsti tuc ionales" y de la organización dela república, ya que resuci taría a la "g ran

20 P roclama dirig ida por Urquiza a los soldadosdel ejército al em prender la campaña contra Rosas,19 de diciembre de 1851, en ibid., pp. 110-111.

2 1 Para el caso de Bolivia del sig lo XIX, Marr aIruro zqui analiza el pape l de la revolución y de la vio­lencia como espacios de reformulación de las lealtadescorporativas indígenas en beneficio de la "ciudadani­zaci ón" de los m ismos y de la construcción y apren­dizaje de la identidad nacional. Véase Irurozqui, "Bau­t ismo", 2003, pp . 115-152.

nación " que "veinte años ha gemido bajoel pesado yugo de la tiranía del dictador elelos argentinos" . En este sentido, la decla­ración de la gue rra al gobernador bo­naerense se just ificó por sus causas, porsus objetivos y también por sus posiblesefectos, esto es la declaración de una cons­ti t uc ión nacional para las provinciasconfederadas.22

Urquiza buscó reproducir su pronun­ciamiento en toda la confederación alu­diendo a su capacidad de in terpretar lasnecesidades de "libertad" y de recupera­ción de la sobe ranía no sólo por parte del"pueblo entrerriano" sino de "los p ueblos"de la confederación. Para promover estecomportamient o instit ucional en el restode las unidades políticas, el mand atarioinició un a importante campaña de des­prestig io de la gestión del go bernador bo­naerense. Mediante proclamas, cartas per­sonales a los go bernadores y circulares alas leg islatu ras, Urquiza remarcó "la trai­ción de Rosas a la confianza de los pueblossim ulando ideas constitucionales y pr inci­pios de confraternidad inrerprovinciales",como se resalta en la proclama dirigida ala "Confederación Argentina" durante el25 de mayo de 185 1:

R osas ha co nvert id o en cenizas esa ca rta in­mortal deposi taria de vuestros de rechos y de

vuestras preciosas l ib er t ad es . En vuestrasm an os está dar vid a con un sop lo a estos pol­vos sag rados, que test ificab an la muerte deun a na ción, pero la nación se resucit ad a l

zz Sobre la relación entr e "despotismo", "guerra"y "constitu ción", véase adem ás de la clásica obra deH obbes, Leviathan, 1982, el análisis de Bobbio , Teo­.-fa.r, 1987, cap. VIII, especialrnenre pp. 100-102. Sobreesto volveremos más adelante.

LA AR GENTINA DE LOS INICIOS DE LA ORGANIZACiÓN NACIONAL 145

prime r g riro de sus hijos, para reivindi carsu honor ultrajado.P

A través de la util ización de estos tér­minos, se buscó también promover la arti­culación de las voluntades de los gober­nadores provinciales al avan ce m ilitarcontra Rosas. En una carra de Urquiza algobe rnador rucum ano Celedonio Gurié­rrez, el m andatario ent rerriano afirmaba,

Me asiste la más p lena confia nza de que va­lorando vuest ra excelencia en su verdaderocarácter el esp íritu y tendencia de esta cru­zada de civilización y de libertad contra elenemigo común de roelas las glori as america­nas, armonizará con ella su política propor­cionando al heroico pueblo que le ha con­fiado su suerte una opo rtu nidad brillante deadqui rir los verdaderos tít ulos de la gloriar "

Sin em bargo, la proyección y asimila­ción de las proclamas y cartas del manda­tario ent rerriano chocaron con dificultadesvinculadas a la arraigada creencia en elorden rosista por parte de las provinciasconfederadas. A excepción de la vecin aprovincia de Corrientes, el resto de las pro­vincias respondieron de inmediato mate­rial izan d o en la fig ura de Urquiza laimage n del "traidor " y del "salvaje un ita­rio" a quien se le acusaba de originar la"anarquía" y la "guerra civil" en la confe­deración. En consecuencia, tant o su pro­nunciami ento como la organización de laofensiva armada fueron considerados comoexpresiones facciosas inherentes a los gru-

23 Bosch, Presencia, 1953, pp. 83.2' Carta de Urqui za al gobernador de Tucumán

Celedonio Gu ti érrez, sin lugar, d iciembre de 1851, enArchivo H istórico de Tucumán, Sección Ad mini stra­tiva (en adelant e AHT, SAl, vol. 71, f. 572.

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pos divergentes y, por lo tamo, promoto­res de la anarquía. M ás tarde, Urguiza ma­nifestar ía que:

Mi mi sión no era la resurrección de l espíritude partido , sino la observancia del pacto na­cional argentino celebrado por las p rovin­cias rodas de la confederación (en 18 31), sos­tenido por el pronunciamiento unísono delos pueb los, y sant ificado con la victor ia ycon la sangre de los hi jos de la repú blica.P

Sin embargo, la acción del gobernadorentrerriano fue calificada por las legislatu­ras provinciales como un "crimen de lesapatria", con lo cual no dudaron en oponer­se a la marcha de la guerra, manifestandosu incondicional apoyo a Rosas a través deleyes, decretos y ejércitos. En contrapuntocon el discurso urquicista, la guerra fede­ral se reivindicaba como la "guerra leg íti­ma" en detrimento del ernp rendi rnienroarmado liderado por el gobernaclor entre­rriano , al que se calificaba de "anárquicoy FdCcioso".z6 En consecuencia, Urquiza fuedesconocido por los gobiernos provincialescomo gobernado r de su provi ncia, decla­rándosele el "ostracismo legal" y atribu­yéndosele calificativos como "traidor", "sal­vaje" y "unitario". Esta condena, de fuertesconnotaciones morales, se manifestó a tra­vés de leyes y decretos de las diferenteslegislatu ras provinciales como la ley decla­rada y promulgada por la Sala ele Repre­sentantes de la provincia de Tucumán el 8de noviembre de 1851:

