Que en Cristo nuestra paz M©xico tenga vida digna

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  • Que en Cristo Nuestra PazMxico tenga Vida Digna

    Conferencia del Episcopado MexicanoMxico, 2010

    Exhortacin Pastoral del Episcopado Mexicano sobre la misin de la Iglesia en la construccin de la paz, para la vida digna del pueblo de Mxico

  • 3Que en Cristo Nuestra Paz, Mxico tenga vida dignaD. R. Conferencia del Episcopado MexicanoProlongacin Calz. de los Misterios No. 26 Col. Tepeyac - Insurgentes 07020, Mxco D. F.Tels. (55) 5781 - 8462 y 8069 - 4901, Fax. (55) 5577 - 5489Web: www.cem.org.mxEmail: webcem2@cem.org.mx1 Reimpresin, marzo 2010ISBN: En trmiteDiseo Grfico y Editorial:Departamento de Comunicacin Social de la Comisin Episcopal para la Pastoral Social/Alberto Arciniega Rossano, ngel Bernal Sarabia, Hugo Barranco PedrazaE-mail: comunicacion@ceps-caritasmexico.orgImpreso y hecho en MxicoZamora, Michoacn. 2010Todos los Derechos Reservados/Printed and made in Mexico

  • 3QUE EN CRISTO, NUESTRA PAZ,MXICO TENGA VIDA DIGNAExhortacin Pastoral del Episcopado Mexicano sobre la misin de la Iglesia en la construccin de la paz, para la vida digna del pueblo de Mxico

    INTRODUCCIN GENERAL1. La paz est con ustedes (Jn 20,19). Con el saludo de Jess Resucitado, vctima inocente, los Obispos de Mxico saludamos a todos los fieles de la Iglesia catlica y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Con esta Exhortacin Pastoral queremos compartir nuestro discernimien-to sobre la misin de la Iglesia en la realidad de inseguridad y violencia que se vive en nuestro pas y alentar la esperanza de quienes por esta ra-zn viven con miedo, con dolor e incertidumbre. La Iglesia cumple su mi-sin siguiendo los pasos de Jess y haciendo suyas sus actitudes (Cf. Mt 9,35-36); de l aprendemos la sublime leccin de anunciar el Evangelio de la paz1 con la confianza puesta en la fuerza transformadora del Amor.2. En los ltimos meses, en toda la geografa nacional, suceden hechos vio-lentos, relacionados, en numerosas ocasiones, con la delincuencia organi-zada; esta situacin se agrava da con da. Recientemente se ha sealado que una de las ciudades de la Repblica Mexicana tiene el ndice ms alto de criminalidad en el mundo. Esta situacin repercute negativamente en la vida de las personas, de las familias, de las comunidades y de la sociedad entera; afecta la economa, altera la paz pblica, siembra desconfianza en las relaciones humanas y sociales, daa la cohesin social y envenena el alma de las personas con el resentimiento, el miedo, la angustia y el deseo de venganza.

    1 Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, Documento conclusivo, No. 31. Citado en adelante: Aparecida, Documento conclusivo.

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    3. Nos acercamos a esta realidad con ojos y corazn de pastores.2 Acompa-amos en el camino de la vida a los hombres y mujeres de nuestro tiem-po y compartimos sus esperanzas, sus logros y frustraciones; por ello, al ocuparnos de los desafos que la vida social, poltica y econmica plantea a la vocacin trascendente del hombre, no lo hacemos como expertos, ni como cientficos o tcnicos, no es esa nuestra competencia; lo hacemos como intrpretes y confidentes de los anhelos de muchas personas, espe-cialmente de las ms pobres y de las que sufren por causa de la violencia.34. Nos duele profundamente la sangre que se ha derramado: la de los nios abortados, la de las mujeres asesinadas; la angustia de las vctimas de se-cuestros, asaltos y extorsiones; las prdidas de quienes han cado en la confrontacin entre las bandas, que han muerto enfrentando el poder cri-minal de la delincuencia organizada o han sido ejecutados con crueldad y frialdad inhumana. Nos interpela el dolor y la angustia, la incertidumbre y el miedo de tantas personas y lamentamos los excesos, en algunos casos, en la persecucin de los delincuentes. Nos preocupa adems, que de la in-dignacin y el coraje natural, brote en el corazn de muchos mexicanos la rabia, el odio, el rencor, el deseo de venganza y de justicia por propia mano.45. En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos de l mismo su compasin entraable ante el dolor humano; su cercana a los pobres y a los peque-os; y su fidelidad a la misin encomendada. Contemplando lo que l hizo, con la luz de su Vida y de su Palabra, queremos discernir lo que nosotros debemos hacer en las circunstancias que se viven nuestra patria.5 Nos sen-timos movidos a la compasin evanglica (Cf. Lc 10, 25-37) que nos impul-sa a acercar, a los que sufren, el consuelo de la fe, la fortaleza de la esperan-za y el blsamo de la caridad.