25 Proclama de U rqui za a la Confederaci ón Ar­gem ina, 17 de marzo de 1852 en Bosch, Presencia ,1953, pp. 123-L24.

26 AHT, SA, vol. 71, fs. 461 , 538 Y552.

FLAV IA J ULlETA MACiAS

en atención a que el vándalo salvaje unitarioUrquiza ha quebrado con público escándaloel tratado de 4 de enero de 1831 que formala alianza federativade las provincias de la re­pública, con tendencias a desconocer la auto­ridad suprema nacional, que dignamenteejerce el esclarecido general don Juan Ma­nuel de Rosas, seledeclara reo dealta tt"aició71a lapatria quedando tantoélcomo sus sostenedoreslos salvajes unitarios fueradelamparo dela ley;en todos los actos públicos de la provincia nose dará otra denominación al traidor Urquizaque el merecido oprobioso dietado de locotraidorsalvajeunitario desconociéndolo porconsiguiente en el carácter de gobernador ycapitán general de la digna provincia deEntre Ríos; se declara crimen de lesa nacióntodo pacto o tratado que celebrase o hubiesecelebrado el loco traidor salvaje unitario Ur­quiza con el titulado gobierno de Montevi­deo, los salvajes unitarios y el pérfido anti­americano gob ierno del brasil .:"

La violencia del lenguaje manifestadaen las contundentes declaraciones de laSala de Representantes de la provincia deTucumán se vinculaba con una prácticadiscursivacomún en periodos de Rosas quefuncionaba como estrategia deslegitima­dora en términos legales pero, sobre todo,morales de la oposición política. A su vez,las provincias norteñas manifestaron suoposición a los planes urquicistas por vin­cularlos no sólo con una actitud rebelde,facciosa y por lo tanto "anárquica", sinocon la contemporánea amenaza armada li­derada por el comandante tuc':!mano exj­liado en Chile, Crisóstomo Alvarez. Elmismo formaba parte de los llamados"emigrados" que, en tanto actores vincula­dos a la política y a la vida militar provin-

27 [bid., f. 456. Cursivas mías.

cial y regional , habían sido obligados aabandonar sus provincias natales por con­siderárselosopositores al federalismo rosis­tao Los avances de los emigrados desdeChile se vinculaban a las proyecciones yalcances de la importante campaña paragenerar una "opinión pública" favorableiniciada por Urquiza con el apoyo de losescritosde Domingo Faustino Sarmiento.LH

Sin embargo, la ofensiva de los emi­grados fue interpretada por los gobernado­res del norte como una afrenta planeaday liderada militarmente por el propio Ur-

2H Urquiza, privilegiando la búsqueda de apoyoinstitucional y político, había escriro a Sarmiento en­cargándole reforzar su tarea persuasiva respecro de losgobiernos confederados, si bien el gobernador seguiríaarbitrando la iniciativa armada y el avance del ejércitoaliado: "Puede usted asegurar a los pueblos y a loshombres individualmente que la base de la revolL1­

ción que he promovido [...] es hacer cumplir lo mismoque se sancionó el I de enero de 1831, esto es que sereúna el Congreso nacional federativo y que dé la car­ta consti tucional sobre las bases que el tratado esta­blece [...] En este sentido [...] es absolutamente indis­pensable que se hable a los hombres y a los pueblosseparando toda otra opinión pública, toda otra formade gobierno , porque el sistema federal está sancionadopor los pueblos y sellado con su sangre [...] La sanciónde las provincias es lo que únicamente necesito,porguelos otros recursos los tenemos en las provincias que he­mos iniciado la revolución, a más de que no me fulmnaliados porque el odio a Rosas es universal en Américay Europa l...] Trabaje y escriba en el sentido que leindico; procure el voto de los pueblos y la acción dé­jemela a mí en esta parte." Carta de Justo José de Ur­quiza a Domingo Faustino Sarmiento, 23 de juniode 1851, en Bosch, Presencia, 1953 , pp . 93-94. Estapropuesta de Urquiza generó una importante tensióncon Domingo Faustino Sarmiento quien, más que li­derar una campaña para generar una "opinión pública"favorable, se proponía detentar un importante puestomilitar en el "Ejército Grande", Sobre esta cuestiónvéase Sarmiento, Campaña, 1957.

LA ARGENTINA DE LOS INICIOS DE LA ORGANIZACiÓN NACIONAL 147

quiza para sofocar a las provincias adictasal régimen resista." En consecuencia, seapoyó al ejército rosista esgrimiendo argu­mentos como los manifestados por elgobernador de Catamarca:

el pueblo de Caramarca se compromete acontribuir a sellar con su sangre y la de suscompatriotas sus compromisos solemnes queligan a laprovinciade Catarnarca con lacau­sa de la confederación, su integridad e inde­pendenc ia.?"

Evidentemente, la guerra también seentendía como "criterio final de victoriapolítica".3! En consecuencia, Urquiza seapresuró a escribir al primer mandatariotucumano, para manifestarle su desvincu­lación respecto de la invasión preparadapor Crisóstomo Alvarez al norte argentinoasí como su respeto por las autonomías pro­vinciales y por la legalidad confederal enel marco de su "cruzada contra la tiranía":

Estimado compatriora [...] debo declararlemuy francamente que muy distante estoyde invadir la jurisdicciónde los excelentísi­mos gobiernos de las provincias confedera­das,pues lo que buscode elloses la coopera­ción parriótica con que deben propender ahacerdesaparecer de la escena pública al ver­dadero salvajeunitario Juan Manuel de Ru­sas para que al fin la nación argentina se

29 Véase carta de Nazario Benavides a Celedoni oGutiérrez. SanJuan, 31 de diciembre de 1851 enAHT, SA, vol. 71, f. 598.

30 Cartadelgobernador de Catamarca al de Tu­cumán. Catamarca, diciembre de 1851 en ibid., f.559.

31 Hobbes, Leviathan, 1982 ; Bobbio, Teorias,1987, cap. Vlll .

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constituya por el sistemaque han proclama­do los pueblos.F

Así, la reivindicación de la legalidadconfederal, la "tiranía" y la posibilidad de"const it u ir la república" fueron los argu­mentos utilizados por Urquiza no sólopara justificar discursivamente su pronun­ciamiento institucional y la guerra, sinopara promover una posición "unánime"de las provincias frente a los mismos.

Las noticias del éxito de Urquiza enCaseros, proclamado el 3 de febrero de1852, tardaron en llegar a las provinciasdel norte, lo cual permitió al gobernadorde Tucumán Celedonio Gutiérrez organi­zar la campaña en contra de CrisóstomoÁlvarez, que se resolvió en beneficio delmandatario tucumano. Sin embargo, eltriunfo urquicista puso fin al gobierno deRosas, e incitó a los gobiernos del norte atomar postura frente al nuevo liderazgoconfederal. Si bien el orden rosista comen­zaba a desmoronarse, la endeble unidadde las provincias debía mantenerse hastala reunión del Congreso Constituyentepara organizar la nación y así otorgar sen­tido y legitimidad a la guerra ganada. Parainsertar el proceso en un marco de legali­dad, las salas de representantes de todaslas provincias de la confederación comen­zaron a deponer sus antiguas actitudes enbeneficio de Urquiza quien, como nuevojefe de la confederación hasta que se reu­niera el soberano Congreso Constituyente,aceptó y promovió la continuidad de lamayoría de los gobernadores provincialesprovenientes de la etapa rosista, quienessecundaron el proceso constitucional ini-

.\2 Cuartel general deRosario, 29 dediciembre de1851, en AH"-, SA, vol. 71, f. 585 .

FLAVIA JULlETA MACiAS

ciado por el primer mandatario entrerria­noY En palabras de Celedonio Gutiérrez,

la república se encuent ra hoy sin una auto­ridad caracrerizada que represente a la naciónen sus relaciones con los demás Estados delmundo. Tal situación representa dificultadesque además de perjudicar los asuntos interio­res del país daña nuestros intereses nacionales[...] El infrascrito ha creído que el ilustre U r­quiza siendo el jefe más respetable de la con­federación y reuniendo la calidad de gober­nador y capitán general de una provinciaque goza de ventajas locales de los ríos quebañan sus costas para hacer fácil la residenciade los ministros extranjeros es el llamadopor estas circunstancias y la de merecer laconfianza de sus compatriotas a desempeñaresta elevada misión nacional.f"

Dado el manifiesto apoyo de las pro­vincias, Urguiza trató de mamener ciertacoherencia con los fundamentos dc su"cruzada contra el despotismo en beneficiode la organización de la república" y rei­vindicó las instancias legales e institucio­nales como medios para solucionar losconflictos intcrprovinciales y la actual si­tuación de la confederación. En este sen­tido, la promoción discursiva de un es­píritu no sólo "fraterno" sino también"conciliador", se constituyó en estrategiaclave para garantizar tanto la configura­ción de una "genuina" unidad de opiniónfrente a su emprendimiento "revolucio-

33 Para el caso específico de las provincias delnorte argentino consultar el trabajo ya citado de Bra­vo, "Política", 2003, pp, 243-259.

34 Carta del gobernador de Tucumán CeledonioGutiérrez a la Sala de Representantes de la provincia.Tucumán, 23 de marzo de 1852 en AHT, SA, vol. 72,fs. 386-387.

nario" como la pacificación imcrna. La"fusión partidaria", el "olvido a los agra­vios", el "buen trato al vencido" y el res­peto por las leyes se erigieron en valuartede su discurso político:

Conciudadanos: la libertad de los argentinosha procl amado el olvido general de los agra­vios, la unión de los partidos políticos y ental caso vosotros cumplisteis coa un gratodeber en segundar eficazmente esta respe­table insinuación. La patria reclama de voso­tros lo mismo que la religión prescribe y larazón aconseja: fraternidad estrecha entre loshijos de la gran familia argentina, olvidarlos agravios es el deber del patriota y delcristiano. Si así lo hacéis habréis cooperadopor vuestra parte a la organización y a la di­cha de nuestra parria'?

Evidentemente, si bien se mantuvo elprincipio de "unanimidad" como fuentede legitimidad del nuevo "orden" políticoen construcción, los parámetros de confi­guración y supervivencia de la misma pre­sentaron destacables matices respecto delos principios manifestados por Rosas.Para este último, la anarguía derivaba del"espíritu de partido" claramente atribuidoa las facciones opositoras. Consideradacomo forma de atentación contra la "una­nimidad", el "aniquilamiento" de la opo­sición política se asumía como lícito e in­cluso aconsejable. En contrapunto conestos principios, las nociones de "fraterni­dad" asociada, al concepto de patriotismoy al de "conciliación" como se señala enel fragmento recién citado se articularon ala fórmula de "fusión partidaria" lanzadapor Urquiza, para atenuar el faccionalismopolítico en las provincias, los conflictos

r tu«; fs. 315-316.

LA ARGENTINA DE LOS INICIOS DE LA ORGANIZACiÓN NACIONAL 149

del periodo de posguerra y las divergenciasinrerregionales. Sin embargo, la violenciareformulada bajo las claves del "terror" alestilo rosista se proyectó al periodo poste­rior a Caseros, materializándose en sa­queos, asesinatos y ejecuciones públicas,muchos de ellos liderados por el propioUrquiza. En este sentido, y tal como loexpresa Ricardo Salvatore,

Santos Lugares, ahora ocupado por el ejércitoaliado, parecía a su vez un sitio de terror y de

concertación política. Allí Urquiza negocia­ba con los liberales porteños la transición

hacia un sistema d e libertades públicas y ha­cia un proceso constituyente. Pero allí tam­bién se ejecutaban a ex oficiales rosisras, asícomo a muchos soldados aliados que se ha­

bían pasado a las fuerzas de Rosas antes de

Caseros. En los caminos entre Santos Luga­res, Palermo y la ciudad, los visitantes po­dían ver, como el símbolo del fin de una era ,

cadáveres colgados de los árboles. Algunosde los visitantes, cuentan los contemporá­neos, se cubrían el rostro. 36

Con el objetivo de mantener en pie alas instituciones existentes, Urquiza con­vocó a todos los gobernadores provincialesa una reunión en San Nicolás de los Arro­yos. Esta iniciativa dio paso a la reunióndel soberano Congreso Constituyente don­de se debatieron tanto la estructura insti­tucional del futuro Estado nacional comosus instancias fundacionales . En ese con­texto de debate, la "violencia'"? como ins-

36 Salvatorc, "Consolidación ", 1998, p . 379.37 En este caso "violencia" se tom a en el sentido

de "fuerza" y puede asociarse , como se ha venidoviendo, tanto a actos revolucionados armados quepretenden impugnar un gobierno o a acciones de go­bierno que pretenden conservar las insri tuciones y

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trumento político y su materialización através de la guerra y de las "revoluciones"ocuparon un lugar central. ¿Cómo confi­gurar un "orden" político devenido de la"guerra">; ¿cómo justificar un hecho dearmas como estrategia fundacional de lanación?