    2 Cf. III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Puebla, la evangelizacin en el presente y futuro de Amrica Latina, No. 14.3 Cf. III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Mensaje a los pueblos de Amrica Latina, No. 3.4 Cf. Conferencia del Episcopado Mexicano, Mensaje Les anunciamos a Jesucristo, su venida nos ha trado la Buena Noticia de la Paz, (12 de noviembre de 2009), No. 2.5 Cf. Aparecida, Documento conclusivo, No. 139.

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    6. No es la primera ocasin en la que el episcopado mexicano se ocupa de esta realidad. Hace poco ms de cuarenta aos, cuando llegaba a su fin la poca del llamado milagro mexicano6 nuestros predecesores, en su Carta Pastoral Sobre el desarrollo y la integracin del pas sealaban: Estamos llegando a un punto en que es sumamente urgente que los ciudadanos se decidan a buscar y aceptar transformaciones audaces, profundamente inno-vadoras, si no se quiere aumentar la potencia de los fuertes y la servidumbre de los dbiles, orillando a las mayoras a una reaccin violenta y empeorando el estado de injusticia que clama al cielo por la violencia que se ejerce sobre la dignidad de las personas.77. Ahora, ante la necesidad de discernir los desafos que este crculo vicioso de inseguridad y violencia presenta a la misin de la Iglesia y que tiene que ver tambin con la situacin de pobreza y desigualdad que se vive en nuestro pas, acogemos la oportuna enseanza del Santo Padre Benedic-to XVI que nos invita promover, con la caridad en la verdad, el autntico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad.8 En este horizonte, asumimos la Misin Continental a la que hemos convocado a la Iglesia en Mxico, en el espritu del acontecimiento de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe9; sta, nos exige fortalecer en todos los fieles de la Iglesia su condicin de discpulos misioneros al ser-vicio de la construccin de la paz para la vida digna del pueblo de Mxico.

    6 Se conoce como la poca del milagro mexicano al perodo de la historia contempornea de nuestro pas, transcurrido aproximadamente entre 1940 y 1971, y que se caracteriz por la aplicacin de una serie de reformas econmicas y sociales por parte del Estado, para desarrollar el mercado interno y la industria. Su mxima expresin fue el desarrollo econmico estabilizador. 7 Conferencia del Episcopado Mexicano, Carta Pastoral Sobre el Desarrollo e Integracin del Pas, (1968), I, 4.8 Cf. Benedicto XVI, Carta encclica Caritas in veritate, No. 1 La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizada en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, asumi el compromiso de una Misin en todo el continente: Necesitamos desarrollar la dimensin misionera de la vida en Cristo. La Iglesia necesita una fuerte conmocin que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del Continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un pode-roso centro de irradiacin de la vida en Cristo.. Aparecida, Documento conclusivo, No. 362

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    8. Al acercarnos a esta compleja realidad, no perdemos de vista las grandes ri-quezas del pueblo mexicano, por las que bendecimos y agradecemos a Dios. Somos un pueblo de tradiciones con profundas races cristianas, amante de la paz, solidario, que sabe encontrar en medio de las situaciones difciles razones para la esperanza y la alegra y lo expresa en su gusto por la fiesta, por la convivencia y en el gran valor que da a la vida familiar. Precisamente, porque sabemos que la raz de la cultura mexicana es fecunda y porque re-conocemos en ella la obra buena que Dios ha realizado en nuestro pueblo a lo largo de su historia, hoy queremos alentar en todos la esperanza.9. Para ello nos serviremos del mtodo ver, juzgar y actuar. Este mtodo nos per-mite articular, de modo ordenado, la perspectiva creyente de ver la realidad, con criterios que provienen de la fe y de la razn para discernirla y valorarla con sentido crtico y, proyectar el compromiso de los discpulos misioneros de Jesucristo.10 Queremos as, clarificar y proponer la misin de la Iglesia en la construccin de la paz para que en Cristo, Mxico tenga vida digna. Com-partimos con sencillez y humildad esta reflexin y de igual manera ofrecemos nuestra disposicin a colaborar en esta tarea, con los hombres y mujeres de buena voluntad comprometidos en formar una sociedad responsable y con quienes sirven a la nacin en el ejercicio honesto de la autoridad pblica.

    I. LA INSEGURIDAD Y LA VIOLENCIA EN MXICO

    INTRODUCCIN10. En Mxico, al igual que en varios pases de Amrica Latina y del Caribe, se est deteriorando, en la vida social, la convivencia armnica y pacfica. Esto sucede por el crecimiento de la violencia, que se manifiesta en ro-bos, asaltos, secuestros, y lo que es ms grave, en asesinatos que cada da destruyen ms vidas humanas y llenan de dolor a las familias y a la socie-

    10 Cf. Ibd., No. 19.

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    dad entera.11 No se trata de hechos aislados o infrecuentes, sino de una situacin que se ha vuelto habitual, estructural, que tiene distintas mani-festaciones y en la que participan diversos agentes; se ha convertido en un signo de nuestro tiempo que debemos discernir para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jess, que vino para que todos tengan vida y la tengan en plenitud (Cf. Jn 10,10).121