"GUERRA", "ORDEN POLÍTiCO"Y "CONSTITUCIÓN" EN LOS DEBATES

DEL CONGRESO CONSTITUYENTE

En el acuerdo surgido a partir de la reu­nión de San Nicolás de los Arroyos se fijócomo prioritaria la declaración de unaConstitución nacional, para lo cual se dis­puso que los diputados se constituyeranen "diputados de la nación" gozando deplenos poderes para la elaboración de lacarta magna, dejando de lado su papel de"apoderados" de las provincias detentadodurante la etapa anterior." El mencionadoacuerdo no sólo volvió sobre la vieja cues­tión de la "representación nacional" o

sus gobernantes frente a actores diverge-nn-s. En amboscasos, y como se ha venido refiriendo y se referirátambién, el problema de la "legitimidad" respectodel uso de la "violencia" para conservar o torcer eldestino político ocupa un lugar central.

j X "el Congreso sancionará la Co nstitución na­cional a mayoría de sufragios; y como para lograr esteobjeto sería un embarazo insuperable que los di­putados trajeran instrucciones especiales que restrin­gieran SllS poderes, queda convenido que la elecciónse hará sin cond ición ni restricción alguna, fiando a laconciencia, al patriotismo y al saber de los diputadosel sancionar con su voto 10 que creyesen más justo yconveniente, sujetándose a lo que la mayoría resuelvasin protestas ni [edamos". Artículo (," del Acuerdnde San Nicolás de los Arroyos citado en Chiaramonte,"Federalismo", 1993, pp. 126-127. Si bien no es ob­jetivo de esre trabajo profundizar sobre esta problemá­tica , para un análisis de la misma véase ibid.

FLAVIA JULlETA MACiAS

"mandato imperativo", sino que avanzó encuanto a las attibuciones de un poder cen­tral en formación donde a Urquiza se leatribuyeron, de manera provisoria, el ma­nejo de las relaciones exteriores, la repre­sentación de la soberanía, la conservaciónde la indivisibilidad nacional y el mante­nimiento de la paz interior. Considerandode vital importancia la concentración delmanejo de la "fuerza física" en beneficiodel iniciado proceso político, se le confirióen teoría el mando de rodas las fuerzasmilirares provinciales, que pasarían a serconsideradas como partes integrantes delejército nacional en íormación.é" En defi­nitiva, este acuerdo marcó un claro cambiode orientación política donde la solucióninstitucional buscada para el Río de laPlata se acercó mucho más a la estructurade un Estado federal con una soberaníamayor a las particulares de lasforovinciasque a la de una confederación. o

U na vez firmado el pacto por los go­bernadores y recurriendo a los principiosconfederales convenidos en 1831 se reu­nieron las respectivas salas de representan­tes provinciales para observar las conclu­siones del mismo. La única provincia queno aceptó los principios planteados por elacuerdo fue Buenos Aires, donde se mani­festaban posturas encontradas frente a lasestrategias implementadas por Urquiza

39 Este poder central, más que expresar al "Estadocentralizado" triunfante luego de Caseros,demostrabala voluntad de centralización existente en el proyectonacional que no llegó a concretarse hasta la décadade 1880. Sobre el problema del fortalecimiento delpoder central en la Argentina, véase Botana, "Federa­lismo", 1993, pp . 224-263, YOszlak, Formación,

1997.4 0 Chiaramonte, "Federalismo", 1993. Sobre el

problema del federalismo en Argentina a partir de1852 véase Botana, "Federalismo", 1993.

para promover la organización nacionalluego de la guerra. Los liberales porteñosque apoyaban el proceso iniciado en Case­ros veían en las acciones desarrolladas porel general entrerriano la decisión de ma­nejar la gobernación bonaerense y de de­clarar a la provincia capiral de la repúblicafederalizando de inmediato su territoriopara controlar desde allí el proceso de or­ganización nacional. Una vez convocadoslos gobernadores a San Nicolás, el gober­nador bonaerense López y Planes, colocadoen la primera magistratura mediante pre­siones ejercidas por Urquiza, asistió a lamencionada reunión sin apelar al consenti­miento de la sala, ya que temía su rechazo.Si bien la legislatura repudió la actitudde López y Planes amparándose en losprincipios del pacto de 1831, decidió de­batir los artículos del acuerdo. En estecontexto, gran cantidad de ellos fueronrechazados, especialmente aquellos en losque se especificaba que la~ provincias par­ticiparían con igual número de diputadosen el soberano Congreso Constituyente,lo cual disminuía radicalmente las influen­cias de Buenos Aires en el mismo. La re­nuncia del gobernador propietario asícomo la asunción de Urquiza como gober­nador provisorio desencadenaron un levan­tamiento cívico-militar que culminó conla separación de Buenos Aires, que no en­vió diputados al Congreso Constituyentey que se organizó como Estado autónomoy soberano declarando su propia consti­tución."!

.[ 1 Buenos Aires se reintegró a la república en1861. Sobre las 'J ornadas de Junio de 1852", la re­volución del 11 de septiembre del mismo año y eldesarrollo ele la política en Buenos Aires durante laetapa de secesión, véase Lettieri, República, 1998, y

Bonaudo, Estado, 1998, t. 4.

LA ARGENTINA DE LOS INICIOS DE LA ORGANIZACiÓN NACIONAL 151

A pesar de los mencionados sucesos ysin contar con la presencia de los diputa­dos por Buenos Aires, el soberano Congre­so Constituyente inició sus sesiones conel objetivo de declarar una constituciónque conciliara las posiciones provinciales.Según el abogado y pensador Juan Bautis­ta Alberdi, cuyos escritos fueron de deci­siva influencia en el proceso de elaboracióndel pacto constitutivo, la declaración deuna constitución implicaba sentar las basesde forma armónica y equilibrada del juegopolítico interprovincial, impregnado hastaahora de un fuerte autonomismo local entensión con tendencias unitarias manifes­tadas en los intentos constitucionales delos años 1819 y 1826. Para el pensador,una "fórmula mixta" de gobierno plasma­da en una constitución escrita representa­ría la superación "legal" de las inestablesformas de unión confederales desarrolladashasta el momento. Así, aseguraba que sedebía elaborar una propuesta política en laque participaran a la vez la "unidad" yla "confederación", la "nacionalidad" y el"provincialismo", "los intereses de todos"y los de cada uno, y esto haría al país "uni­dad" y "federación" al mismo tiempo. Esdecir, que las claves de un genuino "ordenpolítico" no sólo residían para Alberdi enla confección de una constitución nacionalsino en la combinación que esta efecruaraentre "federalismo" y "centralismo't.V En

42 De esta propuesta se deriva el "federali smo li­beral" como base de sustentación política del nuevoEstado. La clave de! sistema residía en las caracrerís­ricas del "poder central". El mismo se encontrabaconstituido por un presidente con amplios pederespero equilibrado a su vez por un peder legislativo in­tegrado por dos cámaras donde se encontraban repre­sentadas todas las provincias, ya sea de forma iguali­taria (Senado) n proporcional (Cámara de Diputados).A su vez, las provincias seguían conservando algunos

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consonancia con el debate en torno a estosprincipios, el clima de tensión y de inmi­nente guerra civil que rodeó la labor delCongreso influyó en las discusiones pre­liminares que discurrieron en primera me­dida sobre la legirimidad del cuerpo legis­lativo, la proyección de su obra y la con­veniencia o no de dictar una constituciónbajo las inestables circunstancias.

la "plenipotencia" y la soberanía delos poderes otorgados a los diputados porel voto de "los pueblos", así como la "uná­nime" voluntad atribuida a las provinciasde declarar una constitución nacional ex­presada luego de la guerra a través de suslegislaturas que reactivaron los principiosdel pacto de 1831, asociadas al Acuerdode San Nicolás se esgrimieron como losprimeros fundamentos de tipo institu­cional que actuaron como variables legi­tirnantes de la reunión constituyente.¿Cómo se asociaron la guerra y el procesodeliberativo posterior? Evidentemente, lanecesidad de proyectar el apoyo de las le­gislaturas provinciales implicó la elabora­ción de una retórica que iba más allá de lalegalidad manifestada en los pactos y dela soberanía de "los pueblos" y de sus re­presentantes. La "guerra" se había manifes­tado como instancia fundacional del pro­ceso constituyente, y en tal caso, la mismadebía justificarse y articularse al proceso deorganización nacional. En este sentido, elCongreso se pronunció de la siguientemanera:

El Congreso, obligado por la naturaleza de

sus graves tareas a meditar sobre el destino

rasgos de su tradicional autonomía. Sobre el pensa­miento de Alberd i en tomo a la conformación del Es­tado nacional véase Halperin , Nación, 19H2; Botana,Tradición, 1984, y Orden, 1994 (esrudio preliminar).

FLAVIA JULlETA MACiAS

d e las sociedad es y de sus revolucion es se ha

im buid o de la id ea d e que las revo luciones

só lo son legít imas cua ndo salvan las ideas,

los pueblos, sus intereses esen ciales, la honraentre ellos y los d erechos que la human idad

em ancip ada p or el crist ian ism o ha afirmado

por la civilización. Nuestro lúgubre pasado

antes de mayo de 1851 justifica una revolu­ción , si hay alguna que pueda ser necesaria.V

Com o primera medida entonces, laimplementación de la violencia materiali­zada en la guerra se justificó en clave revo­lucionaria, entendiendo a la "revolución"no como un "cambio estructural a la fran­cesa", sino como el "retorno" al procesode conformación de una nueva comunidadpolít ica nacional posterior a la revoluciónemancipadora de 1810 el cual había sido"truncado" por la "tiranía" rosista. La im­pugnación revolucionaria a la "tiranía" seinició con un acto institucional, el pronun­ciamiento de mayo de 1851, Yse proyectóe hizo efectivo medi ante la utilización dela fuerza. Si bien la toma de las armas erauna atribución provincial de base jurídica,la ut ilización de las mismas se justificóaquí en términos morales en tanto expre­saba el "compromiso" ineludible de "lospueblos" con la defensa de su soberanía yde las "provincias hermanas" y con el pro­yecto constituc ional plasmado en el Pactode 1831 y "ultrajado" por la "tiranía" ro­sisea. En ese sent ido, a Urquiza se le atri­buyó el papel de "héroe libertador", quienmás allá de sus intereses indi viduales oprovinciales supo leer y entender las nece­sidades y la voluntad de las pro vinciasrioplatenses, utilizando las armas en virtudde la misma y en beneficio del cumpli­miento de las leyes preexistentes. Los di-

43 Ravignani , Asambleas, 1937, pp. 548-549.

putados estaban dispuestos a promover elprograma propuesto por el gobernado rentrerriano por considerarlo como uno delos "más esclarecidos varones que no haosado dar a los pueblos su programa es­crito por la punta de la espada victoriosa,sino tomándolo de ellos y de su voluntadnacional, elevando a pr incipio y realidadla idea y sent imiento de la nación." 44

Estas primeras justificaciones relacio­nadas con el emprendirnienro armado ysu relación con la promoción de un "ordenpolítico" implicaron importantes tensionesen los debates del sob erano CongresoConstituyente: ¿hasta qué punto podíaadmitirse que las "revoluciones" y la "gue­rra" rediseñaran el lenguaje republicanoy cívico e impulsaran un nuevo "ordenpolítico" que buscaba sostenerse sobre labase de una constitución y de los princi-

44 Esta retórica config urada en tomo a la "revo lu­ci ón" y a sus connotacio nes m ilitares conrribuy ó amodificar los comportam ientos y funciones conside­rados inh erentes a los represen tantes de la repúbl ica.Si bien los d ip utados no de jaban de referirse a suscompromisos con "los pueblos", los mismos se consi­deraban, paralelame nte, como los responsables de la"defensa del ordeo interno de la nación" y de la "civili­zación" entendiendo q ue si bien su "comba te" contrala anarquía anteponía a la ut ilización de la violen­cia la irnplemenración de "la fuerza moral de las I (~­

yes", los mismos, corno muestra de su heroicidad y pa­tr ioti smo, eran capaces de "empuñar las armas y darla vida por su patria" en beneficio del "bien común ".A pesar de la persistencia de cierras am bigüedadesen el conceptO de patriot ismo, comen zó a modelarseun concepto de ciudadan ía articulado a la naci6n entérm inos polít icos y mi litares. Estas nociones comen ­zarían a utilizarse en el periodo posterior a Caserospara leg it imar y afianzar el proceso de reorien raci ónde las lealtades polít icas y mi lita res en beneficio de laconstrucción nacional. Fragmento del discurso leídopor el pres idente del Coogreso en momentos de suiosralación. tu«; p . 413.

LA ARGENTINA DE LOS INICIOS DE LA ORGANIZACiÓN NACIONAL 153

pios de la civilización y del progreso?; ¿po­día dictarse la "carta magna" en un con­texto en el que las armas aún se mostrabancomo un recurso habitual en el desarrollode la vida política de las provincias confe­deradas? El planteamiento de estas cues­tiones en el seno del Congreso no sólo im­plicó discusiones sobre la legitimidad yalcances del proceso político iniciado apartir de la batalla Caseros, sino tambiénsobre las formas y alternativas considera­das apropiadas para la configuración delEstado nacional.

Según Zuviría, diputado por la pro­vincia de Salta, eran los comportamientos"civilizados" y "morales" de los puebloslos que debían constituirse en fuentes depromoción del nuevo "orden" político.Por lo tanro, Zuviría destacaba como ne­cesidad prioritaria para la elaboración dela constitución la "completa pacificaciónde la república". Si bien el diputado nobuscaba desacreditar la labor de Urquizani desconocer la "voluntad unánime de lospueblos" manifiesta en el pacto de 1831 yen el Acuerdo de San Nicolás frente aldictado de una constitución, él mismodescreía que estos hechos fueran suficientespara promover un nuevo "orden" políticoen un contexto en el que "guerra" y "po­lítica" aún seguían íntimamente vincula­das. A su vez, no sólo descreía de la guerracomo productora de "orden, civilizacióny progreso", sino que rechazaba el argu­mento sostenido por algunos diputadosque atribuían tanto a la constitución comoa las instituciones la capacidad de pacificary reformular las conductas sociales y po­líticas preexistentes cuando aún la guerracivil y el faccionalismo seguían vigentes yse habían trasladado al centro del procesopolítico en ciernes. En definitiva, se cues­tionaba, en primer lugar, la articulación

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entre un proceso político-militar de tiporevolucionario y las instancias considera­das como fundacionales de una naciónconstitucionalmente organizada e integra­da por "ciudadanos". A su vez, y en esecontexto, se ponía en duda la capacidadregeneradora de costumbres atribuida tan­to a la Constitución nacional como a lasinstituciones republicanas/" Evidente­mente, Zuviría aún asociaba elliclerazgourquicista y el proceso revolucionario ini­ciado con su pronunciamiento con cos­tumbres derivadas del caudillismo y delfaccionalismo político de la primera mitaddel siglo XIX, que según el diputado obs­taculizaban la moralización de las insti­tuciones, la libre y espontánea manifes­tación de la voluntad de "los pueblos" y laarticulación de los mismos en el marco de

45 "aún no ha acaecido entre nosotros un cambio

de gobierno que quizá no haya sido sino de personas,no de ideas, principios ni costumbres qllE no cambianen un día; cuando en el acro, atribuyendo los malespasados a esas personas, y no a causas reales, petma­nentes y ligadas a intereses de otro orden, se ha con­vocado a un Congreso para que dictase una Cons­titución quizás sin más variantes que los motivosprominentes que han servido de causa o pretexto a larevolución a que debe su origen. ¿Y qué ha resultadode esta aberración... ? ¿Ni qué otra cosa podía resul­tar de consriruciones que como dictadas a conse­cuencia de W1a revolución, viene a ser el eco de ella elresultado genuino del principio o partido victoriosoy no de la nación que se compone de vencedores, ven­cidos y neutrales? ¿Qué de una obra nacida del focode las pasiones en ebullición y sin el "poyo de esaaquiescencia general de los espíritus sobre la que nose puede conrar en medio de conmociones políticas,ni aun después de ellas sin dar treguas a la calma quesólo se obtiene después de corrido algún tiempo guepasó la tempestad? ¿Ni cómo suponer esa calma en lospueblos cuando sus mismos conductores participandel fuego de la revoluc ión de que han nacido aguequizás deban su existencia)" lbid., p. 471.

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la comunidad nacional, superadora de losintereses localistas y de las lealtades per­sonales:

triunfando del dicrador, no hemos triunfadode la dictadura. Aún pesan sobre nosotrosla dicradura de los vicios [...] del crimen yde la corrupción [...] de la anarquía y de laguerra civil [...] la dictadura de la fuerza ar­mada que a falta de otros medios moralesdecide entre nosotros de todo nuestro ser su­cial y político; la dictadura en fin de la crisisy de la situación a cuyo nombre callan todaslas leyes y se legitiman todos los abusos yexcesos [...] pero sobre nosotros la más atrozde las dictaduras [...] hablo de sangre, de eseespíritu de guerra y de exterminio que se haapoderado de nosotros hasta no creer posiblela solución de un problema político, social yeconómico si no es por el ministerio del ca­ñón y de arroyos de sangre. ¿Y después de loque ha pasado y pasa a nuestra vista, la solacaída del dictador [luan Manuel de Rosas]servirá de suficiente base para elevar sobreella un trono digno de la Constitución po­lítica de la república sin consideración a suactual estado?46

Según el diputado salteño, el empren­dimiento urquicista y sus consecuenciasreactualizaban los actos de violencia y el"espíritu de partido" derivados de las cos­tumbres políticas del periodo rosista. Asu vez, la iniciativa armada se desestimabacomo parte integrante de un proceso de"civilización y progreso". En este contexto,una constitución difícilmente podía garan­tizar la pacificación de las relaciones in­terprovinciales considerándose además quemás que las revoluciones armadas eran "lascostumbres públicas civilizadas" conquis-

46 lbid., p. 473.

tadas de tiempo en tiempo las promotorasdel "orden moral" necesario para la confi­guración de un "orden" político."? Si laconstrucción republicana respondía a unaprendizaje práctico y progresivo de losprincipios de la "civilización" y del "pro­greso", Zuviría aseguraba que la tarea delegalización de las relaciones interprovin­ciales y del Estado nacional como una ins­tancia previa y a su vez promorora de laasimilación del nuevo orden se reducía asimples aplicaciones teóricas consttuidassobre la base de sistemas políticos que ha­bían funcionado en países extranjeros yque en consecuencia distaban de respondera las necesidades rioplatenses.?"

Esta posición que descartaba comoapropiado "constituir la república" bajolas referidas circunstancias, despertó fuer­tes oposiciones en el seno del Congreso.En primer lugar, Zavalía, diputado por laprovincia de Tucumán, consideraba queCaseros había expresado por primera vezla conjunción de voluntades de "gobernan­tes y gobernados" actuando esto comoprincipal impulso y fundamenro del pro­ceso de organización nacional. A su vezargumentó que dadas las circunstancias,los años de guerra civil y los fracasadosintentos constitucionales, pueblos y go­biernos se mostraban "dóciles" ante las

47 lbid ., p. 474.4" "La ciencia del legislador no está en saber los

principios del derecho constitucional y apli carlos sinmás examen que elde su verdad teórica; sino en com­binar esos mismos principios con la naturaleza y pecu­liaridades del país en que se han de aplicar [...]; estáfinalmente en saber juzgar y combinar todas las pre­tensiones e intereses discordantes de los pueblos queconstituyen esa sociedad l~ ..] Empíricos políticos siem­pre hemos querido aplicar remedios prontos y heroicossin examen de la calidad de ellos y del estado del pa­ciente." [bid, p. 470.

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resoluciones del Congreso y del directorprovisorio, y propensos a aceptar los prin­cipios "conciliadores" promovidos desdelas autoridades políticas confederales, pro­moviéndose desde aquí la necesaria "una­nimidad" de opinión que daría paso exi­tosamente a la organización nacional. Apesar de los ejemplos europeos resaltadospor el diputado por Salta, Zavalía conside­raba que las "repúblicas vecinas, de idén­tico origen, con costumbres, religión, idio­ma y tradiciones análogas, suministrabanuna experiencia más digna de examinarsee imirarse.t'"?

La exaltación del ejemplo de las repú­blicas americanas no sólo sirvió para re­forzar el argumento en beneficio de lapronta organización nacional. Tambiénayudó a resaltar las funciones pedagógicasque se consideraban atribuibles a la Cons­titución nacional, considerada como elmedio más poderoso de pacificación y deperfección para "los pueblos" y de forma­ción de los "buenos ciudadanos'I?" Sobrela base de estas argumentaciones y soste­niéndose que los años de "anarquía" noeran sino producto de la ausencia de unaconstitución nacional, se avanzó sobre elproceso de organización de la república,al que se consideró inmerso en una diná­mica política propiamente "americana"que se sostenía sobre las experiencias delos países vecinos . En este sentido, laConstitución fue asumida como estrategiapedagógica, pacificadora y articulanre, enun clima en el que la guerra civil aún pre­dominaba en las costumbres políticas pro­vinciales. Una vez elaborada la Consti­tución, pasó a ser considerada como

49 lbid, p. 481.50 lbid, p. 480.

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resultado del antes referido proceso "revo­lucionario", y en ese sentido quedó justi­ficado el hecho de armas. En un discurso,el Congreso se refería a Urquiza de la si­guiente manera:

La Constitución señor [...] ha legitimadovuestrarevolución, Las convulsiones de lospueblos, cuando terminanen el traspaso delpoderirresponsable de una manoa otra sonusurpaciones execrables [oo.]También quedáisa cubierto de estamaldición. Lahistoria conpluma mojadaen tinta de oro ha escrito yavuestropronunciamiento del 1 de mayo, lacélebre e inmorral victoria de Monte Caseros,el Acuerdo de SanNicolás de losArroyos yconreciente data laConstitución argentina'"

En consecuencia, la exitosa labor cons­tituyente legitimó los dos términos de larevolución urquicista, esto es el pronuncia­miento y el levantamiento armado. En elmarco del Congreso, la guerra se justificóen clave revolucionaria y se legitimó porsus efectos y resultados materiali zados enel pacto constitutivo.

¿Cómo se resolvió en términos consti­tucionales el problema del manejo de lafuerza en relación con las provincias y conel naciente poder central? Esto necesaria­mente se vinculó con la redefinición delas soberanías provincia1csen beneficio delEstado nacional, donde la relación entre"legitimidad" y "violencia" se resolvió teó­ricamente a favor del poder central. Así, lautilización de los instrumentos represivosen proceso de construcción quedó, segúnla constitución, bajo su exclusivo monopo-

51 Discurso dirigido a Urquiza y leíJo por el pre­sidente del Congreso Consriruyenre una vez finali­zada su rarea. lbid., pp. 548-549.

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lio para garantizar el mantenimiento delorden int erno y de la soberanía nacional.La "violencia" se mostró entonces comouna estrategia ampliamente utilizada porel poder central y efectivizada a través delejército nacional para reivindicar su sobe­ranía sobre las particularidades provincia­les. La violencia estatal y "legítima" sematerializó en las intervenciones federalesa las provincias rebeldes, en la declaraciónde la guerra a los "actores disolventes" y enel avance del proceso de desmilitarizaciónlocal en beneficio de la soberanía nacional.En efecto, el poder central, amparado enla Constitución nacional , buscó extendersu radio de influencia al ámbito provincialno sólo a través de la "fuerza moral de lasleyes", sino mediante la utilización de la"violencia" como atribución legítima yexclusiva. Sin embargo, esto convivió conotro argumento constitucional que vin­culaba el uso de las armas con los deberescívicos y bajo ese principio se justificó loque Hilda Sabara denominó como la "vio­lencia no estatal" de los años posteriores.VEl concepto de ciudadano armado deri­vado del artículo 21 de la Constituciónnacional y la organización de una nuevainstitución militar constituida por los mis­mos, la Guardia Nacional.P demostró quepara los contemporáneos la utilización delas armas, considerada como una atribu­ción inherente al Estado nacional, no es­taba totalmente reñida de la civilidad.54 La

" VéaseSabara, "Ciudadano", 2003." La Guardia Nacional se conformó en el año

1854 y formó parte del ejército nacionalcomo fuerzade reserva.La misma se consti mía por ciudadanos ycada provincia debía contribui r con un número debatallones de la misma al ejército nacional. VéaseMa­cías, "Ciudadanía", 2003.

'4 Sabato, "Ciudadano", 2003, 1'.150.

implementación de la violencia contra ungobierno considerado despótico, como si­guió ocurriendo en los años de la construc­ción nacional, sepercibió como un "deber­derecho" de la ciudadanía, si bien seaceptaba el monopolio de los instrumentosde coerción por parte del poder central.Este compromiso cívico militar expresadoen términos de deber-derecho fue formu­lado por Mitre en los siguientes términos:

En los pueblos libres el arre de la guerra noes sino el arte de la defensa nacional respectode los extraños y la base del orden y de lalibertad respecto de los ciudadanos. Por locontrario en lospueblos bárbaros la guerra esun elemento de despotismo y de anarquíaperperua. La causa de esta anomalía consisteen los medios diversos que unos y otros em­plean para tal efecto. En los pueblos bárbaroses la minoría robusta la que empuñando las

armas impone su yugo al más débil y de en­tre esta minoría se levanta el más fuerte paradominar la tr ibu o comarca y hacerla servira sus miras ambiciosas. A medida que la aso­ciación progresa surge de ella dos principiosopuestos: el de la barbarie representada porla fuerza bruta y el de la inteligencia nacienterepresentada por la mayoría oprimida. Pocoa poco la inteligencia se vincula a la fuerzamaterial, primero es el monopolio de algu­nos y por úlrimo el patrimonio de todos.Cuando un pueblo ha llegado a este puntopodéis decir que esrá en el camino de con ­quisrar sus derechos porque [...J la fuerza esel derecho según en manos de quien esté: sipe rtenece a uno solo es el despotismo, si avarios el privilegio, si a todos entonces es elderecho.Y'

15 Mitre, Obras, 1959,vol. 13, cap. 12.

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CONSIDERACIONES FINALES

La "revolución" liderada por Urquiza secompuso de dos aspectos: uno institucio­nal y otro armado. El primero, implemen­tado desde las instituciones (ejecutivoprovincial y sala de representantes) fue elprimer paso en el proceso de desvincula­ción con el liderazgo rosisra. Sin embargo,esta acción de tipo institucional no se con­sideró suficiente. Desde el ejecutivo pro­vincial se promovió una acción armada nosólo con el objetivo de llevar la guerra algobernador bonaerense, sino con el de pro­mover el pronunciamiento de las restantesprovincias confederadas. En este sentido,los discursos de Urquiza "justificaron" laimplementación de la violencia materiali­zada en la guerra no sólo bajo argumenta­ciones de tipo jurídico, sino mediante lasreferencias a un gobierno de tipo tiránicoy valorizaciones de tipo moral donde lascausas y objetivos de la guerra se vincula­ban con un compromiso fraterno del "pue­blo entrerriano" con la "liberación" de lasprovincias soberanas del "yugo de la tira­nía". Sin embargo, la posterior declaraciónde la Constitución nacional haría el resto.Así, "legitimidad", "violencia" y "ordenpolítico" se articularon en el discurso ur­quicista mediante argumentaciones queasociaban principios jurídicos con justifi­caciones revolucionarias que reivindicabanla "soberanía" frente a la "tiranía" y conreferencias de tipo moral que justificabanla guerra emprendida.

El soberano Congreso Constituyentese erigió en escenario de exaltación y de­bate respecto de las nociones y discursoselaborados en torno a la guerra ganada ysu "legítima" articulación con el procesoconstituyente. Voces discordantes expte­saban la necesidad de un "orden moral"previo al desarrollo de un "orden político"

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y esto significaba la desarticulación delbinomio "violencia-política". Más allá deestas argumentaciones y confiando en lacapacidad pedagógica y pacificadora delas instituciones y de las leyes, la mayoríade los constituyentes consideró , en primerlugar, que la guerra declarada "en bene­ficio del proceso constituyente" se legiti­maba no sólo por sus causas y objetivos,sino esencialmente por sus resultados. Asu vez, la toma de las armas asociada alpronunciamiento institucional y reformu­lada en clave revolucionaria se legitimabatambién en tanto había retomado un pro­ceso político truncado por la tiranía rasis­tao Así, la guerra se articuló al discursodel Congreso como instancia fundacionalde la nación constitucional organizada.

En el marco de proclamas inrerpene­tradas por referencias "nacionales" y "loca­les", se hizo notoria la intcncionalidaddiscursiva del primer mandatario entre­rriano de lograr en sus soldados una acciónmilitar conducida por un sentido de pa­triotismo definido no sólo a través de leal­tades personales (el gobernador mili tar) ylocales (el Estado provincial), sino tambiénpor principios fraternales, en tanto referen­tes que contribuirían con la superación delos sistemas de identidades estric tamentelocales. Estos principios comenzaron a re­modelar un concepto de patriotismo quede forma lenta y progresiva empezó a ad­quirir en los discursos rasgos y sentidossuperadores de lo local. Estas nociones cí­vico-militares procedentes de la "guerravictoriosa" contribuyeron a configurar unconcepto de ciudadanía donde el serviciomilitar adquirió el doble sentido de "de­ber-derecho" y donde la "violencia" en cla­ve revolucionaria fue interpretada comouna estrategia de acción ciudadana frentea gobiernos considerados despóticos.

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Así, la "violencia" ingresó al plano dela legalidad republicana posterior a Case­ros como una atribución inherente, legí­tima y exclusiva del poder central mate­rializada en el ejército nacional (aun enproceso de formación), en las intervencio­nes federales y en las acciones militaresfrente a actores disolventes y como un de­ber y un "ineludible" compromiso "mo­ral", "cívico" e "igualitario" de cada uno delos nacionales con las leyes y las institucio­nes republicanas. En este sentido, violencia"estatal" y "no estatal'P" convivieron du­rante el proceso de configuración nacionaldesarrollado hasta 1880 y ambas se legiti­maron con argumentaciones de tipo jurí­dico y en el "compromiso" de los gobernan­tes y de los ciudadanos con las garantías deperdurabilidad de las instituciones repu­blicanas y de sus leyes.

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